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George Corones, de 99 años, batió el récord mundial en los 50 metros estilo libre.
George Corones, de 99 años, batió el récord mundial en los 50 metros estilo libre. Facebook Australian Dolphins

Veteranos

140 años bajando la basura

Por casualidad o más bien por curiosidad, hace algunas semanas cayó en mis manos el libro de María Blasco y Mónica Salomone “Morir joven a los 140”. Como soy de natural asustadizo y no tenía idea de vivir tanto tiempo, se me abrió un mundo de incógnitas.

María Blasco pertenece a ese escaso grupo de científicos españoles reputados fuera de España, un grupo quizá menor que el de futbolistas, y desde hace varios años dirige el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Importante para nuestra tranquilidad saber que hay alguien detrás investigando en cáncer. Mejor no saber cuánto presupuesto dedicamos a ello.

La cosa es que María y otros grupos de científicos de todo el mundo llevan algunos años investigando el envejecimiento. Siempre se dijo que nos morimos de viejos y ahora no está tan claro si lo que pasa es que al hacernos viejos cogemos enfermedades que acaban llevándonos al otro barrio. La duda biológica es: ¿hay algo en nuestro diseño celular que suponga la caducidad de nuestro mecanismo a digamos los cien, ciento y pico años? ¿O por el contrario podemos plantearnos vivir 507 como la almeja Ming, el animal más longevo del que se tiene registro o como Matusalem, un pino que pasea su palmito en California desde hace 4.841 años?

María y su grupo han cogido el camino de investigar los telómeros y la telomerasa. Mal contado, los telómeros son como los brazos de los genes y parece demostrado que con la edad se van quedando más cortos. La telomerasa es la responsable del alargamiento de los telómeros. La ecuación es teóricamente sencilla, si alargamos los telomeros viviremos más años. Si bien es cierto que las ecuaciones en ciencia nunca son sencillas, está claro que hay mucho interés en todo el mundo por estas investigaciones y mucho esfuerzo (me refiero a euros) porque las recompensas podrían ser también grandes.

Estamos hablando como se deduce fácilmente del titulo del libro, de vivir 140 años con calidad de vida. No en un estado de eterna juventud, pero sí con el ralentizamiento suficiente del envejecimiento y sus consecuencias para poder llevar una vida activa y saludable. Poca gracia tendría llegar a los 122 años de la francesa Jeanne Calment, una señora estupenda que practicó la esgrima hasta los 85, montó en bici hasta los 100 y no dejó de fumar hasta los 117, para acabar como ella en una silla de ruedas y con cierto grado de dependencia como no es difícil imaginar.

Pero más allá de la cuestión física, que parece en vías de solución, mis dudas están en cuestiones mucho más domésticas. 140 años son más de 50.000 días. Muchos días y muchas horas. Mucho tiempo para rellenar. Sin prisa. Pero sin sorpresas, intuyo. No hay cosas como las que se hacen por primera vez. Ya sea la primera vez que se va a Roma, que se conduce un Aston Martin o que se entra en el Bernabéu. Para cada uno será distinto estadio, ciudad o coche, pero la misma sensación de vida. Y con 140 años, ¿qué podrá sorprendernos?

No sé. Tácheseme de pesimista pero no me veo 120 años seguidos yendo al Bernabéu y mucho menos bajando la basura.

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