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Fútbol

Adrián San Miguel da al Liverpool la Supercopa

El duelo británico fue resuelto por dos porteros españoles. Las paradas de Kepa y Adrián alargaron la final hasta los penaltis. Ahí se impuso el andaluz, un recién llegado, para dar un nuevo título al Liverpool.

120 minutos y 10 penaltis después  el Liverpool ganó la Supercopa de Europa con una destacada actuación de Adrián San Miguel. Su parada inextremis, con la bota derecha, en el último penalti de la tanda encumbra al portero andaluz que llegó a Anfield hace dos semanas. Desde entonces su vida ha dado varios giros de 360º hasta convertirse en el héroe de la victoria. Ya durante el encuentro su duelo con Kepa Arrizabalaga se había convertido en uno de los atractivos de la final. Se había adelantado el Chelsea con un gol de Giroud, pero el Liverpool puso el modo remontada, una vez más, con dos goles de Mané. El Chelsea de Frank Lampard resistió de pie hasta el final, gracias a la juventud de una cantera destapada por la sanción de la FIFA. Jorginho puso el empate para alargar la final hasta la prórroga. Klopp ya tiene un nuevo título, el Liverpool es supercampeón de Europa.

Arrancó el Liverpool con la inercia de sentirse favorito, de acudir a la cita portando la Orejona, de volver al lugar donde fue tan feliz. Aupado por ese viento se elevó a los cinco minutos Sadio Mané para dejar por primera vez su impronta. La chilena no fue más que fuegos de artificio, pero habla también de la confianza que rezuman los chicos de Klopp, y no hay arma más poderosa en una final. Los focos pasaron del senegalés a la francesa Frappart. La primera colegiada que ha arbitrado una final de Supercopa de Europa tuvo que decidir a los cinco minutos si ese balón de Mané estrellado en los brazos de Christensen era penalti. Dijo que no.

Si el Liverpool no se adelantó en el marcador fue gracias a Kepa. Rapidísimo, el portero vasco solventó la ocasión más clara de los reds con un brazo tenso y raso con el que negó el gol a Salah. El egipcio había detectado ya el eslabón más débil de la defensa blue, situado a la espalda de Zouma y el italo-brasileño Emerson Palmeri. A la carrera de Mohamed le siguió un exquisito golpeo con el exterior que leyó antes que nadie el ex portero del Athletic Club. El Chelsea resoplaba, mientras Kanté y Jorginho intentaban sofocar el fuego.

La luz la empezó a ver el Chelsea a través del centrocampista francés. Lampard nos ha devuelto a ese box to box que sobresalió en Caen, capaz de robar, pero también de correr, conducir el balón y llegar a las inmediaciones del área. De su conexión con Pedro llegaron las jugadas más eléctricas de los londinenses. Hombre de finales y partidos importantes, el canario avisó con un disparo al travesaño desviado por Adrián San Miguel; nadie estuvo más rápido y más vivo que él durante los primeros 45 minutos. Tanto en el disparo como en el pase, como en esa asistencia que regaló a Kovacic a la media hora y que el croata no supo resolver. De nuevo el recién fichado Adrián salvaba la papeleta a los reds.

A la siguiente fue la vencida. Todo comenzó, cómo no, en un robo de Ngolo Kanté y lo que siguió fue un baile de diagonales invertidas. Fuera-dentro de Pulisic. Dentro-fuera de Giroud. El galo encontró al estadounidense, que arrastró a toda la defensa del Liverpool para asestar un pase a la espalda de Matip, a los territorios que exploraba Giroud, alejándose de la pelota. El esférico terminó en sus pies y su definición al palo largo nos habla de su clase y de su buena lectura de los espacios, por más que muchos le sigan viendo como un magnífico hombre boya o un excelente reboteador.

Mucho más que todo eso proyecta Pulisic. El sustituto de Eden Hazard en Stamford Brigde resulta una fotocopia de ese belga que llegó a Londres en 2012. Solo hay que ver su desparpajo con el balón, sus arrancadas partiendo desde la izquierda y su disparo desde la frontal para pensar que los blues han acertado con el relevo. De hecho, solo la asistente evitó que el 2-0 llevara su firma. Todo había arrancado de un fuera de juego del estadounidense.

Dos minutos y doce segundos tardó Firmino en organizar el ataque red y nivelar la final. Fue el tiempo que necesitó el delantero brasileño tras ingresar en el terreno de juego por Oxlade-Chamberlain para cazar un balón en el área y, con su visión de juego y generosidad habitual, cedérsela a Mané para que el senegalés pusiera la igualada. A punto estuvo de evitarlo Kepa pero la inercia se había invertido. Para entonces no caía ni una gota sobre Estambul y sin embargo el Chelsea estaba calado hasta los huesos. La memoria viajó a aquel mayo de 2005 cuando el chaparrón lo sufrió el todopoderoso Milán de Kaká, Shevchenko y compañía. Una vez más, 14 años después, el Liverpool había activado el modo remontada.

Para evitarlo tuvo que hacer milagros Kepa. Como en esa doble intervención que despejó, en primera instancia, el disparo a bocajarro de Salah y luego consiguió desviar el rechace que cayó a pies de Van Dijk. El travesaño hizo el resto. El desenlace debía esperar. Para entonces el ritmo ya había bajado y el Chelsea empezaba a acusar la falta de profundidad de banquillo, también  la sanción de la FIFA. Era el mundo al revés, Lampard tenía que tirar de canteranos —Mason Mount y Abraham, en concreto— para dar un respiro a los fatigados Giroud y Pulisic.

La prórroga para el Chelsea ya era una pequeña victoria. Que el Liverpool se adelantara a los cinco minutos gracias a la conexión Firmino-Mané no alteró el rictus de los de Londres. El remate de primeras del senegalés se coló por toda la escuadra de Kepa, imposible para él. Pero apenas cuatro minutos después Abraham se inventaba un penalti en una impetuosa salida de Adrián. Jorginho, con una tranquilidad pasmosa, ponía la igualada para aumentar la emoción en el tiempo extra. Y no se frenó ahí el Chelsea, Abraham con el descaro propio de los 20 años tuvo en sus botas el 2-3 pero su remate se marchó fuera por milímetros. Luego fue Mason Mount el que obligó a Adrián a un vuelo sin motor. Incluso Pedro acarició su gol, el de todas las finales; aupado por la juventud, el Chelsea terminaba más fresco.

El duelo británico lo resolverían dos españoles. Kepa Arrizabalaga y Adrián San Miguel tenían el destino de la Supercopa en sus manos. El mérito del equipo de Lampard era haber estirado la final hasta ese punto con el todopoderoso Liverpool enfrente. Ninguno de los ocho primeros lanzadores erró el disparo. Mención especial para Mount, capaz con 19 años de clavar el penalti en la escuadra. El noveno era Salah, quien tampoco falló. Peor suerte corrió Tammy Abraham, quien tras vérselas con Van Dijk en el último tramo del duelo y ser un quebradero de cabeza para la zaga red, no supo resolver en el momento decisivo. Su lanzamiento raso y por el centro, intentando engañar así a Adrián no consiguió su objetivo. El guardameta español ha hecho olvidar a Allison en un parpadeo. Nadie echó de menos al portero titular de la Canarinha. La era Klopp en Liverpool suma y sigue con su segundo trofeo. Los agnósticos cada vez son menos.

 

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