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Opinión

Aspas y la llamada de la tierra

Ha sido siempre un buen futbolista, pero solo es un genio en Vigo. Lo mismo le ha pasado a otros muchos jugadores, aunque muy pocos saben entenderlo.

Permitan la nota autobiográfica: ayer sábado, después de ver el partido del Barcelona, no sin cierta somnolencia (que Messi me perdone), decidí irme al gimnasio. Puede resultar pretencioso hacerles partícipes de mis costumbres deportivas, y hasta habrá quien lo considere un gesto de arrogancia; hay quien nos habla de sus hábitos gimnásticos para que apreciemos su cuerpo bien torneado, pero este no es el caso, pueden estar tranquilos.

La decisión no fue sencilla. Además de las perezas tradicionales, había partido del Celta. Y se jugaba la vida. A mis orígenes galaicos se suma que mi abuelo materno era socio del Celta, lo que establece un vínculo emocional con el equipo, aunque no demasiado férreo, como se puede observar. Es verdad que la situación del Celta era (y es) dramática, pero no lo es menos mi tonificación muscular.

Según me montaba en el coche (acto muy poco gimnástico) escuché el primer gol del Villarreal. Y al poco, el segundo. En ese instante, sentí que sería más fácil que se salvara mi cuerpo que el Celta. De vuelta a casa en el coche, descubrí mi error. Por la radio describían un paisaje de llantos en Balaídos, consecuencia de una remontada fabulosa, un partido histórico con un héroe que va camino de ser legendario: Iago Aspas.

En la previa del partido publicamos en A LA CONTRA un artículo de nuestro compañero Marcos Martín Reboredo, vigués y celtista, en el que nos descubría la figura de Cachamuíma, libertador de la ciudad de manos de Napoléon hace 200 años. En el artículo hacía una analogía entre el militar gallego y Aspas, para concluir que la Reconquista liguera era tan posible como lo fue la otra. Y puedo garantizar que lo escribía convencido. Llevo semanas advirtiéndole que el Celta se hunde sin remisión y su respuesta siempre es la misma: se arreglará con Iago Aspas.

Del optimismo del joven Marcos (un sentimiento muy poco gallego, por cierto) participaron los miles de aficionados que se dieron cita en Balaídos, convocados todos por la misma esperanza, el regreso de Iago Aspas. Lo que ocurrió ya lo saben: tuvieron razón. El delantero de Moaña marcó dos goles y el Celta remontó un partido que le hubiera conducido, casi con toda seguridad, a Segunda División.

El protagonismo de Aspas y su identificación casi mítica con el club que defiende sucede en la misma semana que supimos que Lucas Hernández ha fichado por el Bayern de Múnich. No pienso hacer ningún alegato populista al respecto. Lucas se ha marchado con las mismas expectativas y supongo que con la misma ilusión que Iago Aspas se fue al Liverpool, también con un considerable aumento de sueldo. No es eso sobre lo que quiero reflexionar aquí, sino sobre la pertenencia a una tierra. Y no hablo solo de una pertenencia sentimental, sino telúrica. Aspas ha sido siempre un buen futbolista, pero solo es un genio en Vigo. Lo mismo le ha pasado a otros muchos, aunque muy pocos saben entenderlo. Somos de un lugar y si nos alejamos dejamos se ser. Lo tuvo claro Cachamuíña. Así llamado por su aldea de origen, el héroe de guerra, Bernardo González del Valle, fue a morir en el mismo sitio que le dio nombre.

Según me contaron, el Real Madrid negoció el pasado verano con Iago Aspas y la operación no se cerró por diferencias económicas. Tiendo a pensar que Aspas incluyó una indemnización que le compensara por abandonar a su equipo y a su Ría, y el montante final resultó demasiado elevado, incluso, para el Real Madrid.

Saber volver es tan importante como saber marcharse. Hay jugadores que solo pueden adquirir grandeza en un club determinado y quiero creer que ese es un regalo que nos hace el fútbol, o la vida, o quien está detrás del mostrador. No todas las flores son trasplantables.

La condena es para los que dudamos. El próximo partido del Celta es el miércoles en Huesca a las 20:30, y a esa intempestiva hora yo me tendré que ir al gimnasio porque así me lo sugieren las meigas de alrededor y el abuelo desde arriba. A ellos dedicaré mi próxima clase de ciclo-tecno-bacalao.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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