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Lemar y Griezmann, ante el Mónaco. Foto: Cordon Press

Atlético

¿Otro día en la oficina?

Desde que Simeone inició la temporada en el banquillo rojiblanco allá por 2012, el Atleti ha jugado todas las ediciones de la Champions. Todas.

El Atlético de Madrid se ha clasificado para los octavos de final de la Champions League 2018/2019. Los aficionados colchoneros, después de un partido que se había acabado a la media hora de empezar, tras superar al Mónaco con suficiencia, abandonaron el Metropolitano con la tranquilidad que da la rutina. Con esa sensación intrascendente de haber pasado otro día en la oficina. ¿Lo era?

Desde que Simeone inició la temporada en el banquillo rojiblanco allá por 2012, el Atleti ha jugado todas las ediciones de la Champions. Todas. Esta es la sexta. De las cinco anteriores, en todas menos una (la del año pasado), el equipo superó la fase de grupos. Dos veces llegó a la final. Otra vez a la semifinal. Otra vez a cuartos. La vez que no consiguió llegar a octavos, como penitencia, ganó la Europa League. ¿Normal? Veamos.

En los catorce años que van desde que la Liga de Campeones cambió el formato (1997) hasta la llegada de Simeone (2011), el Atleti disputó el torneo la friolera de dos veces. Dos, sí. No pasó de octavos en ninguno de los dos casos. En todas las décadas anteriores a 1997 sólo se llegó una vez a la final de la Copa de Europa (1974) y dos a la semifinal (1959 y 1971). Es decir, no parece tan normal. Ya, pero es que hasta 1997 la Copa de Europa sólo la jugaba el campeón de Liga, dirán los más avispados. Cierto. Veamos el palmarés en el resto de competiciones europeas durante esos cincuenta años transcurridos hasta la llegada de Simeone. Una Recopa (1962) y dos subcampeonatos en esa misma competición (1963 y 1986). En la UEFA no se pasó nunca de semifinales (aunque sí se ganó una Europa League en 2010). No. Definitivamente no parece tan normal.

El ser humano se acostumbra fácil a lo bueno, y muy bien que hace. Lo que no me parece tan bien es perder la memoria por el camino. Mucho menos si además sirve para cultivar esa insolencia del niño mimado que lo quiere todo y que lo quiere ahora. Está fantástico eso de querer tener una letra distinta, que tú te crees que es más bonita, pero es de necios insultar al que te enseñó a escribir. Todos los debates son factibles y respetables, por supuesto, pero hay algunos que resultan francamente impertinentes. Sobre todo cuando el objetivo no es debatir sino poner en duda (o dinamitar) los cimientos de lo que te ha llevado hasta el lugar en el que estás. Se puede discutir lo mucho o poco que te gusta El Quijote, es muy lícito, pero hay que ser imbécil para cuestionarse a estas alturas que Cervantes es un gran escritor.

Del partido contra el Mónaco me quedo con la primera media hora. Con las ganas de Lemar. Con la inteligencia de Griezmann. Con lo buena que es esa dupla Thomas-Rodri. Con esas cosas que hace Correa en el área y que lo hacen un jugador tan especial. Con la solidez de Lucas. Con el crecimiento de Arias. No sé si por méritos de uno o por deméritos de los otros, cuando los jugadores encaraban el vestuario tras la primera parte la sensación era que el Mónaco parecía el equipo más flojo que había pasado por el Metropolitano en lo que va de temporada.

El panorama cambió significativamente en la segunda. El equipo colchonero se puso a pensar en sus cosas y los del principado, conscientes de no tener ya nada que perder, se fueron a salvar la honra. Y no estuvieron muy lejos de estropear la noche cuando el árbitro pitó penalti y expulsión de Savic, con tiempo más que suficiente para sufrir. Afortunadamente, Falcao, ese gran delantero que dejó el mejor Atleti de los últimos tiempos para irse a triunfar al Mónaco, lanzó el balón fuera de la portería y todos volvimos a la línea de salida.

¿Ahora qué? Preguntarán los más impacientes. Ahora nada. Por mucho que esté de moda eso de hacer cábalas sobre lo que puede pasar en un futuro plagado de incertidumbres, es un ejercicio tan inútil como absurdo. Ayer volvimos a vivir un nuevo ejemplo de ello. Mientras un amplio sector de aficionados rojiblancos elucubraba sobre cuál de los campeones de grupo era el mejor rival para el Atleti (dando por hecho que el BVB sería primero de grupo), los alemanes empataban con el Brujas dos horas después. El futuro había cambiado. Moraleja: es absurdo mirar más allá del siguiente partido.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

1 Comment

1 Comment

  1. Guillermo

    29/11/2018 at 19:54

    Entre tanto troll, hater, influencer y tertuliano, da gusto leer un artículo mesurado, ponderado, razonado, y cuyos argumentos compartimos el 95% de los seguidores rojiblancos. Memoria, señores, memoria, de un señor con los pelos largos saliendo de una alcantarilla en la Gran Via….Gracias por tus artículos!

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