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En la imagen, el futbolista del Real Zaragoza Álvaro Vázquez, en una imagen de archivo. Foto: Cordon Press

Liga 123

La araña y el escorpión

Cristian Álvarez y Álvaro Vázquez honran sus respectivas demarcaciones, deteniendo un penalti y gritando dos golazos, para superar a un granítico y filoso Oviedo en un triunfo vital para mantenerse fuera de la hoguera del descenso

Cristian Álvarez es más que un extraordinario portero para el Real Zaragoza: es un seguro de vida en el más amplio sentido del término. Seguros de vida Álvarez, podría titularse este artículo y buena parte de la temporada y media que cumple desde su llegada, todavía por revelar, cuando la dirección deportiva pensaba en el confiable Alberto y Cristian no estaba ni siquiera en su radar. Sería un título exacto porque la vida del club aragonés depende hoy, en gran medida, de evitar el descenso a Segunda División B y anoche el guardameta argentino protagonizó un nuevo rescate en aguas abiertas: le detuvo un penalti al mexicano Alanis que impedía que el Oviedo se adelantase en el marcador, a falta de media hora para que terminase un encuentro que los locales no debían perder. Y que este Oviedo se ponga por delante en el tramo final de un encuentro casi supone una garantía de que el partido lo vas a perder, aunque no debas hacerlo.

Quien se detenga en el porcentaje de penaltis detenidos por la araña rosarina desde su llegada encontrará un muy buen reportaje y quien profundice en los efectos inmediatos de cada una de esas acciones elevará el nivel de su artículo y situará al argentino en el altar que merece. Aportaremos un dato que es mucho más que una efeméride. Exactamente hace un año, Álvarez le detuvo un penalti al cordobesista Alfaro que sirvió para resistir un triunfo mínimo, salvar de la probable quema a Natxo e impulsar un efecto bisagra que llevó donde todos recordamos, pero no sería prudente subrayar para no equivocar aspiraciones legítimas -qué somos sin sueños- con objetivos ineludibles.

No se sabe dónde llevará la enésima tela de araña que Cristián supo tejer en su portería para proteger la esperanza de vida del Real Zaragoza. Ojalá el paralelismo con aquella otra noche destemplada ante el Córdoba vaya más allá de su réplica exacta en el calendario y pueda sostenerse con el paso de las semanas, y hasta de los meses, porque el conjunto aragonés sea capaz de encontrar la autopista de la que salió a finales de septiembre. Hoy sólo podemos decir que ésta última maniobra salvadora resultó decisiva para tumbar a un Oviedo, que se mostró granítico y de filo amenazante durante la primera mitad, y que llegaba enseñando bíceps gracias a una racha de tres triunfos consecutivos.

Álvarez resistió y el Zaragoza insistió. Quizá el mayor valor de este Real Zaragoza de Víctor Fernández, después de cinco partidos a sus órdenes, de diez puntos sobre quince y de recibir siempre un primer gol del adversario —sólo ayer no lo hizo, gracias al penalti detenido que alumbra este texto—, es que siempre insiste. Y lo hace desde el juego, desde generar y genera por la convicción de que la calidad sólo llegará a rebufo de la cantidad.

Después de un primer tiempo de indisimulable incomodidad, el equipo subió varios grados su temperatura tras el descanso y, con el penalti errado por Alanís, supo que está noche iba a ganar. Porque llega un momento en el que esas cosas se saben. Y ahí, abrillantado por la entrada de Soro, encontró a Álvaro Vázquez. Es más que probable ya que Álvaro quizá nunca llegue a ser el delantero que apuntaba en sus primeros años profesionales, donde afilaba con éxito la delantera de la sub21 y la afición del Espanyol se ilusionaba con que fuese el heredero de su rey Tamudo, pero conserva una precisión para definir muy superior a la media de esta categoría… y de la plantilla.

Veremos qué dice Linares al respecto si termina llegando, pero la diferencia con Marc Gual en esta suerte es demasiado notoria como para no haber reparado hasta la fecha. Gual, delantero muy aprovechable y hasta candidato a la titularidad en segunda línea o acompañando a un nueve, no le conviene ser la referencia porque se hace demasiadas preguntas antes de disparar; mientras que Vázquez no se hace ninguna: primero dispara, luego acostumbra a celebrar y ya poco importa si luego se hace alguna pregunta al respecto. Exactamente eso ocurrió anoche, cuando un apurado e impreciso despeje del central Carlos Hernández tomó dirección hacia su propia área y dejó a Álvaro en un angulado mano a mano con el arquero Champagne. No parecía haber demasiado hueco, las urgencias eran máximas y los recuerdos poco halagüeños… pero Álvaro le encontró la red interior a la portería, porque ésa es la especialidad que le resume, que alimenta cada cierto tiempo a sus equipos y que se esfuerza por explicar lo inflamado de su ficha.

Quien acostumbre a escuchar los partidos del Real Zaragoza en Carrusel Deportivo Aragón le sonará la música de esta canción, ya que se viene advirtiendo desde el estreno de Víctor en el banquillo, contra el Extremadura, cuando ubicó a Vázquez en banda izquierda y a Gual de referencia ofensiva, con Pombo por detrás. Ahí, mientras alguna voz parecía afear que jugásemos a ser entrenador y la misma voz ayer celebraba que se hubiese descubierto el nueve de este equipo, creímos detectar el principal desajuste táctico de la propuesta de Fernández. Como las palabras se las lleva el viento, pese a la moderna existencia de los podcasts, y aquí el viento se fabrica, el artículo El mentalista de este mismo diario deportivo, en su antepenúltimo párrafo, es también testigo de ello.

Álvaro no acabó ahí su obra, pese a que su todavía escaso fondo físico, por haber regresado de una lesión muscular hace no tanto, lo convertía en candidato a ser sustituido, como el propio Víctor reconoció en sala de prensa. Tras tropezar con Champagne en una situación que debió ser gol o gol, gracias a una fantástica maniobra por banda del invisible Aguirre —Víctor lo considera como recambio de Lasure y el Zaragoza ganaría mucho vuelo ofensivo si se entendiese como lo que es: extremo o centrocampista por izquierda—, el agotado Vázquez sacó brillo a su espuela derecha para imitar la firma de un escorpión y cerrar un triunfo que pareció improbable tras el primer tiempo, imposible mientras Alanis tomaba carrerilla en el penalti, y muy posible tras el milagro cotidiano de Cristian Álvarez.

El Real Zaragoza vive y muestra cierta salud con su citada racha de diez puntos de los últimos quince en juego. Sólo el futuro dirá hasta dónde es capaz de llegar, pero siempre amanece con más luz cuando te defiende una araña y atacas con un escorpión.

Cefalópodo. Activista de imposibles renovables. Dueño, como nadador, de un diploma paralímpico único en Londres 2012. Único... porque no ganó más (50 espalda) y porque nunca nadie ha alcanzado uno igual: con 33 años y sin haber entrenado nunca antes de los treinta. Doctor Honoris Causa en México y conferenciante motivacional sin fronteras en www.delospiesalacabeza.org, regresa a la redacción deportiva tras fatigar teclados en Heraldo de Aragón y en As a principios del siglo

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