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Riqui Puig durante un entrenamiento con el Barcelona I CORDON PRESS

Barcelona

Arthur y Riqui para perpetuar la especie

Del discurso culé deberían encargarse en los próximos años Arthur y Riqui, una combinación transoceánica para devolver al Barça a su esencia.

Digamos que nos asustaba el día después. La mañana en que el fútbol español se levantara sin Xavi e Iniesta, que más allá de sus diabluras en el Camp Nou, consiguieron hacernos felices a todos. Un manchego y un catalán que elevaron nuestro fútbol a cotas jamás soñadas y que terminaron perdiendo la única batalla que nunca se gana, la del tiempo. Ese amanecer llegó y asumidas sus ausencias, unos y otros buscaron en cada nuevo cromo un rasgo que los identifique, un perfil que les asemeje, una fotocopia en color de esos locos bajitos (Serrat dixit). Ocurre en el Barça, pero también en la Selección. Los culés llevan invertida una fortuna en ese brote verde que perpetúe el estilo. Apuntaron a la fantasía brasileña, pero la raíz estaba una vez más en casa.

Del país del Ordem e Progresso trajeron a Arthur Melo. Educado bajo la tradición del toque pausado y del cuidado de la pelota, identificaron en él a un devoto de las líneas de pase. Su talle bajo y su visión de juego para encontrar rendijas en defensas parapetadas predispusieron a la propaganda para su próximo hit. Rápidamente lo etiquetaron como el nuevo Xavi, un losa que ya sufrió el propio Xavi, que en su día fue el nuevo Guardiola, o el mismo Iniesta, que por pura cronología fue también el nuevo Xavi. Otros descarrilaron por ese precipicio, veáse Thiago. Quizá para confundirles, Arthur ha escogido el dorsal 8, que hizo infinito Iniesta.

A sus 22 años recién cumplidos, regalo de Supercopa incluido, es una demostración de carácter. También de respeto. Recoger el testigo de Andrés (aunque sea numérico) es una responsabilidad que no solo llevará a la espalda, también en sus pies. Si en el preámbulo de la temporada ha coleccionado elogios, también ha demostrado una alta capacidad de aprendizaje del lenguaje Barça. Por ahora se hace entender, pero todavía no se comunica con fluidez. Cuestión de horas de vuelo y de repasar el vocabulario del primer toque, sinónimo para gobernar el espacio y el tiempo. Con esas materias bien aprendidas podrá hacer carrera en Can Barça. Mientras tanto puede ganar tiempo con su disparo de media distancia, en eso sí que mejora ya a sus predecesores.

Tiempo es también la palabra más repetida en estos días para Riqui. Unos reclamando más minutos para él en el centro del campo, otros pidiéndole paciencia hasta que le llegue la oportunidad que, aseguran, va a llegar más pronto que tarde. Pero uno nunca puede estar tranquilo en un club que se cuestiona tanto a sí mismo y donde los giros de timón son más habituales de lo que dicta el discurso oficial. No siempre el balón ha sido el único protagonista en Can Barça, hace unos años que el juego de posición está en duda y que el fútbol neuronal de Riqui Puig, como lo definiría el compañero Quixano, se mira con desdén desde la planta noble. El fútbol va hacia lo físico, aseveran, mientras alicatan el ADN con músculo.

No es nuevo esto en la Ciudad Condal, donde hubo días en los que un cartel presidía la entrada al despacho de la secretaría técnica: “Si viene a ofrecer un juvenil de menos de 1,80 m, ya puede darse la vuelta”. De eso hace casi cinco décadas. Tuvo que llegar Laureano Ruiz para reconducir el fútbol formativo azulgrana y despojarlo de prejuicios trasnochados. Aquella decisión tardaría en germinar pero, Cruyff mediante, dio pie para juntar en un equipo a Iniesta, Xavi y Messi. Puig continúa la estirpe. Solo hay que verle dar dos pasos, espigado y menudo (no supera el 1,70), con cara de nativo digital. Denle un balón y no solo entenderán lo que dice, también verán que comunica su fútbol con fluidez. Lleva el abecedario de este juego en la cabeza, donde el tamaño no importa.

Ocurre que Riqui (Matadepera, 1999) tiene 19 años recién cumplidos. Y a esa edad el cuerpo te pide comerte el mundo, llamar la atención, saltar al terreno de juego sin complejos que atenacen tu rendimiento. Pero el fútbol moderno es cada vez más cruel con los canteranos demandándoles una paciencia y un aprendizaje que termina desesperando a más de uno. Solo los Hors Catégories tienen vía libre para derribar la puerta, aunque la clave sigue residiendo no solo en detectar ese talento, sino también en tener la valentía de estimularlo, desarrollarlo y, sobre todo,  ponerlo. En Barcelona el fútbol se ha vuelto timorato de un tiempo a esta parte. Influirá en ello el Profesor Segura, licenciado en Educación Física que entiende el fútbol a través de los parámetros más cercanos al músculo, el despliegue físico y los centímetros que al cultivo del talento. No es de extrañar por tanto que Riqui tuviera un pie fuera de Can Barça hace seis meses. En ese momento Segura comunicó a Carlos Puig, padre y representante de la criatura, que su hijo no daba la talla para continuar en el Barça. Una rápida actuación de Valverde evitó la enésima fuga.

El Txingurri, tal y como le prometió en febrero al chaval, se lo llevó a la gira y allí se ha ganado a todos. También a ilustres rivales como Gatusso o Massaro, dos milanistas de diferentes épocas que alucinaron con el desparpajo del niño: “Es un espectáculo, siente el fútbol, es algo parecido a la poesía”, dijo el técnico del Milan. Massaro le terminaría pidiendo una camiseta y haciéndose una foto con él. Solo faltó el anuncio: “Recuerden mi nombre”. En esos partidos por tierras norteamericanas el fino estilista demostró que a la fragilidad física se la regatea con astucia, anticipándose a los rivales y a los choques para dominar los espacios, cada vez más reducidos en el fútbol actual. Su toque Made in La Masía alterna ese primer pase de seguridad con la búsqueda de líneas de comunicación interiores. Riqui hizo todo eso con el 8 a la espalda y guiñando el ojo al futuro.

Hasta ahora se ha apostado por medir los tiempos, por pasos cortos pero certeros, por mucho que Puig siga golpeando la puerta con vehemencia a cada oportunidad. Valverde calma los ánimos y riega sin excesos los brotes verdes. No es cuestión de ahogar precipitadamente a la bandera de La Masía tan pisoteada últimamente por el propio club. Por eso a uno de los referentes —junto a Abel Ruiz— en el título de la Youth League que consiguió el conjunto azulgrana el pasado mes de mayo se le pide paciencia. Con esa premisa y renovado hasta 2021 con cláusula de 100 kilos, Riqui se dispone a cursar su particular master con los mayores, alternando sus estudios universitarios con el Barça B. El Gamper (18:15) será una prueba y un escaparate para ver de cerca su talento, para confirmar con mayores certezas si los parecidos razonables tienen fundamento y si la savia nueva revitaliza el discurso culé. De ello deberían encargarse en los próximos años Arthur Melo y Riqui Puig, una combinación transoceánica para devolver al Barça a su esencia.

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