¡Síguenos!

Solidarios

Los Angeles de Kenia: cómo tener alas a los 22 años

María Piédrola y Patricia Llamas son dos jóvenes normales que han decidido ayudar a quienes lo necesitan más y, de paso, a los que lo necesitamos menos.

Dos chicas de veintidós años. Si esas cinco palabras se ofrecieran como inicio de un relato dudo que alguien escribiera el que viene a continuación. Quien imaginara un viaje podría acertar el destino, aunque no el propósito. Esperamos casi cualquier cosa de dos jóvenes de esa edad, pero no esto. María Piédrola y Patricia Llamas se fueron a Kenia hace dos años. Hasta aquí la originalidad es soportable. El afán de aventura y la inconsciencia son rasgos comunes en la veintena e infrecuentes más allá. Tampoco es cosa demasiado extraña formar parte de un programa de voluntariado. Los jóvenes, algunos jóvenes, han desarrollado un sentido de la solidaridad de raíces inciertas. Lo extraordinario de este caso es que María y Patricia volvieron a España pero se quedaron en Kenia. Diría que allí tienen la cabeza y el corazón, pero, siendo cierto, resultaría excesivamente lírico. Es más exacto decir que allí han dejado a gente. Niños en la orfandad más desoladora o niñas violadas que al primer estigma han añadido otro: dar a luz a sus hijos.

Patricia y María no son misioneras, ni pertenecen a ninguna orden religiosa, y admito que me sentí mal al preguntarlo. Supongo que tratamos de buscar explicaciones sencillas a los hechos que nos cuesta entender. Y no es fácil asimilar que dos chicas normales, estudiantes de magisterio, se entreguen al servicio de los demás en un lugar tan remoto como Kenia. El concepto de normalidad es lo primero que evoluciona al conocer su historia. ¿Qué es lo normal? ¿Buscar soluciones o ignorar los problemas? ¿Ayudar o disimular? Al final del texto ya no caben dudas.

El relato no puede ser lineal. Así que en este párrafo lo fijaremos en el presente. María y Patricia no buscan aplausos, sino dinero. Cada proyecto exige un desembolso que no pueden afrontar solas. En el orfanato de Machakos se encontraron a 50 niños, de cinco años a recién nacidos, con tan escasos recursos que compartían una sola toalla. Nueve de ellos fallecieron porque no había dinero para llevarlos al hospital. “Nosotras les dábamos cariño y tiempo, pero no podíamos comprar cosas básicas que necesitaban, como biberones, pañales… Así que pedimos material a nuestras familias y amigos. Entonces descubrimos que enviar diez kilos de material desde España cuesta 400 euros. Y tarda demasiado en llegar. Hacíamos mucho más con 400 euros en Kenia”.

“Nos recomendaron montar un crowfounding. Y se lo mandamos a amigos cercanos. Recaudamos 2.500 euros. Hicimos una compra básica de biberones, pañales, baberos, toallas, tenedores o vasos y les compramos también un parque enorme para que los niños pudieran jugar, porque estaban todo el día dentro de la casa. Había un niño de tres años que había sufrido una meningitis y se había quedado ciego y con una parálisis. Estaba tumbado todo el día en un colchón. Le llevamos a Nairobi a que le hicieran una silla de ruedas a medida. También arreglamos dos casetas: un estudio para hacer deberes y un lugar donde lavar la ropa”.

“Luego nos ocupamos de la seguridad social. Si no pagas no tienes derecho a asistencia sanitaria. Al mismo tiempo escribimos a ponorden, una cuenta de Instagram que te ayuda a ordenar tu casa. Disponíamos de dos armarios y queríamos saber cuál era la mejor forma de organizar la ropa de los niños. Así que envíamos la foto de los armarios y un vídeo. Vanesa Travieso, la fundadora de ponorden, nos contestó de inmediato: “Chicas, llamadme. Vamos a hacer de esto algo grande”.

Las redes sociales se movilizaron a su favor. María y Patricia abrieron una cuenta en Instagram con un nombre que las ruboriza ligeramente, pero que las define al detalle: Los Angeles de Kenia.Y empezaron a seguirnos. Poco a poco. Y las donaciones iban subiendo una barbaridad. En esas tres semanas juntamos 11.000 euros. Llegamos a España con 5.000 seguidores. El objetivo es que se nos oiga. Y animar a la gente joven a hacer buen uso de las redes sociales, que entienda lo satisfactorio que es darse a los demás”.

Su vida ya había cambiado. Primero se les quedó corto el magisterio y después se hicieron insuficientes las visitas esporádicas desde la Universidad de Strathmore en Nairobi. Hasta que lo esporádico se hizo cotidiano. Durante el curso académico español trabajan como profesoras para poderse pagar el siguiente viaje y para recaudar fondos para el siguiente proyecto: “Nos gustaría vivir allí permanentemente, pero se consigue más desde España”.

“Después del orfanato, pedimos que nos mostraran otro centro que estuviera muy mal y nos llevaron a una casa de 20 niñas de entre 10 y 15 años que han sido violadas por familiares o por la gente de la calle, y que han decidido tener el bebé. Nos encontramos allí una casa para perros… No tenían nada de comida, cero. Esas niñas son valientes y necesitan vivir como personas. Así que decidimos que sería nuestro segundo proyecto. No nos vamos a morir sin construirles una casa. Cuesta 120.000 euros, y no es tanto según lo mires. También nos gustaría que tuvieran un coche, de segunda o tercera mano, no importa. Durante nuestra estancia, quien rompía aguas tenía que ir al hospital en moto o bicicleta… Si alguna empresa de coches nos pudiera ayudar… Lo que buscamos son empresas o personas que nos quieran echar una mano con donaciones para ayudar a los niños y para este segundo proyecto”.

“Nos dijeron en España que teníamos que tener una estructura legal, pero ser una Fundación exige un fondo de 30.000 euros que no se puede utilizar. Y no queríamos meternos en una deuda tan grande. Era preferible ser una asociación. En Kenia no se puede adoptar por el tráfico de niños, pero si la gente se quiere involucrar, que apadrine, que aporten lo que quieran”.

“¿Nuestras familias? Están contentas y orgullosas, pero nos dicen que no se nos puede subir a la cabeza, que vayamos despacio, que pidamos mucho consejo”.

El próximo 10 de julio, Patricia y María volverán a Kenia. Pero ya no viajan solas. Les ayuda la agencia Marleva o la empresa Teknometric, que ha donado quince cámaras de seguridad. Chicco ha aportado biberones y Liberatta, camisas. Una farmacia les ha entregado cremas y termómetros. Rowenta pagará los billetes de avión, además de ceder aspiradoras y algún robot de limpieza. Llegados a esta línea parece claro que María y Patricia son dos personas completamente normales y que la anormalidad nos ataca a los que hemos decidido que lo que no se mira no existe. Pues bien, ya es hora de abrir los ojos. Y ver.

Para más información.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

¿Por qué no ser como hermanos? Es cierto que no tienen ni padre ni madre ni hermanos, bueno los tienen, pero no han tenido la oportunidad de vivir con ellos… pero si viven en una casa 50 niños en las mismas condiciones, ¿por qué no ser más que amigos? ¿por qué no ser hermanos? A los angelillos de kenia les cuesta muy poco ser como hermanos, se comportan como ello, comparten tanto y más que los hermanos de sangre suelen compartir; comparten mesas, sillas, vasos, ropa, toallas (compartían) y hasta duermen en las mismas camas, si el pobre Moisés se descuida le quitan hasta las gafas 🤣🤣. Tambien comparten historias parecidas, todos tuvieron unos padres que antes o después, y por historias varias, decidieron dejarles ahí. Pero se quieren, si si, se quieren mucho, y se cuidan, madre mía como se cuidan y protegen, como hemos aprendido!! Y luego nos quejamos de nuestros hermanos… nos llenamos de envidias y tonterías, y con los años el rencor y el orgullo hace de las suyas y acabamos viviendo nuestra vida sin tener a nuestros hermanos cerca. Y nos olvidamos de la suerte y la maravilla que es tener hermanos, crecer con ellos y que sean un apoyo para siempre. Y que felicidad para unos padres ver que sus hijos se quieren como hermanos, saber que nunca van a estar solos. ¿Por qué no ser como hermanos? ¿por qué no comportarnos como ellos de verdad? Una vez más, aprendemos de nuestros ángeles de kenia, gracias pequeñas grandes personas, Pati y María os quieren mucho.

Una publicación compartida de Pati Y María (@losangelesdekenia) el

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

1 Comment

1 Comment

  1. Maria

    03/07/2019 at 16:17

    Muchas gracias por dar eco a las voces de estas dos “leonas africanas”
    Que bueno saber que las generaciones jóvenes saben ser “instagramers de verdad”

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Solidarios

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies