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Andoni Goikoetxea.

Fútbol

Andoni Goikoetxea: “Yo no era duro, era técnico”

A los 62 años, se declara un entrenador sin acabar. “No fui un entrenador. Soy un entrenador”. Desde que volvió de Guinea Ecuatorial no ha vuelto a tener equipo. “En mi casa todos trabajan menos yo”.

Es imposible olvidar además de innecesario. Si olvidásemos, seríamos peores. No podríamos presumir de los futbolistas que conocimos como lo fue él, Andoni Goikoetxea. Un tipo de ayer que uno tenía por un defensa monumental, como chocar con una piedra, y que hoy es un hombre, de 62 años, que se niega a definirse como un antiguo entrenador. “No fui entrenador”, discrepa. “Soy un entrenador que es verdad que desde que volví en 2015 de Guinea Ecuatorial no ha vuelto a encontrar equipo”. Quizá porque entre las virtudes del fútbol no figura la de contentar a todo el mundo. De ahí que también sea de ley escuchar a los insatisfechos o a los que merecen más; a los hombres como Goikoetxea que uno ya imaginaba, jugando al golf o dando un paseo por Las Arenas, alejado totalmente del escaparate. Pero resulta que aún es un entrenador sin acabar. “He tratado de volver, pero las cosas que no dependen de uno solo, no basta con intentarlo”.

Los entrenadores en paro, aparte de no tener que pasar por un departamento de prensa para hablar con ellos, siempre aportan perspectiva. “Ojalá todos los problemas laborales fuesen como los que tienen los entrenadores: viajar, elegir jugadores, atender a la prensa… Si uno lo piensa fríamente, en comparación con lo que te encuentras en otras profesiones, son problemas leves”. Sin ir más lejos, las profesiones de sus hijas, “una es psicóloga y la otra trabaja en una multinacional”, o la de su mujer, “que es médica”. Ahora en su casa se da esa circunstancia: “Todos trabajan menos yo. Al menos, en mi familia. Pero esto son las cosas del fútbol o de esta profesión que elegí y que nunca imaginé cambiar por ninguna otra. Yo no contabilizo el fútbol por los kilómetros que he recorrido, sino por lo que me ha dado, por pensar que yo llegué a jugar una Copa de Europa con el Athletic, por ser internacional en la Eurocopa de Francia del 84 o en el Mundial de México del 86. De los cinco goles que marcamos a Dinamarca en Querétaro aquel día no todos fueron de Butragueño, uno de ellos lo hice yo”, memoriza o ironiza, quién sabe.

Andoni Goikoetxea

Cromos de Andoni Goikoetxea. El primero, perteneciente a la temporada 1982-83. El segundo, a la Eurocopa de Francia de 1984.

El pasado no volverá, pero no sólo nos envejece. También nos hace mejores, “porque, como decía el pesimista, es algo que no te lo puede quitar nadie. No se trata de abusar de la nostalgia, sino de recordar que tú también estuviste ahí, que no sólo empataste con alguien, sino que también ganaste a alguien”. De ahí que hoy sea innecesario entrar en batallas. “Mi ego ya está lleno. Desde los 18 hasta los 33 años siempre jugué en Primera división. No conocí otra categoría, y eso es difícil, porque es difícil ser futbolista. No es fácil jugar en la élite y si lo consigues, sea en el fútbol de ayer o en el de hoy, es porque lo mereces”. Goikoetxea, por mucho que nos sorprenda a quienes le vimos jugar, fue un central que no se esperaba ni él. “Yo jugaba con el número ’10’. Tenía una buena pierna zurda y llegaba con facilidad al gol. Pero luego me convirtieron en defensa central y no se me dio mal”, explica en contra de esos prejuicios que lo clasificaban como un hombre muy duro. “No era duro. Era técnico”, insiste. “La prueba es que hasta ahora he sido el defensa central que más goles ha marcado en la historia del Athletic hasta el año 87 cuando me fui al Atlético de Madrid”.

Luego, vino el entrenador que pasó por la selección y por tantos equipos (Salamanca, Rayo, Racing, Numancia, Ceuta…) que le demostraron que “la vida de futbolista es más fácil que la de entrenador. No tiene nada que ver, pero es tu profesión, la profesión que elegí desde que dejé de estudiar en sexto de bachiller”. La profesión en la que nunca se olvidó de Javier Clemente, el entrenador que dirigió aquel Athletic dos veces campeón de Liga con un once que aún repetimos de memoria: Zubizarreta; Urkiaga, Liceranzu, Goikoetxea, De la Fuente; Gallego, De Andrés, Urtubi; Dani, Sarabia y Argote. “Yo era uno de ellos, de esos hombres a los que Clemente nos dio una lección de lo que es un entrenador. Nos hacía creer lo que él pensaba de nosotros. Nos hizo creer que éramos un gran equipo y la pruebas es que llegamos a ganar el triplete (Liga, Copa y Supercopa)”, explica hoy Goikoetxea, que reparte su residencia entre Bilbao y Madrid, donde se compró un piso en el puro centro, la zona de Chamberí, donde la gente todavía se acuerda de él, sea haciendo cola en la ferretería o esperando su turno en la peluquería. “Mis hijas viven aquí y no hay nada más interesante que pasar tiempo con ellas”.

De ahí que haya demasiadas cosas que en su vida recortan las distancias con el hombre en paro que es a día de hoy. “Hay que vivir la vida. Puedo hacerlo. El fútbol me dejó una buena posición. Creo que lo merecí. Yo era hijo de un hombre que trabajaba en la metalurgia. Quise ser futbolista y pude serlo. Pero ahora, a los 62 años, aún me siento vital para entrenar. Me conservo bien. Hago 60 o 70 kilómetros en bicicleta cuando salgo a montar”, insiste sin necesidad de entrar en comparaciones de lo que podría haber sido hoy. “Recuerde que las comparaciones son odiosas y que siempre será difícil. Todo es difícil en la vida. Sin ir más lejos, para los entrenadores. Somos muchos y hay pocos equipos. Pero ¿quién sabe? Al menos, el entrenador español está muy valorado”.

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