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Baloncesto

A hombros de gigantes

Muchos de los mensajes de felicitación que recibió Doncic por ser reconocido como el Rookie del Año procedían de sus compañeros del Real Madrid.

Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”.
Sir Isaac Newton (1643-1727)

El pasado 24 de junio se otorgaron los galardones a los protagonistas más destacados de la recién terminada temporada de la NBA. Entre ellos figuraba Luka Doncic como mejor debutante (Rookie), premio obtenido casi por unanimidad entre los votantes —de 100 votantes 98 le eligieron en primer lugar y los dos restantes en segundo lugar—, lo que provocó un alud de mensajes de felicitación para el esloveno en las redes sociales.

Muchos de esos mensajes procedían de sus excompañeros de la sección de baloncesto del Real Madrid dónde, además de mostrar su sincera felicidad por el premio otorgado al joven, expresaban su admiración por el desempeño que está teniendo Luka en una competición tan exigente, pese a que algunos de ellos, ya veteranos, han alcanzado los más grandes éxitos que se puedan conseguir a nivel de competiciones FIBA en el deporte de la canasta.

No es nada que nos deba sorprender. El ir y venir de mensajes de admiración, felicidad en la victoria y pesadumbre en la derrota, cruzando el charco en ambos sentidos, ha sido una constante durante toda la temporada en la que, como mosqueteros redivivos, han hecho valer más que nunca el lema que nos dejara Alejandro Dumas en su magnífica novela: “Uno para todos, todos para uno”.

Y es que esta sección deportiva del Real Madrid tiene un carácter especial, diría que único, que ha acabado por enamorar al amante del baloncesto en general y al madridismo en particular, llevando hasta el límite la personificación del significado del término equipo, plasmando en el mundo del balón naranja una verdad que en su día nos regaló Don Alfredo Di Stéfano para el fútbol: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”. Fiel a esta seña de identidad, aún retumba el eco de las palabras del Facu Campazzo en el Palau Blaugrana tras conseguir el título de la Liga ACB: “Esto es el Real Madrid. Aquí se mueren los egos y todos remamos hacia el mismo lugar”. Es una frase, una consigna de tal contundencia que, emulando al emblemático This is Anfield que adorna la salida al terreno de juego del legendario estadio de Liverpool, define como ninguna otra lo que es el Real Madrid y debería estar grabada en todas y cada una de las esquinas de Valdebebas.

Si la frase de Don Alfredo era pertinente, no menos lo es la famosa cita que nos legó Sir Isaac Newton: “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”. En una carta a Robert Hooke, Newton hacía mención a sus predecesores: Copérnico, Galileo y Kepler, aludiendo a ellos como los gigantes sobre cuyos hombros se había apoyado para poder llegar tan lejos en el conocimiento del mundo natural. La cita en sí cobra mayor relevancia si cabe, engrandeciendo la figura del propio Newton, pues es bien sabido que éste era un ególatra sin parangón —no en vano, parece ser que murió virgen porque asumía que un ser de tamaña perfección debía ser entregado al Señor sin mácula alguna, sin el menor rastro de vicio o pecado—.

Esto viene a colación porque si alguien sabe de la importancia de sus compañeros en el despegue de su meteórica carrera es el propio Luka. Nunca hubiera llegado tan lejos de no haberse apoyado en hombros de un equipo de gigantes (valga la acepción literal y la figurada), como lo ha sido la sección de baloncesto del Real Madrid durante esta última exitosa etapa, y así lo ha expresado en multitud de ocasiones con mensajes de agradecimiento.

Entre los mensajes enviados hay uno especial, el de Pablo Laso, que le insta a continuar deleitando al público con esa perpetua sonrisa de niño que se divierte con sus amigos en la pista del barrio. Pablo Laso, a quien vimos abroncar muchas veces al niño que, al contrario que Oscar Matzerath en El Tambor de Hojalata, quería crecer lo más rápido posible, ha hecho patente el refrán: “Quién bien te quiere te hará llorar”; porque a menudo, como bien nos decían nuestros padres, el proceso de aprendizaje es duro, pero es esa misma exigencia la que nos impulsará para alcanzar la meta y conseguir los objetivos que nos propongamos.

En el mismo sentido se manifestaba una apesadumbrada Marta Vieira da Silva, que días antes se había convertido en la máxima goleadora histórica de los Mundiales de fútbol femenino, al caer eliminada Brasil frente al combinado francés; Marta exhortó a las niñas, en un discurso repleto de épica y dignidad, a esforzarse, llegando al llanto si es preciso, en la lucha por mantener el estatus que ha alcanzado el futbol femenino, pues es el único camino posible para poder sonreír al final una vez cumplidos los objetivos y alcanzadas las metas.

Es posible que algún día Luka Doncic llegue a conseguir el MVP de la NBA o no, aunque poco importa; verle desenvolverse con la naturalidad, la alegría y la modestia que lo hace, en un mundo inundado de ego, con esa lucidez de los que se saben elegidos para la gloria, demuestra que estamos ante la irrupción de un genio. En cualquier caso casi nadie duda ya de que, al igual que Marta, Luka llegará a convertirse en un gigante sobre cuyos hombros se subirán los niños y niñas de hoy en día que sueñan con balones naranjas, futuros gigantes del mañana, para alcanzar a tocar las estrellas del cielo prometido, para ver lejos, muy lejos, más lejos de dónde sus predecesores pudieron ver. Es el ciclo de la vida: el aprendizaje, la superación y la excelencia, que no cesa.

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