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Álex de Miñaur, durante la presente edición del Open de Australia. Foto: Cordon Pres

Australian Open

Entre dos tierras

El número 29 del ranking ATP Álex de Miñaur nació en las Antípodas, se formó en Alicante, se marchó a Sidney y volvió a España. Si elimina a Rafa Nadal, será profeta en su tierra.

Álex de Miñaur Román tiene tatuado el número 109 en el pecho, concretamente en el pectoral izquierdo, sobre el corazón. Dicha cifra y el lugar donde pace tienen un porqué. De Miñaur fue el tenista número 109 en defender los colores verde y oro de la bandera de Australia en la Copa Davis (debutó en enero de 2018 contra Alemania); sin embargo, el nombre del rival de Rafael Nadal en la tercera ronda del Open de Australia tiene más acento español que australiano. Posee la doble nacionalidad: nació en Australia y sus 19 años de vida se resumen en continuas idas y venidas entre su país de origen y España. Se formó en Alicante, se marchó a Sydney y volvió a España. Perderse con su historia es fácil, así que mejor empezar por el principio.

Su madre Esther es de Alicante, su padre Pancho de Uruguay y Álex, que tiene tres hermanos pequeños, nació el 17 de febrero de 1999 en las Antípodas, literalmente, en las islas oceánicas. Sus padres regentaban en Sydney un restaurante italiano de nombre Giovanni’s cuyo contrato de alquiler terminó y no renovaron. Se volvieron para España, donde decidieron abrir un lavado de coches a mano, típico australiano, y que todavía no había llegado a nuestras fronteras. Así que cuando De Miñaur tenía cinco años se mudó por primera vez.

En junio de 2004, al poco tiempo de empezar aquel negocio, recibieron una llamada desde Australia que les advirtió de que, finalmente, se había prorrogado la licencia del restaurante. Su padre se marchó, pero Álex se quedó con su madre en Alicante. Ya había empezado a jugar al tenis. Comenzó en varios clubes, como el Club Atlético Montemar, hasta que su actual entrenador Aldofo Gutierrez inauguró el Club Deportivo 40-15. Allí se fue con él.

Con la crisis inmobiliaria que estalló en 2008 el lavadero de coches dejó de ser rentable y la prometedora carrera como tenista de Álex corrió peligro porque sus padres no disponían del dinero suficiente para costearla. Su entrenador, hermano del también tenista Sergio Gutiérrez, lo entrenó prácticamente gratis, en trato de favor. Con 12 años, De Miñaur ya era un potencial número uno, el mejor de su edad en España. De tal modo que, sin financiación, su futuro como tenista estaba en entredicho.

A partir de ese momento, surgió el turno de ruegos y plegarias a la Real Federación Española de Tenis (RFET) para que lo ayudaran económicamente. La respuesta fue no, decisión que acabaron por lamentar. Años más tarde, desde el ente federativo se excusaron de la siguiente manera: «La RFET no ayuda a niños de 12 años y nunca lo ha hecho. No las tuvieron Nadal ni Ferrero a esa edad. En todo caso son las territoriales las que pueden ayudar en algo». La valenciana tampoco puso de su parte.

“No sé cómo ocurrió, pero ocurrió”, escribió su madre Esther en una carta publicada el año pasado. En 2011, el extenista Todd Woodbridge, especialista en dobles (ganó los cuatro Grand Slam varias veces, la Copa Davis y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996), se enteró de la situación que atravesaba De Miñaur. Lo invitó a asistir a Roland Garros para pelotear con él y hablar. El joven jugador tenía unas necesidades que satisfacer y Woodbridge, de la federación australiana de tenis, le propuso una oferta irrechazable: cubrirle todos los gastos (entrenamientos, entrenadores, viajes, etc.). Álex hizo las maletas y se marchó a Sydney, pero con su madre y su entrenador Alfonso. Regresaba a España cada verano (ahora se ha asentado, parece que definitivamente, en Alicante). La RFET intentó rectificar, pero ya era demasiado tarde. Su presidente Miguel Díaz y Antonio Cascales, vicepresidente, se reunieron varias veces con Esther para intentar convencer a su hijo para que jugase por España, pero fueron esfuerzos en vano. Australia le había dado la oportunidad que merecía. Ahora mantiene una estrecha relación con el capitán del equipo australiano y exnúmero uno Lleyton Hewitt desde que se conocieron durante una edición de Wimbledon junior.

Hewitt es el consejero del primer jugador de su generación, los nacidos en 1999, en ganar un torneo ATP (250). Ocurrió, precisamente, en Sydney, donde consiguió su primera victoria como profesional (ante Benoit Paire en 2017) y perdió la final el año pasado siendo derrotado por Daniil Medvédev. El 12 de enero, hace apenas cinco días, levantó el título tras haber ganado al experimentado italiano Adreas Seppi (7-5 y 7-6). «Es increíble lo que ha ocurrido, no pensaba que fuera capaz. No saben todo lo que significa para mí hacerlo ante ustedes, en mi casa», dijo al terminar. Hasta ahora, el de Sydney es su torneo fetiche.

Demon (demonio, en español), pues es así como lo llaman en su país natal, debutó en un torneo ATP en 2017, en Brisbane. No obstante, el año de su consolidación en la élite tenista (top 100) fue el 2018. El año pasado, ganó su primer título Challenger en Nottingham. También disputó otra final, aparte de la ya mencionada en Sydney, en Washington, a cinco sets frente al teórico sucesor de Federer, Nadal y Djockovic: Zverev. Con apenas 19 años, ha pasado de ser el número 208 del mundo al 31 (ahora ocupa el 29º lugar). De Miñaur es un caso atípico dentro del circuito profesional, ya que los jugadores cada vez maduran más tarde. Sus allegados dicen de él que es un tenista atrevido, ambicioso, que cree que puede ganar a todo el mundo. “Su mentalidad es latina. Tiene la capacidad de sacrificio española”, resume su entrenador.

De Miñaur no es el mismo tenista de hace dos años, cuando jugó su primer Open de Australia (derrotó a Gerald Melzer y perdió contra Sam Querrey). Ni siquiera es el mismo jugador al que se enfrentó Rafa Nadal hace unos meses en la pista central de Wimbledon por primera vez (1-6, 2-6 y 4-6). Entonces, se dijeron “hola” y “adiós”. Álex era el número 80 del mundo y el mallorquín el primero de ranking. «Le deseo todo lo mejor para el futuro. Es muy joven y tiene todo el talento para hacer una gran carrera. De hecho, es casi español», declaró medio año después el vencedor del Open de Australia en 2009 tras enterarse de que sería su rival el viernes (9.00 hora peninsular).

Con Nadal, aparte de profesión, comparte su gusto por el fútbol y su pasión por el Real Madrid. Aunque Roger Federer es su referente. Tampoco es zurdo, sino diestro, como su maestro. Ni siquiera defienden los mismos colores. «Mi madre es española y paso mucho tiempo allí, pero nací en Australia y siempre me he sentido australiano. He crecido aquí y recuerdo de pequeño ver la Davis y querer ser parte de eso. Creo que no hay nada mejor que representar la bandera verde y oro«, comentó en De Miñaur en una ocasión. Casi español, pero, al fin y al cabo, australiano. Tras derrotar a Pedro Sousa y Henri Laaksonen, podría ser profeta en su tierra.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

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