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Luis Arribas
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Entrevistas

24 horas andando frente a la desgracia

El día de los Difuntos, el escritor Luis Arribas simulará una huida de 24 horas a pie desde el centro de Madrid para ponerse en la piel de todos esos sitios en los que “correr o caminar son la única capacidad de sobrevivir”.

Si no fuese por la locura, no habría relatos como éste. Ni días inolvidables. Ni personajes como éste, Luis Arribas (Madrid, 1970), al que conocí corriendo antes de que fuese demasiado tarde. Él fue el mismo hombre que un día me hizo saber que “las piernas son como los perros: viven pendientes de los caprichos del cerebro”. Un hombre que entonces ya superaba los 100 maratones. Un tipo que ya había levantado el pie del acelerador y en el que, sin embargo, el misterio aún pisaba fuerte.

La primera vez que hablamos en profundidad me echó en cara que no le hubiese preguntado si estuvo en el estadio Vallehermoso el día en el que Harris batió a Edwin Moses. Le puso hasta fecha a ese día, el 4 de junio de 1987, con lo que di por hecho que él sí estuvo allí. Él, el mismo hombre cuyo usuario en Twitter (@spanjaard) nació “como adjetivo de una larga emigración”, en Ámsterdam en sus años de rebeldía. “Creo que mi cabeza es una biblioteca gestionada por un enorme demente que no sabe parar quieto. Existe, además, un riesgo gigantesco cuando corres: la circulación sanguínea lo remueve todo. El cerebro, a poco que lo alimentes con un trote, se fija el doble, deduce el doble, descoloca los cajones del recuerdo a toda velocidad. Correr te recuerda lo impecable que es el tiempo”.

Así que entenderán mi incapacidad de olvidar a este hombre, columnista, escritor, amante, por encima de todo, de la palabra escrita. Entonces el cerebro sólo tiene una orden, la de ser valiente, la de reflejar su propia personalidad o la de no atreverse a olvidar lo que fuimos ni lo que queremos ser. La de producir también ideas gigantescas como la de este correo electrónico suyo que recibí hace días después de varios años. En el primer párrafo se metía en casa sin avisar. Te decía a la cara lo que tantas veces vivimos a partir del kilómetro 35 del maratón. Pero de una manera más abundante e importante. “Mientras el mundo gira hay miles de seres humanos que se ven forzados a huir de sus hogares o de lo que queda de ellos. Guerras, fuego, catástrofes climáticas o la pobreza absoluta hacen que gente de todas las edades escape. Y lo hace sin más medios que sus fuerzas”. Y lo escribió como si fuese la letra de una de esas canciones que le dejan a uno marcado. Pero la diferencia es que  él sigue jugando contra pronóstico, incapaz de gritar por qué sin buscar una solución. “Quizá tuve la suerte de ser de los últimos en las clasificaciones durante mucho tiempo. Eso me blindó de muchos comportamientos”.

Por eso era imposible que ese correo se encerrase en un solo párrafo, en esas tres o cuatro frases. El 31 de octubre, el día de los difuntos, a partir de las 21 horas, Luis Arribas rendirá lo que él llama “un silencioso homenaje a pie” a esas personas que pudimos ser nosotros, “los desplazados de todo el mundo”. Simulará “una huida en línea recta desde el centro de Madrid” con la única ayuda de sus fuerzas. Su forma de ponerse en la piel de los demás no será un discurso en televisión o un conmovedor artículo en cualquier periódico, “sino esta huida a pie durante 24 horas sin parar a lo largo de una vieja ruta peninsular: la carretera desde Madrid hasta el norte. Antiguo Camino Viejo de Francia, carretera N-1 o Autovía A-1, la misma ruta que ha visto entrar y salir millares de personas en las condiciones más adversas”.

Su objetivo esta vez no es traspasar la meta ni la titánica lucha con el reloj, en la que le conocí cuando éramos más jóvenes, sino algo tal vez más valioso que aquellos años que recordamos con tanto cariño. “Quiero recordar que las fuerzas del ser humano son maravillosas y casi inagotables. Pero que la mayoría de ocasiones que tiene para demostrarlo derivan de las injusticias y las guerras, en definitiva de la propia cara oscura del ser humano”. Y como me pareció tan extraordinario que alguien se atreva a escribir esto, y a demostrarlo con su propio esfuerzo, quedándose una noche sin dormir, aquí me tienen explicando esta aventura del hombre que aquella vez me hizo saber que “las piernas son como los perros”. No imaginaba entonces el fin último de esta experiencia que él va a emprender el 31 de octubre antes de empezar la noche de Halloween. “Caminar o correr son a veces la única capacidad de sobrevivir”. De ahí que la siguiente capacidad sea la de demostrarlo como va a hacer Luis Arribas, solo o acompañado, como si volviesemos a esos años de rebeldía qué tal vez nunca se fueron. “Todos somos potencialmente unas buenas piezas”, insiste hoy, a los 48 años, padre de gemelos y propietario de ideas que, ya lo han visto, nos devuelven al principio.

Nota: Se podrá seguir en Twitter con el hashtag #largahuida y los horarios serán públicos y abiertos a quien desee acompañarle en algún tramo.

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