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Messi intenta controlar un balón en presencia de Sergio Ramo y Courtois. EFE

Liga Santander

Sólo fútbol

El Real Madrid dominó y jugó mejor, pero le faltaron uñas. El Barcelona sólo habló en boca de Messi.

La primera reflexión es un lamento. Tengo la impresión de que todo terminó cuando estaba a punto de empezar. Qué fantástica hubiera sido una prórroga de lenguas fuera y medias caídas. Me pregunto, por cierto, quién decidió que los partidos duraran 90 minutos y no 100, que es un número redondo que abarca el territorio de los calambres y las extenuaciones. Me quedé con ganas de más, no sé si nota. Me entretuvo sobremanera el partido y creo que según transcurrieron los minutos mi atención creció ante la ausencia de distracciones exteriores. Lo que se nos ofrecía era una enorme ración de fútbol sin apenas cocinar, como esos chuletones lujuriosos a los que uno no sabe si hincar el diente o hacer el amor. Ni el ambiente, ni el árbitro, ni por extensión el VAR, tuvieron influencia en el marcador, aunque no faltarán los entomólogos de la polémica.

No descubro nada si afirmo que fue mejor el Real Madrid. Dominó como si tuviera la razón, como si fuera dueño del estadio y de la pancarta. Controló el juego, encogió al Barça y, muy probablemente, apaciguó el tsunami. Si le faltó el gol es porque no lo tiene o, para ser amable, porque no le sobra. La alternativa de colgar balones al área no funcionó porque el equipo no cuenta con cabeceadores competentes. Tampoco la zurda de Mendy es el brazo de Picasso. Por su banda encontró el Madrid las mejores escapatorias y las peores soluciones.

Sin opciones de explotar los costados (Carvajal no se prodigó), la opción de penetrar por dentro se convirtió en un acertijo endiablado: cómo hacer una pared con Benzema y que te la responda él mismo.

Si conseguimos evadirnos del gol y sus proximidades (amor sin sexo), el Real Madrid completó un partido excelente en la colocación y en la disposición. Con Kroos, Valverde, Casemiro e Isco, ganó la batalla del mediocampo rival (Sergi Roberto, Rakitic y De Jong), robó balones para llenar un carguero y movió la pelota como indican los manuales de las buenas maneras. Así una y otra vez, hasta que las jugadas se perdían en la cabeza de Piqué, y entonces vuelta a empezar, con el ánimo intacto y el Camp Nou atónito.

El niño Valverde, descendiente directo del correcaminos, tuvo las mejores oportunidades con dos disparos desde fuera del área, violentísimos por la potencia e inauditos por la dificultad. La distancia de los impactos indica perfectamente lo alejado que estaba el Madrid del gol.

El sometimiento del Barcelona sólo se interrumpía cuando Messi se hacía con la pelota. Entonces, el campo se inclinaba a su favor y el miedo cambiaba de bando. Sucedió un par de veces en la primera parte, aunque fueron suficientes para que el Madrid sintiera la angustia de su dominio infructuoso. Quien perdona, lo paga, musitaban los madridistas del mundo.

En la segunda mitad el Barça mejoró ligeramente, pero no lo bastante como para adueñarse del encuentro. El Madrid, con una tenacidad conmovedora, seguía empeñado en cortar la soga con un cuchillo de postre.

De Bale toca destacar que asomó varias veces en el área propia como defensor de Jordi Alba; también tuvo en su zurda el gol que no llegó. De Griezmann conviene reseñar que fue sustituido justo cuando era el mejor futbolista de su equipo.

Tampoco deberíamos pasar por alto que Messi falló un remate relativamente claro; incluso peor que eso: golpeó mal la pelota, no como si fuera torpe, sino como si fuera humano.

Y así se nos esfumó el encuentro, con una lluvia de pelotas amarillas en el minuto 55 y que provocaron la mínima interrupción de los balones que se cuelan al campo desde otro patio. Había demasiado fútbol sobre el campo como para detenerse en algo tan prosaico como la vida.

La última reflexión es que en la tarde más amenazante de los últimos tiempos nada interrumpió al fútbol. Y eso vale más que un gol. 

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

3 Comments

3 Comments

  1. Jules

    18/12/2019 at 23:39

    No pasa nada por decir que hay dos penaltis en el área del Barça. No sé por qué el artículo lo omite, la descripción del partido (partidazo, en mi opinión) sería igual de acertada

  2. J

    19/12/2019 at 17:55

    Yo no sé qué partido vio la prensa deportiva española. Uno muy diferente al que vi yo. Yo vi un partido bastante flojo, sin dominador claro en el que a los puntos quizås fue mejor el Madrid, pero de forma ligerîsma. Qué empeño en darle valor a un tostøn. Me pregunto por qué. Miento. No me lo pregunto. Todo sea por el Madrid y el Barcelona. Cada jornada hay 5 o 6 partidos mejores que el que se vio ayer entre estos dos fascismos.

  3. Juanma Jiménez

    23/12/2019 at 10:45

    «Ni el VAR tuvo influencia en el marcador» (SIC) (Emoji de carita sonrojada)

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