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Selección

Alcácer se acuerda de Quini

En el minuto 89, España solo ganaba 2-0 a las Islas Feroe, un resultado en apariencia famélico si pensamos que los feroeses son la selección 108 del ránking mundial. En ese momento el reproche era tentador, aunque injusto. Cuando un equipo de rango superior se enfrenta contra otro muy menor categoría los objetivos de cada uno difieren en lo más básico, hasta el punto de que la victoria deja de ser una aspiración compartida, lo que trastoca la esencia del juego. Desde ese punto de partida hay que juzgar a unos y otros. Mientras España se sentía obligada a golear para cumplir con la expectativa, los jugadores de las Islas Feroe tenían como única intención evitarlo. Con ese propósito acumularon futbolistas en campo propio, casi todos tipos rudos y sacrificados como solo pueden serlo los naturales de una isla en el Mar del Norte.

Dicho lo anterior, no vamos a ocultar aquí que la Selección no anda sobrada de gol, problema que se remonta a tiempos de la Reconquista. Y es verdad que la ausencia de pólvora resulta más dolorosa en una noche de homenaje a Quini, así fue hasta el minuto 89. Si las cosas cambiaron repentinamente es porque entró el campo el único de nuestros delanteros que marca goles con la misma facilidad que respira. Su nombre es Paco Alcácer y su fisonomía está lejos de lo que suponemos que debe ser un killer. Alcácer, de hecho, tiene más aspecto de cebra que de león. Empezamos a pensar que es un disfraz de camuflaje.

Quini tampoco era un delantero bien dotado físicamente. Sus piernas eran finas en comparación con las de otros delanteros de la época, pienso en Kevin Keegan. Sin embargo, con ellas ejecutaba remates en acrobacias insospechadas. Digamos que en su caso el instinto era más determinante que los músculos. Y con Alcácer ocurre algo muy parecido. Su habilidad para marcar goles es asombrosa, especialmente en esos minutos que muchos consideran de la basura. En el Dortmund colecciona goles en el tiempo añadido y con la Selección ha ampliado la colección. Le bastó con meter la pierna primero y la cabeza después para transformar un resultado esquelético en una goleada oronda y sonrosada. Y le llevó dos minutos.

Ya no tenemos futbolistas como Quini y escasean los que se parecen a Alcácer. Rodrigo, también autor de un doblete, es un delantero más moderno (que no mejor), de tan amplio espectro que se siente más cómodo en el mar abierto que en el camarote de los Marx. El segundo de sus goles, el más brillante, nació de un desmarque excelente a 40 metros de la portería y fue ejecutado con un zurdazo no menos extraordinario desde la frontal.

Si el juego de España no fue mejor, al margen de los goles, es porque el rival no invitaba a esfuerzos coléricos. Nada que oponer ante las mínimas distracciones. Al final se cumplieron los objetivos y el personal se fue contento, El Brujo incluido.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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