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Un cartel pagado por un aficionado de los Saints tras un error arbitral. / Foto: ZUMAPRESS.com/Cordon Press

Deporte USA

El árbitro, excusa perfecta para justificar la derrota

Los árbitros están convirtiéndose en la excusa perfecta para justificar los errores o las malas decisiones de los verdaderamente importantes

Últimamente, en los eventos deportivos se está generalizando la idea de excusarse detrás de las actuaciones arbitrales para intentar justificar un mal partido o una mala decisión. En el fútbol cada semana se estudia y se analiza minuciosamente cada decisión del colegiado en un partido para culpabilizarle, en cierta medida, del resultado final en el encuentro. Aunque en el deporte rey el uso del VAR es algo muy reciente, en muchos deportes también se cometen errores tras la revisión arbitral o sin haber acudido al monitor.

En la NFL, una liga en la que raramente se señala directamente a alguno de los siete árbitros repartidos por el terreno de juego, también esta temporada se ha puesto el foco en sus actuaciones. En los campeonatos de conferencia, que dan acceso a la Superbowl, dos acciones decidieron el pase a la final de los Rams y de los Patriots. El primer partido, el NFC Championship, que enfrentó a los Saints contra los Rams, tuvo la primera gran polémica. A falta de dos minutos para el final, ninguno de los árbitros vio una falta clara sobre el receptor del equipo de Nueva Orleans, Tommylee Lewis. El jugador de Saints se preparaba para recibir el balón cuando Nickell Robey-Coleman, defensive back de los Rams, sin preocuparse por el balón, placó al receptor y los colegiados consideraron la acción como pase incompleto.

Aunque a nivel arbitral no haya sido la mejor temporada en la NFL, el desacierto del colegiado no puede terminar siendo la justificación a todos los errores que también cometen los protagonistas de dicho evento deportivo. Al día siguiente de la nefasta decisión, la ciudad de Nueva Orleans despertó cabreada porque sus aficionados se sentían robados. Los periódicos locales acusaban directamente a los colegiados, incluso los paneles luminosos de las carreteras hicieron referencia a la polémica decisión. Lo fácil fue entrar en cólera por lo que señaló el hombre del silbato, pero ningún seguidor de los Saints criticó la decisión de pasar del entrenador de los Saints. Si en vez de pasar, el técnico hubiese elegido el juego de carrera, el equipo de Nueva Orleans hubiese consumido gran parte del reloj y la Superbowl la habría disputado su equipo.

La otra final de conferencia, Chiefs contra Patriots, tampoco se libró. Al equipo de Tom Brady le señalaron a favor un fuera de juego justo en el lado contrario en el que se estaba desarrollando la jugada. Aquellas acciones para muchos aficionados fueron las causas que mandaron a los Patriots a la Superbowl LII. La acción no causó tanto revuelo como la ocurrida en el Saints-Patriots, pero los colegiados reconocieron su error y pidieron disculpas por ello.

Como en la NFL, en la NBA también se han cometido errores que más tarde han sido reconocidos y lamentados por los protagonistas. El ejemplo más reciente es el de la última final de la NBA. El primer partido enfrentó a Golden State Warriors contra los Cleveland Cavaliers. En aquel encuentro, los árbitros a falta de dos minutos revisaron una acción polémica y acertaron. Aquella jugada, una falta en ataque clara de Durant sobre LeBron James debajo de la canasta, los colegiados decidieron revisarla. Cuando vieron repetidas las imágenes en los monitores, la falta era inexistente y la decisión fue acertada. El acierto y el gran uso del vídeo arbitraje no evitaron que horas más tarde del final del partido que la liga reconociera dos errores arbitrales que no se pitaron a favor del equipo de Cleveland.

Cuando faltaban escasos segundos para que el partido llegase al final del tiempo reglamentario, con empate en el marcador, J.R. Smith cogió el rebote ofensivo que pudo haber dado la victoria a los de Ohio si hubiese anotado. En cambio, el jugador pensó que iban ganando y se fue corriendo hacia el otro lado del campo. El partido se marchó a la prórroga y los de Oakland se llevaron la victoria. Ni mucho menos aquel partido se recuerda por los fallos de los colegiados, sino por la cómica acción que protagonizó Smith.

Sin irnos de los Estados Unidos, una fecha que se recuerda en la MLB como uno de los mayores escándalos arbitrales de la historia de las grandes ligas fue el 5 de octubre de 2012. Aquel día, los Atlanta Braves se encontraban con dos jugadores en las bases en la octava entrada del partido de Wild Card ante los St. Louis Cardinals. Tras un bateo de Andrelton Simmons en el que el tercera base y el jardinero derecho de los Cardinals se liaron y no cogieron la pelota al vuelo, los de Atlanta se quedaban con todas las bases completas para poder dar la vuelta al 6-3 en contra en el marcador a falta de una entrada, pero uno de los árbitros decidió aplicar, a pesar de la profundidad del golpe, la infield fly rule. Esta norma, que aplicó el colegiado como interpretación personal, anuló la jugada entera, por lo que la acción quedaba incompleta, Simmons era eliminado y los Braves se quedaban prácticamente sin opciones de remontada. Una decisión que no pasó desapercibida: el partido estuvo veinte minutos parado debido a las notables protestas de los integrantes de los Braves y de sus aficionados.

Dos años más tarde, en Las Vegas se enfrentaron Juan Manuel Márquez y Manny Pacquiao. Ante miles de aficionados congregados en el mítico MGM Grand Arena se vio un combate distinto al que vieron los tres árbitros encargados de dirigir la pelea. Cuando todo el público de Las Vegas celebraba la victoria del boxeador mexicano, dos de los jueces decidieron dar la victoria a al púgil filipino y el tercero vio empate. Aquella decisión inundó el ring de vasos y otros objetos lanzados por los fans cabreados por la decisión.

Como se puede comprobar, no solo aquí se cometen errores arbitrales. Los futbolistas fallan goles, los baloncestistas fallan canastas o lo entrenadores se equivocan en su toma de decisiones. Como todos ellos, los árbitros también fallan. Lo único que no se puede llegar a normalizar es el excusar una derrota con los fallos arbitrales.

Describe su cabeza como el garaje de Homer Simpson: siempre desorganizado. Le promete a diario a una Marge imaginaria llamada conciencia que luego más tarde lo organizará, pero nunca lo hace. Un sillón, su cerveza Düff, el mando a distancia y el televisor con retransmisiones deportivas son sus acompañantes en el día a día. En A La Contra encontró el lugar donde puede contar esas hazañas del deporte que tanto le gusta ver.

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