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Morata, que debutó en el Metropolitano, se lamenta en una jugada del derbi. Foto: Cordon Press

Atlético

El Atlético se quedó en fuera de juego

Las bajas y el exceso de revoluciones sumadas a la contundencia del Real Madrid dejaron al equipo rojiblanco lejos de su mejor versión.

Cuando comenzó el derbi, pudimos ver como el Atlético de Madrid presionaba en campo contrario hasta la línea de fondo para ahogar la salida del Real Madrid. Vimos como Lemar añadía a su exquisita técnica ese exceso de revoluciones que solamente en su caso es positivo en este tipo de partidos. Porque en el Real Madrid la sangre fría es virtud y defecto, pero en el Atlético pasa lo mismo con la sangre caliente. Los que la tienen en el equipo de Simeone son Oblak y Rodrigo. El primero no pudo ser héroe como acostumbra, y el otro, tocado, tuvo su momento en la segunda parte, pero quedó claro que no estaba en las mejores condiciones. Su ausencia en el centro del campo, sumada a la de Koke, supuso la ausencia también del termómetro del fútbol rojiblanco.

Uno de los mejores momentos para los aficionados en estos partidos, sino el mejor, es la previa. Ese escenario en el que el seguidor de su equipo se imagina otros tantos escenarios en los que a su equipo le van mejor o peor las cosas, pero que normalmente suele acertar cuando lo que imagina es negativo. Al conocer la noticia de que Rodrigo no estaba en el once titular, ningún aficionado colchonero podía pensar que fuese por un motivo futbolístico. Al mismo tiempo eso da lugar a pensar y asumir el rango y la importancia que ha adquirido el 14 en el esquema de Simeone. Ahora mismo, después de Oblak y Griezmann, el mejor futbolista del equipo. Si Thomas no puede hacer de Thomas sin Rodrigo, Thomas tiene que hacer de Rodrigo, y Saúl tiene que hacer de Thomas. Tampoco estaba Koke para poner orden donde parece que no se necesita. Ninguno estaba.

Volvamos al exceso de revoluciones. Ese en el que Lemar estaba camino de su mejor versión, pero que quedó anulado con el gol de Casemiro, por el cual ese exceso se sumó al resto del once rojiblanco. Ahí Lemar y Correa deberían haber sido protagonistas, pero cuando los más vivos están rodeados de otros que cuando parecen muertos resucitan pasan desapercibidos. En la previa, todos pensaban que el exceso de revoluciones estaría vestido de blanco, situado en la banda izquierda y con el 28 a la espalda, siendo el mayor peligro para la defensa rojiblanca. Lo fue con Giménez. Lo fue con Godín. Pero no con Arias, que volvió a cuajar otro gran partido precisamente en la faceta defensiva. Y ya van unos cuantos.

Ese es el jugador que debe definir el patrón del Atlético de Madrid de cara a próximas fechas si quiere estar en la pelea hasta el final. El de Rodrigo y el de Arias. Trabajo y personalidad. Trabajo no le falta al equipo de Simeone, pero sí personalidad. Quizá cuando la suerte con las lesiones acompañe y esa personalidad se trasmita en el campo, será capaz de superar partidos como el último derbi frente al Real Madrid. De hecho, si consigue juntar esos factores a su favor, es difícil que no supere al rival que tenga delante. Siempre que no sea tarde.

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