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Fernando Rey

Atletismo

«Correr me hizo mejor profesor»

Fernando del Rey, que acaba de publicar ‘Retaguardia roja’, explica como se defiende en la vida un hombre dividido en cuatro: profesor, historiador, escritor y atleta.

Dice que envidia a los periodistas, «porque escribís, trabajáis a un ritmo supersónico». También dice que » un historiador no se puede comparar a un periodista». Pero, sobre todo, me recuerda aquella cita de Ramiro de Maeztu, uno de los históricos de la generación del 98, que decía que «escribir es entrar en tensión». Y él es Fernando del Rey, un historiador de 59 años, nacido en La Solana (Ciudad Real), catedrático en la Universidad Complutense de Políticas y atleta para toda la vida. Acaba de publicar un libro, ‘Retaguardia roja’, en el que intenta explicar porque » la gente se mató en la España de la Guerra Civil». Invirtió muchísimo tiempo en ello. Realizó más de sesenta entrevistas lo que, para mí, significa periodismo de investigación aunque él replique: «No seas exagerado».

Él es Fernando del Rey, un tipo nacido en La Mancha en 1960. El menor de cinco hermanos de una familia de la clase media en la que nunca olvidará «aquellas tardes de invierno en el pueblo. Aquellas historias que nos contaban en casa en la que solían salir los que habían matado en la Guerra Civil. Y te lo contaba gente que en esa época a lo mejor no tenía ni una radio. Y todo eso activaba tu  imaginación». Y con esto Fernando pretende explicar que » la imaginación también es fundamental»  para el historiador. Una herramienta más para llegar a la meta y que en su caso retrocede a la infancia, «a aquellos tórridos veranos de La Mancha en los que me encantaba leer y pasar horas leyendo porque en casa se leía mucho. Nos acostumbraron a ello».

De hecho, tiene una hermana «poeta y otra lingüista» lo que da una idea del escenario en el que se formó hasta llegar en 1977 a Madrid «para estudiar Geografía e Historia». Tenía 17 años y se instaló en un piso compartido con sus hermanos. Pero, sobre todo, había una diferencia en él. Realizaba » un diario» de su vida en el que contaba todo lo que le pasaba. Y pudo ser eso lo que le enseñó a escribir. O quizá fuese su afición a escribir cartas en una época en la que el mundo no se entendía sin cartas. O tal vez lo que él llama «cotillería por la historia» y que hoy inculca a sus alumnos en la Universidad a los que siempre avisa de antemano: «Yo sólo voy a castigar al vago».

Así que enfrente mía tengo a un hombre dividido en varios hombres: profesor, historiador y hasta padre al que cuando su hija tenía dudas acerca de lo que iba a estudiar le propuso «estudiar INEF». Porque este hombre que se maneja en la Universidad de Ciencias Políticas, es un fanático del atletismo como demuestra esa fotografía en sus tiempos jóvenes que abre este artículo. A su lado están dos piedras preciosas del atletismo español. A la derecha está Antonio Serrano. A la izquierda, José Luis González. Y en el centro está él, Fernando del Rey, que entonces pesaba 58 kilos y era un fondista de 15’00» en 5.000 o de 33’00» en 10.000 que competía «con un calzado horrible» en carreras  populares o en esos controles míticos de Vallehermoso.

«Hacía 80 o 90 kilómetros semanales. Pero sobre todo aprendí a ser metódico, a trabajar la fuerza de voluntad y a descubrir que lo mejor del atletismo es la gente», explica hoy al recordar lo que le llevó a correr. «Me impactaban las gestas de Mariano Haro, pero sobre todo hubo un hecho decisivo que fue cuando me pudieron gafas. Aquello ya no era compatible con jugar al fútbol y entonces me dediqué a correr. Entré en el Club de Atletismo de Valdepeñas que había montado Carlos Fidalgo, un fiscal que se sacó el título de entrenador nacional y que montó el club en honor a Caridad Ortega, una profesora de literatura que era atleta de velocidad y que se mató en un accidente».

El caso es que en la Universidad Complutense de Ciencias Políticas hay un profesor Fernando del Rey que insta a sus alumnos a que » salgan a correr»  a descubrir lo que este deporte puede hacer por nosotros y no quiere personalizar en nadie. «El cerebro se activa cuando uno se mueve y en ese sentido correr te aclara las ideas». La pena es que él ya no pueda hacerlo, » porque en 2003 me operaron de los dos meniscos y cogí miedo» a un deporte que adora. De hecho, él fue el descubridor en La Solana, de un chico del pueblo Antonio Serrano, que entonces tenía 14 años y que luego fue el primer español en bajar de 2 horas 10 minutos en maratón, «porque vi en una carrera, a la que vino después de la vendimia, que tenía unas condiciones fantásticas para correr». Hoy, la pena es que Fernando ya no puede correr.  A cambio, comenzó a andar que, aunque no es lo mismo, también le sirve «para aclarar ideas» antes de empezar a escribir o de colocarse frente a sus alumnos. El resultado es el hombre que hemos conocido levemente en este artículo y que ha invertido tanta vida en ese libro ‘Retaguardia roja’ (publicado por Galaxia Gutemberg) que ya está en las librerías.

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