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Viran Morros tuvo el empate, pero lo evitó Heinevetter. / Foto: Nordphoto/Cordon Press

Balonmano

Los Hispanos, en peligro, no arruinan la fiesta de Alemania

La inesperada victoria de Croacia a Francia hizo que España saltase sin nada en juego ante los anfitriones. Los de Ribera tendrán el sábado un cara o cruz por el preolímpico contra Egipto (17:30 horas)

El juego de las matemáticas es caprichoso en el formato Main Round. Hace dos días escasos, mirábamos el Croacia-Alemania con expectación, ya que un empate que casi se produjo (21-22) hubiera provocado que España accediese a las semifinales de ganar a los germanos en la última jornada. Tras saber que eso ya era imposible, las quinielas apuntaban que los croatas perderían con Francia, haciendo que otra vez estuviese en nuestra mano jugar por la quinta plaza. Tampoco eso se ha producido y la conclusión es que los campeones de Europa pelearán el sábado contra Egipto por la séptima posición, esa que vale como un billete de transbordo con destino a Japón. Es lo que tiene no depender de uno mismo, que los disgustos pueden llegar antes siquiera de haberse vestido de corto.

El maravilloso Lanxess Arena de Colonia, escenario de la Final Four, congregaba a casi 20.000 alemanes deseosos de celebrar junto a sus jugadores la lucha por las medallas. Los hombres entrenados por Christian Prokop tenían en su mano la primera plaza y la posibilidad de evitar a sus vecinos y también anfitriones, Dinamarca. Y no la desaprovecharon, a pesar de economizar esfuerzos en forma de rotaciones pensando en las semifinales. El portero Wolff y el extremo Gensheimer, por ejemplo, vieron el partido desde el banquillo muchos más minutos de lo que están acostumbrados. No hizo falta, porque Alemania tuvo el choque siempre en guarismos que le aseguraban ser líderes. Perder de uno les valía y eso fue lo máximo a lo que llegó España. Se produciría en solo dos ocasiones (0-1 y 10-11). El resto fue un chicle que los alemanes estiraron a su antojo.

La sensación de los Hispanos fue similar a los partidos contra Croacia y Francia, las selecciones con las que se estaba llamado a competir. España, máxima goleadora del campeonato, no se ha construido desde la defensa. La retaguardia, ya fuera en 6-0 o 5-1, no ha sido la roca de otras ocasiones y la portería ha estado, en general, lejos de hacer milagros. Ese 120% de competitividad, que sirve para tapar la carencia de centímetros y lanzamiento exterior, no se ha visto y, en estas condiciones, los combinados antes mencionados no han dado opciones reales de victoria a los de Ribera, a pesar de lo que digan los resultados. Cuando los marcadores se apretaban, algo sucedía que volvía a descolgarnos. Posteriormente contaremos la jugada concreta, aunque hoy ya daba igual.


Siempre un paso por detrás


La primera parte, como bien comentó Alberto Urdiales durante la retransmisión, pareció un partido de los All Stars en la NBA. Las defensas brillaban por su ausencia y los minutos transcurrían entre intercambios de goles y marcadores ajustados, casi siempre favorables a los locales. Ángel Fernández y Ferrán Solé, alias El Infalible, eran las caras visibles de la Selección, que se marchó a vestuarios uno abajo (17-16).

A la salida del descanso las defensas se pusieron las pilas. En el caso alemán fue con su primera línea y en España Gonzalo Pérez de Vargas, que sustituyó a un Corrales desacertado. El ataque de los de Ribera se frenó más, haciendo que se abriese una brecha de cuatro goles (27-23) en los albores de los diez últimos minutos. Si a los campeones de Europa les ha faltado frescura, no se puede decir lo mismo de su orgullo. Solé, otra vez Solé, encabezó el 0-3 de parcial que equilibraba el encuentro (28-27) con seis minutos por jugarse.

Pero de nuevo, muy cerca de la orilla, el equipo erró en una jugada concreta, en esos instantes que no se sabe si es más cuestión de desacierto o que en este Mundial no tocaba. O que en el punto de giro es donde se ven las verdaderas diferencias. Con 30-29, Aleix Gómez recuperó una pelota en defensa, que terminó llegando en segunda oleada a Viran Morros, de naturaleza destructor. El pívot del PSG estrelló el esférico en Heinevetter y ahí murió el partido, que tuvo un intercambio de goles más para dejar el 31-30 final.

Pero esto no ha acabado. Es lo bueno y lo malo del balonmano. España tiene deberes por delante y Alemania todas las ganas de soñar, apoyado por todo lo bueno que tiene ser local en este deporte. A los Hispanos les toca erguirse y terminar, aunque sea con nostalgia y alguna baja –Sarmiento seguro y probablemente Dani Dujshebaev-, la misión. Tokio los espera.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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