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Manu celebra el gol del triunfo del Alavés en pleno éxtasis del glorioso. CORDON PRESS

Real Madrid

James Bond derribado

El Real Madrid perdió contra el Alavés con un gol en el último instante del tiempo añadido. El agente 007 ha dejado de ser inmortal.

La sequía de goles es un problema, pero otro muchísimo más grave es haberse instalado en la desgracia. El Real Madrid perdió contra el Alavés en el último minuto del tiempo añadido, creo recordar que en la única ocasión clara de la que disfrutó su rival durante todo el encuentro. De haber acabado en empate sin goles, estaríamos hablando de algo que señala, principalmente, a los delanteros. Pero ese último giro del destino indica que algo se ha estropeado en el karma del equipo, lo que apunta al entrenador como último responsable, aunque no sea el primero.

En cualquier otra ocasión y hasta donde puedo estirar la memoria, ese gol en el minuto 94 lo habría marcado el Real Madrid. Durante años, los partidos complicados eran películas de James Bond en las que el agente 007 se salvaba en el instante final. El Madrid acuñó como nadie la victoria por insistencia. Ahora, la tozudez no le aproxima al gol, sino que le aleja. Después de un comienzo que parecía arrollador (tres remates en siete minutos) el equipo se fue espesando porque se pierde antes la fe que el olfato.

 

Al Alavés le bastaron dos jugadores para presentar oposición. El argentino Calleri ejerció de primer dique, al estilo de Diego Costa. Su íntima disputa con Sergio Ramos fue una piedra en el zapato en cada salida del balón, una distracción permanente. El dominio del Madrid era aplastante, pero sus movimientos se hacían previsibles. Cumplidos varios toques en el mediocampo, la opción más sensata era abrir el juego hacia Odriozola, que encaraba por dentro o por fuera. Y vuelta a empezar, al principio con entusiasmo, pero luego con la desidia con la que se introducen monedas en las máquinas tragaperras. Algún día habrá suerte. Algún día marcará Benzema.

El otro pilar del Alavés fue el asturiano Jony. Su pelea con Odriozola fue un combate de pesos ligeros que iluminó la banda que pisaban ambos. Se buscaban la espalda, se retaban, se jugaban la cena con cada sprint. Los dos podrían compartir un lamento: qué buen vasallo si tuviera buen señor… o ariete que las enchufe.

 

Bale tampoco fue la solución de otras veces. Se le nota mucho cuando no será su tarde. Participa menos y se pierde en sus cumbres borrascosas. Ni siquiera Modric estuvo a la altura, quizá por una cuestión posicional; al estar demasiado adelantado, no era él, sino Kroos, quien iniciaba la construcción del juego. Imaginen la pérdida de imaginación.

Mariano entró tras el descanso por Benzema y la decisión sonó a revolución o a condena. Pudiera haber sido cualquiera de las dos cosas si el chico hubiera marcado al poco rato; se perdió en recortes dentro del área y terminó por entregar la pelota. A partir de aquí, apuesto a que Laguardia se sintió más a gusto en la defensa de Mariano que de Benzema. Uno sabe a qué atenerse contra un nueve puro, pero no contra un poeta de la mediapunta.

Y las penas no estaban sino por llegar. Bale se lesionó y antes de retirarse del campo quiso tirar una falta, asunto que deberán analizar los programas de parasicología. Vinicius ocupó su puesto y no hizo un regate. Ni Asensio, que también salió con el traje de rescatador. El Alavés resistió heroicamente (ordenadamente) y el estadio celebró como un gol un córner favorable en el último minuto. Esa acción, pensó la gente, garantizaba el empate. Y lo celebró con besos. Pero fue mucho más que eso. Acabó en gol y en coliderato del Alavés. Algo tan sorprendente como que la última bala del malvado Doctor No acertara en el corazón del James Bond, difunto agente de Su Majestad.

 

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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