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Arthur Ashe contra Connors en Wimbledon 1975. CORDON PRESS

Tenis

Arthur Ashe, una cara entre 32 millones

Treinta y dos millones de muertos. Cada 1 de diciembre se les recuerda en el Día Mundial de la Lucha contra el Sida. Treinta y dos millones de personas anónimas. Con alguna excepción que permite poner cara a la frialdad de las cifras.

Una de esas caras es la de uno de los jugadores más elegantes que se han visto sobre las pistas de tenis: Arthur Ashe. El ganador de los Abiertos de Estados Unidos y de Australia, de Wimbledon y de la Copa Davis. El primer hombre negro en hacerse con títulos de la máxima categoría.

En julio de 1970, en lo alto de su carrera, viajó a Barcelona para participar en un amistoso España-Estados Unidos. Un simulacro de Copa Davis disputado en el Real Club de Polo. España, con Manuel Santana, Manuel Orantes, Juan Gisbert. Los norteamericanos, con Arthur Ashe y Stan Smith.

España ganó 4-1. La victoria de Smith sobre Orantes fue el único punto que se anotó Estados Unidos.

Después de los dos primeros individuales y el dobles del domingo 5 de julio, los jugadores se fueron juntos a los toros. Toreaban Paquirri, Paquiro, Manolo Cortés y los rejoneadores Domecq y Lupi. Un buen cartel que no quisieron perderse.

Ashe se llevó su cámara. También en la plaza impresionó por su estilo impecable, como hacía sobre la cancha. Los tenistas parecen los únicos hombres de la plaza que no llevan un puro en la mano. Con los brazos apoyados sobre un mantón de manila, entre su acompañante femenina y Manolo Santana, el campeón vio correr la sangre noble de los toros.

Ese hombre de inmejorable aspecto sufría ya, sin saberlo, graves problemas vasculares. Sus arterias comenzaban a obstruirse. Nueve años después sufrió un infarto y necesitó un cuádruple baipás. Cuatro años más tarde, en 1983, requirió una segunda intervención y varias transfusiones de sangre. Una sangre no tan noble, infectada del virus VIH. Una fatalidad que le costaría la vida.

Ashe supo que tenía sida en 1988, pero lo mantuvo en secreto hasta 1992. Del mismo modo que se había partido la cara por los de su raza, al lograr que la Sudáfrica segregacionista fuera expulsada de la Copa Davis, o por los de su profesión, al impulsar la creación de la ATP, dedicó sus últimos años de vida a colaborar de forma incansable en las campañas de prevención del sida.

Otro 1 de diciembre, Ashe habló ante Naciones Unidas y pidió que nadie pudiera echarles en cara que no habían empleado «todos los recursos necesarios» para combatir la enfermedad.

Murió el 6 de febrero de 1993, a los 49 años, víctima de una neumonía. En este Día Mundial de la Lucha contra el Sida de 2019, que lleva por lema ‘Las comunidades marcan la diferencia’, la comunidad del deporte tiene una excusa para recordar el juego demoledor de saque y volea de Ashe. El hombre que devolvió todas las bolas menos esa que le envió, a traición, una enfermedad inmisericorde.

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