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El Atleti ganó al Girona. / Foto: Cordon Press

Opinión

Sonidos y silencios

Con el silencio llenando cada pliegue del Atlético de Madrid, fue mucho más fácil percibir ese histerismo hostil que se reparte por la grada como bombas de racimo

Cualquier director de cine sabe que la música es un instrumento narrativo muy potente. Es más fácil que una mirada perdida transmita melancolía si de fondo suena algo de Nick Drake. Pero la música, como muy bien me dijo una vez un productor madrileño, es una sucesión de sonidos y silencios. La magia está en saber combinarlos. Ayer, en el Metropolitano, pudimos comprobarlo en primera persona.

La grada del fondo sur, que, queramos o no, es la que marca la dirección del ambiente en el Estadio, decidió ayer hacer huelga de animación. Era su forma de protestar por algo que ocurrió en la aciaga noche de Turín y que había pasado de puntillas por la rabiosa actualidad. Allí, nada más terminar el partido, los jugadores rojiblancos abandonaron la cancha sin tener tan siquiera el detalle de dirigirse a la grada visitante para agradecerles su apoyo. Dos mil personas (aproximadamente), que en ese momento estaban tan hundidos (o más) que los propios jugadores, se quedaron con las ganas. Dos mil colchoneros que, además de los ahorros, se habían dejado la garganta mientras se rompían por dentro. Dos mil rojiblancos que, en ese momento, representaban a la afición del Atlético de Madrid. El gesto fue feo. Muy feo. Lo que no tengo tan claro es que, dadas unas circunstancias tan especiales, sea justo sacar conclusiones categóricas a partir un hecho puntual y muy condicionado.

Si el Atleti, como institución, estuviese gestionado por profesionales con un mínimo de empatía con el aficionado (o un mínimo de sensibilidad), el problema se habría solucionado fácilmente. Una disculpa pública, una declaración desengrasante o incluso un tuit explicando el asunto, hubiesen sido más que suficiente. Estoy convencido. Pero no. Constreñidos por miedos y complejos atávicos, desde los despachos siempre van por detrás en estas cosas. Actúan como cajeros automáticos, fríos e insensibles, y se limitan extender obviedades mientras difunden silencio. Un silencio que, en el mejor de los casos, sirve para evidenciar que no se enteran de nada. Que únicamente entienden eso de los sentimientos de su afición como un eslogan para vender artículos de merchandising. Un silencio que, sin hacer demasiado esfuerzo, puede interpretarse también como desprecio. Y claro, cuando alguien se siente despreciado reacciona. Aunque sea de la peor forma o en el peor momento.

El silencio que flotó por el Metropolitano vistió de rareza a un partido que fue eminentemente raro. No sé si vino primero el huevo o la gallina, pero da igual. El ambiente, el frío, un árbitro lamentable, unos jugadores perdidos, un rival que sacaba rédito de la situación… Todo apuntaba al mismo sitio. Uno bastante desagradable. Deportivamente, los de Simeone volvieron a no estar muy finos. Regresaron al 4-4-2 clásico, aunque con una variante interesante en ataque que dejaba tres centrales atrás (Filipe hacía de tercer pilar) para que Saúl y Arias tomasen las bandas. No funcionó bien, pero no creo que fuese un problema de sistema. El equipo aparecía plano, lento y sin brillo. Sin intensidad. Sin esa personalidad que tanto echamos de menos cuando la pendiente empieza a inclinarse.

Con el silencio llenando cada pliegue del Atlético de Madrid, fue mucho más fácil percibir ese histerismo hostil que se reparte por la grada como bombas de racimo. Especialistas en hacer leña del árbol caído. Impacientes, replicantes y gruñones que seguramente siempre han estado ahí, y que ahora se ven reforzados por el calor del Aparato. Por lo que escuchan, por lo que ven y por lo que leen.

Pero el Atleti, que indudablemente anda tocado, sigue siendo un gran equipo de fútbol. Eso, no se engañen, es lo que mejor explica que acabasen ganando 2-0. Primero, porque las ocasiones del rival, un Girona voluntarioso y demasiado especulativo, se acabaron en el primer cuarto de hora. Después, porque los jugadores, por las buenas o por las malas, también querían ganar el partido. Parece que Koke va volviendo a lo que era. Saúl hizo un gran partido (seguramente fue el mejor) y esa es una buena noticia. Vitolo hizo unos minutos muy prometedores (aunque desgraciadamente eso ya lo hemos vivido antes) y Morata sigue transmitiendo buenas sensaciones. Griezmann camina con una nube negra sobre la azotea (no le sale nada), pero tuvo la personalidad de jugarse una vaselina en el último minuto de partido después de haber errado prácticamente todo lo que había intentado antes. Es decir, por aclarar, Griezmann siempre en mi equipo.

El Atleti sigue ganando. Ese es el mejor discurso. Del partido saco además otras tres conclusiones. Una: sería aconsejable que los dirigentes abandonasen el búnker en el que viven y escuchasen a sus aficionados (o a sus clientes, si así lo entienden mejor). Dos: el Atleti es un gran equipo al que sólo le falta compensar con algo más de personalidad la calidad que ya tiene. Tres: a los colchoneros nos sienta muy mal el silencio.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

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