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Real Madrid

El día que el Ajax conquistó el Bernabéu

La victoria de aquel Ajax entrenado por Louis Van Gaal dejó un recuerdo imborrable en el Bernabéu. Los de Amsterdam terminaron ovacionados. Nadie les seguía entonces el paso.

Aquella noche el Real Madrid conoció la lejanía. La distancia que le separaba de los más grandes y el camino que quedaba por recorrer. Fue un 22 de noviembre de 1995. Esa noche el campeón de Europa rendía visita al Santiago Bernabéu y su paso dejaría un recuerdo imborrable. También pesadillas en más de uno. Aquel Ajax dirigido por Louis Van Gaal era un vendaval de fútbol, un catálogo de juventud y descaro, una coreografía de triangulaciones perfectas. El recital de los de Amsterdam no se reflejó con toda su crudeza en el marcador, entre goles fantasmas y anulados a los holandeses por la tecnología Pre-VAR. Pese a todo el 0-2 fue un sopapo de realidad para el equipo entrenado entonces por Jorge Valdano y una de las mejores actuaciones de cualquier visitante que se recuerdan en Chamartín.

Aquel Ajax había perdido a dos piezas fundamentales del engranaje con el que solo unos meses antes conquistó el viejo continente. El veterano capitán, Frank Rijkaard, había colgado las botas tras levantar la Orejona, mientras que el despliegue físico y la calidad de Clarence Seedorf había volado hasta la Serie A italiana. La Sampdoria desembolsó más de tres millones y medio de euros (600 millones de pesetas de la época) para hacerse con el pulmón del último campeón de Europa. En cualquier caso no era la primera vez que Van Gaal tenía que reemplazar piezas aunque para entonces el conjunto estaba muy por encima de las individualidades. Y la política de jóvenes canteranos que el técnico holandés había promocionado desde De Toekomst (El Futuro, en holandés) ya se había consolidado en el primer equipo.

 


La gestación de una máquina


A principios de los 90 el fútbol vivía los rescoldos de la agitación provocada por Arrigo Sacchi y paladeaba la ascensión del Dream Team de Johan Cruyff. En ese tiempo se estaba gestando el siguiente eslabón del fútbol moderno, quizá la primera piedra de lo que sería el fútbol en el siglo XXI. Ocurrió a orillas del río Amstel que baña el sureste de la ciudad conocida popularmente como la ‘Venecia del Norte’. Allí llegó Van Gaal en 1987 para hacerse cargo de la coordinación de la cantera, detalle no menor, días después de haber colgado las botas. Tras convertirse en segundo entrenador y demostrando ya la misma personalidad que le acompañaría durante su carrera en los banquillos, la oportunidad le llegó en 1991. Leo Beenhakker acababa de fichar por el Real Madrid y Louis era el elegido para comandar el Ajax.

Eran tiempos duros en el antiguo estadio De Meer. En la Eredivisie el PSV de Guus Hiddink y Romario se mostraba imbatible y los resultados no acompañaban al equipo entrenado por Van Gaal. Lejos de la excelencia, aquel equipo sobrevivía con los destellos de calidad de Bergkamp (que había dicho que NO al Madrid de Mendoza después de que Cruyff le recomendara que no era un buen destino para crecer) y sus goles. Denis fue pichichi empatado a goles (25) con Romario en la 90-91. Aunque el torneo que dio una vida extra a Van Gaal fue la Copa de la UEFA. Los Ajacied fueron pasando eliminatorias hasta que se plantaron en la final frente al Torino, entonces disputada a doble partido. Los de Van Gaal no consiguieron ganar ni en Italia (2-2) ni en Amsterdam (0-0), pero el valor doble de los goles conseguidos fuera de casa les llevó a la gloria. Tras cinco años de sequía, el Ajax volvía a levantar un título europeo.

Aquel fue el espaldarazo definitivo al proyecto de Van Gaal, quien solicitó tiempo a los dirigentes para llevar a cabo la revolución que se estaba gestando en De Toekomst, la ciudad deportiva del Ajax. La propuesta se radicalizó en la 92-93 y Van Gaal comenzaba a apuntalar los primeros trazos del Team Building (como se le denominó en los Países Bajos). Se instauró de manera definitiva el 3-4-3 como patrón de juego, los jugadores empezaron a ocupar varias posiciones en el terreno de juego y la polivalencia de todas sus piezas era la principal virtud de aquel equipo. Los resultados, pese a todo no terminaban de acompañar al Ajax en la competición doméstica, aunque ese año levantó la Supercopa y la Copa holandesa.

Todas las buenas sensaciones y la admiración que había despertado ese equipo en los Países Bajos se confirmaron la siguiente temporada. No se resintió el conjunto de Amsterdam de dos bajas significativas. La estrella y máximo goleador de las dos últimas temporadas Denis Bergkamp se marchó al Inter por 1.500 millones de pesetas de la época y Van Gaal subió a un imberbe Patrick Kluivert de 17 primaveras para reemplazarlo. El mismo rumbo tomó el centrocampista Wim Jonk, otro de los pilares del equipo hasta entonces. Fue el momento decisivo para dar la alternativa a la nueva camada de jóvenes que deberían tomar las riendas del equipo: Van der Sar, Reizeger, Bogarde, Edgar Davids, Clareance Seedorf o el ya mencionado Kluivert. Junto a ellos los hermanos De Boer (Frank y Ronald) y los acertados fichajes de Overmars, el finlandés Jari Litmanen o los nigerianos Nwankwo Kanu y Finidi George estaban a punto de redondear un equipo histórico.

Tras ganar la Eredivisie (93/94) el Ajax se estrenaría en la remozada Copa de Europa, solo dos años después de la llegada de la Champions League. La llegada de Frank Rijkaard, para apurar los últimos sorbos de fútbol en el club donde se inició, dio al equipo el poso necesario para competir por cotas mayores. En el momento en el que llegan a la máxima competición europea la máquina está perfectamente engrasada y todos conocen su función. El Ajax resulta imparable y ese año (94/95) repetirá título de la Eredivisie, donde se pasea sin perder un solo partido (27 ganados, 7 empatados y 106 goles a favor). El viejo continente no es una excepción y en Viena, en mayo de 1995 coronaran una Champions de ensueño donde tampoco conocen la derrota y dejan varios partidos para el recuerdo, con la vuelta de semifinales ante el Bayern de Munich (5-2) como obra cumbre. La Orejona la levantan ante el Milan de Capello, vigente campeón y al que conocen muy bien después de haberse visto las caras tres veces en la competición ese año, todas con saldo favorable a los Ajacied.

 


Fútbol total en Chamartín


Así llegaron al Bernabéu, como vigentes campeones de Europa y sin mancha alguna en su currículum también en la nueva temporada. En Madrid aterrizaron invictos. Ni siquiera las bajas consiguieron mermar a aquel equipo que había estrenado la corona continental frente al Real Madrid en el estadio Olímpico de Amsterdam en septiembre de 1995. Los de Van Gaal se impusieron 1-0 (gol de Overmars) en lo que supuso, como dato curioso, el debut de Raúl en la Champions League. Dos meses y medio después el equipo dirigido por Valdano no había disipado ninguna de las dudas que se vislumbraban en aquel inicio de temporada. El equipo quería el balón y ser protagonista, pero Redondo se quedaba habitualmente muy solo en el centro del campo cuando no encontraba a Laudrup para acelerar la jugada. En demasiadas ocasiones, la suerte de aquel equipo quedaba a la inspiración de Zamorano o la irrupción fulgurante de Raúl.

Valdano intentaba convencer a los suyos desde la palabra: “Individualmente mis jugadores son superiores, pero para ganarles tendremos que ser más atrevidos”, y desde el recuerdo del último Trofeo Santiago Bernabéu, que la victoria era posible. En los últimos días de agosto de 1995 el Ajax ya había visitado el Santiago Bernabéu. Entonces el recital duró media hora y no causó daños colaterales al Madrid. Los blancos se recompusieron en la segunda mitad y terminaron ganando por 1-0 para llevarse su trofeo estival. Los jugadores confiaban en el miedo escénico que siempre provocaba el Bernabéu en las grandes noches europeas para ganar y ponerse como primeros del grupo D. Para eso había que marcar dos goles, pero en el vestuario blanco lo veían posible: “Oye, que les podemos ganar, allí les quitamos la posesión del balón y su gente se pasó toda la segunda mitad pidiendo la hora”, reflejaban varios periódicos de la época.

Pero a la hora de la verdad, nada salió como se esperaba. El Ajax no acusó en exceso la baja de Frank de Boer en el eje de la zaga, tampoco se dejó intimidar por el coliseo blanco. Así arrancaba su crónica Enrique Ortego en el ABC: “El Bernabéu se rindió ayer ante un campeón de Europa que ejerce su hegemonía en cada minuto de partido. Anoche destrozó al equipo de Valdano y si su victoria no alcanzó la categoría de escandalosa se debe a la actuación arbitral, la mala suerte encubierta en larguero y los propios errores ante la meta de Buyo”. Ortego tituló aquel artículo como Cátedra del Ajax en el Bernabéu. Santiago Segurola se decantó en El País por Imperial Ajax. Revisionando el partido no se puede decir que exageraran. Antes de los diez minutos de partido, los holandeses ya habían dado un par de avisos. El tercero parecía definitivo. Kluivert en escorzo superaba la desesperada salida de Buyo y perforaba la portería blanca con una acrobática vaselina, aunque el árbitro anuló el gol por fuera de juego de Litmanen. El finlandés ni siquiera hizo por jugar el balón.

No tuvo tiempo ni de protestar el espigado delantero holandés que un minuto después estrellaba el balón en el larguero. Antes del cuarto de hora Litmanen botaba una falta que volvía a hacer diana con el travesaño, el balón, juguetón, botaba dentro de la línea y salía repelido hacia fuera, ocasión que aprovechó Buyo para recogerlo y hacer como que no había pasado nada. Eso mismo debió pensar Krug, el colegiado de esa noche. Entonces sí protestaron los Ajacied sin ningún éxito, por que en la era anterior al VAR tampoco se modificaban las decisiones. Así que los pupilos de Van Gaal siguieron jugando y estrellando balones en los palos. El siguiente fue Overmars. Todo ello en 20 minutos en los que el Ajax hizo del balón su esclavo y del Madrid un equipo equipo a la deriva, corriendo de un lado para otro en mitad de la tormenta. Al descanso el Bernabéu rumiaba en silencio el repaso, ni pitos ni muestras de apoyo a los suyos. Solo calma tensa ante lo que veían sus ojos.

El Madrid consiguió igualar la contienda a base de orgullo e incluso merodeó el área de Van der Sar, pero a la hora de partido Litmanen sacó todo su repertorio con un desmarque en ruptura que rajó la defensa blanca. El Ajax demostraba también el suficiente cuajo para ganar el partido desde la calma y la pausa en el juego. Diez minutos después era Kluivert el que hacía diana después de haber perdonado al Madrid hasta en cuatro ocasiones. Van Gaal vestido con su gabardina negra, que no hizo tanta fortuna como su libreta, pero era igual de característica, lo celebró eufórico desde la banda, consciente de que el repaso dejaría huella también en el marcador. Los holandeses saldrían ovacionados del Bernabéu. La prensa catalana no desaprovechó la oportunidad y abrió al día siguiente con la palabra Baño a cinco columnas. En Barcelona empezaban a poner ojitos a Van Gaal, que tras el año de transición de Robson se convertiría en entrenador culé.

El Ajax de Van Gaal que pasó por el Bernabéu era en gran medida lo que Valdano soñó para su Real Madrid: una camada de jóvenes con desparpajo divirtiéndose con la pelota, tirando paredes sin parar y sin miedo a las alturas. Aunque la convulsa situación de la entidad blanca a mediados de los 90 no facilitó la tarea al argentino que fue cesado apenas dos meses después. El Ajax, por su parte confirmó su dominio plantándose de nuevo en la final de la Champions League. Los penaltis ante la Juventus le negaron prolongar su contrato de alquiler con la gloria europea, pero aquel equipo ya había dejado huella. La admiración y el temor que despertaron también se explican en números: 613 días y 75 partidos oficiales sin conocer la derrota.

El espíritu de aquel recital ha pervivido durante más de dos décadas, aunque los caminos de ambos contendientes han tomado direcciones totalmente opuestas en este tiempo. El Ajax, que está lejos de ser lo que fue, pero ha criado una nueva camada de jóvenes que ya han llamado la atención de media Europa y que vienen de firmar una gran fase de grupos. El nuevo mercado del fútbol mundial ya ha echado sus redes allí para volver a captar el talento que se pule en De Toekomst por lo que será prácticamente imposible repetir los éxitos pasados. Al menos, esta eliminatoria contra el Madrid tendrá un sabor especial en casa de los Blind, allí el hijo Daley revivirá las sensaciones que su padre (Dani) tuvo en 1995. Aunque en esta ocasión y por mucho que Van Gaal se haya marcado una bravuconada de las suyas, “este Ajax es tan bueno como el del 95”, parece que los que van de farol son los de Amsterdam. El campeón de Europa viste ahora de blanco.

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