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André Silva, autor de tres goles en Vallecas. / Foto: Twitter @SevillaFC

Rayo

André Silva afea el regreso del Rayo a Primera

Un hat-trick del delantero portugués guía al Sevilla a una cómoda victoria en el Estadio de Vallecas

Tienen cierta mácula, engañosa y tramposa, los estrenos ligueros. Sirven para crear falsas expectativas y para que los más avezados intenten sacar las primeras conclusiones, pero, en el fondo, casi todo lo que ocurre dentro del terreno de juego es circunstancial, liviano, insignificante. En el Estadio de Vallecas, por ejemplo, hoy ganó con bastante claridad el Sevilla al Rayo Vallecano y, cuando Mateu Lahoz pitó el final del encuentro, el cuadro era similar al que se había visto dos horas antes, cuando el choque todavía no había empezado: el de Machín, un equipo con aspiraciones europeas, más armado y más rodado (había disputado cinco partidos oficiales); el de Míchel, un conjunto recién ascendido, con media plantilla por llegar y sin delantero.

Con Trejo ejerciendo de falso ariete, los vallecanos mostraron los esbozos de lo que se espera de su juego. No es nada que no supiéramos desde la temporada pasada: gusto por el esférico e intensidad tras pérdida. El cándido atrevimiento de los pequeños atrapa, más todavía en el duro campo de batalla de la Primera División, más todavía en un lugar tan a contracorriente como Vallecas, aunque a veces, la mayoría de ellas, los pequeños caigan derrotados. Los Embarba (autor de un gol anulado por fuera de juego en el minuto 2), Pozo, Medrán o Kakuta aportarán más cuando la explosividad acompañe a las ideas, cuando la preparación física de ambos contendientes se equilibre. Hasta entonces, el rival será casi siempre superior. Como lo fue el Sevilla.

Los hispalenses golearon desde la insistencia de los centros laterales, la conocida obsesión de Machín. Con Jesús Navas y Escudero de carrileros, los sevillanos fueron acumulando ocasiones (un cabezazo picado de André Silva, un gol anulado a Sarabia, una falta alta de Banega) hasta que el primer gol terminó por derribar la puerta con un sutil taconeo: Silva bajó el esférico, Sarabia lo prolongó, Navas centró desde la derecha y Franco Vázquez puso la espuela al primer palo para batir a Alberto. Tras un primer ademán de alegría, pareció que el argentino no lo celebró, quizá por su pasado rayista. La franja roja crea distinción aunque se llene de barro.

La espuela del Mudo, en cualquier caso, al que espoleó fue al Rayo, que tuvo el empate en una falta botada por Embarba, prolongada por Trejo y rematada en boca de gol por Ba. Vaclik detuvo el esférico y cualquier opción de reacción, por mínima que fuera. Tras dos avisos previos, André Silva, el delantero que sí tiene el Sevilla y que no tiene el Rayo, se encargó de cerrar el encuentro antes del descanso. Primero, con un lanzamiento con su pierna izquierda desde dentro del área después de un pase de Escudero. Segundo, ya en el descuento, tras cazar un balón suelto en un córner botado por Banega y toqueteado con anterioridad por Kjaer y Mercado.

La segunda mitad fue un bolo estival disfrazado de oficialidad. Lo salvó el orgullo rayista y los espacios a la contra de los que gozó el Sevilla. No en vano, Vázquez pudo ampliar el marcador, Sarabia intentó también superar a Alberto con la espuela y Ba salvó en la línea un disparo cruzado de Navas, pero fue André Silva el que cerró su hat-trick en el minuto 79 con un lanzamiento franco desde dentro del área a pase de Vázquez. En alguna oficina del Pizjuán alguien ya está firmando la opción de compra del portugués.

Ese tanto no fue, pese a todo, el cénit definitivo del encuentro. Embarba redujo distancias desde el punto de penalti en el minuto 85 y, en los siguientes ocho minutos, el propio Embarba envió un balón al larguero y Kakuta y Javi Guerra dispararon sus ávidas intenciones fuera de la portería sevillista. Otras veces entrarán.

El Rayo perdió y el Sevilla ganó. Es todavía demasiado pronto para tener ansiedad o para vivir en la abundancia del optimismo. Los estrenos ligueros, en realidad, no pueden ser más impostados.

Periodista en retirada. De Guadalajara a Madrid, pero siempre volviendo al punto de partida. Se marchó a vivir a Estados Unidos porque estaba cansado de trasnochar para ver deporte, dormir poco y levantarse con sueño. Ahora, las ojeras en la cara vuelven a ser su seña de identidad

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