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Rojo y Messi celebran el gol que le daba el pase a Argentina I CORDON PRESS

Crónicas Matrioskas

Vivir con el alma aferrada

Pero ¡ay!, en las horas hondas del dolor, entre el abismo y la salvación, es donde Argentina se vuelve imbatible.

He repetido la sádica tradición de enviar un mensaje hasta Buenos Aires en los instantes previos a que Argentina saltase a la arena para enfrentarse con un tigre a pecho descubierto. Eso sí, esta vez, enfundada en mi camiseta de Argentina, porque ante todo, tengo corazón y memoria.

—»Os bancamos más que nunca».

—»Estoy llorando».

También predice el futuro. Qué mujer.

Quiero recuperar unas palabras de Eduardo Sacheri en El Heraldo respecto a la renuncia de Leo Messi a la albiceleste hace ya algún tiempo, que me vienen como anillo al dedo a esta hora: «Lo que sí ya te puedo comentar es que siempre parecía que la figura de Messi era poco literaria desde el punto de vista de que era todo tan perfecto… su vida, sus acciones y la consecución de sus metas, que parecía sin lugar para la literatura en el sentido de que siempre uno, cuando cuenta, cuenta algo que falta, y Messi parecía tenerlo todo. Pero en estos días quedó en evidencia que tiene un gran sueño incumplido, una gran frustración. Así que ya lo empieza a convertir a Leo en un personaje literario. Si no yo soy, seguramente alguien podrá aprovechar esa parte de la historia».

Quizá lo que le hacía falta Leo, era volverse humano. Sentimental. Literario. Leo nunca se ha dado cuenta a tiempo de que le falta algo para ser considerado entre los suyos como algo más que un producto acabado, bonito, como para ponerlo en la estantería y no volver a tocarlo por si se cae y se rompe. No puede haber nada más alejado del argentino que la perfección que se le presupone a Messi y que es la peor de sus maldiciones. Argentina necesitaba al niño que parió, no al hombre en el que se ha convertido. Soy yo quien aprovecha esa parte de la historia para justificar la clasificación de Argentina.

La historia empezó como se esperaba. No me digan que no daban por hecho que Argentina marcaría pronto, que los trapos se alzarían en el aire, que habría plano a Maradona dando gracias por el nacimiento de su hijo, un tal Leo Messi, secuestrado hasta la fecha y devuelto a la vida para la suerte de Argentina. La culpa de su protagonismo fue de Banega, que le puso un caramelo en la boca. Y por cierto, díganme un centrocampista de Portugal que le llegue a Ever a la suela de los zapatos. Pues eso, que lo mismo Leo no camina tan solo. Lo que sí me atrevo a aventurar es que necesita un beso en la frente para poder irse a dormir tranquilo. ¿Y quién no?

Lo de Sampaoli me impresiona. No ha apostado por jugarse la vida con su segundo mejor jugador, Dybala; pero sí con un cuñado, Mascherano. Y Argentina está en octavos. Si eso no es estar tocado por una varita, que baje Dios y lo vea. Argentina nunca tuvo papeles, así que no diré que los perdieron a raíz del penalti que provocó el jugador retirado. A partir de ese entonces, Argentina empezó a quedarse sin identidad, todo los rasgos esperanzadores que le reconocimos en el primer tiempo se fueron esfumando en cuanto que aumentaba la presión y se iba escapando el tiempo. Pero ¡ay!, en las horas hondas del dolor, entre el abismo y la salvación, es donde Argentina se vuelve imbatible. La albiceleste ha pasado a mejor vida gracias a Rojo. Yo me retiro, tengo alguien a quien oír llorar de alegría. Qué sensación tan bonita. Qué sensación tan argentina.

 

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

1 Comment

1 Comment

  1. Walter Montaldo

    27/06/2018 at 00:44

    Qué hermosa nota, Ire querida, me emociona que nos conozcas tanto a los argentinos. Gracias por poner en palabras todo nuestro sentimiento, nuestras sensaciones con el deporte mas bello del mundo. En este momento que las emociones son tremendas, que sentíamos el cementerio tan cerca y que en los tres minutos para el final explotaron nuestros corazones, tus palabras me reconfortan y me vuelven a la realidad. Gracias Ire, nuestra española tan argentina

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