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Filipe celebra el gol marcado ante el Villarreal. Carlos Sanchez Martinez/Icon Sportswire/Newscom / Cordon Press

Atlético

No todo es tan sencillo de explicar y en Boston hace frío en invierno

Vivimos en unos tiempos en los que todo lo que no sea ganar parece una tragedia pero personalmente me niego a navegar en ese barco.

El fútbol es algo tan complicado que, después de más de cien años de evolución, seguimos asistiendo a cosas inexplicables. Por alguna razón, que no creo que esté relacionada con la dirección deportiva, hay equipos a los que ciertos campos se les resisten. El Estadio de la Cerámica es uno de esos campos para el Atlético de Madrid. Desde que una victoria rojiblanca en Villarreal durante la última jornada de Liga de hace unas temporadas hizo que que el Submarino Amarillo tuviese que jugar en Segunda División, cada nueva visita rojiblanca es una pesadilla para los colchoneros. ¿Por qué? No lo sé.

El Villarreal afrontaba el partido tocado y cuestionado. Coqueteando con las posiciones bajas de la tabla y sin haber ganado todavía en su estadio. Nada de eso se vio sobre el césped. No sólo dio la cara frente el Atlético de Madrid sino que fue claramente superior en muchos tramos. No por tener el control del balón, como reclaman los iconódulos, sino por todo lo demás. Ay, si jugasen así siempre, pensarán los aficionados castellonenses.

El partido comenzó con la sorpresa (relativa) de ver cuatro mediocentros en la alineación titular del Atleti. Es muy probable que si yo les digo que no entiendo que Simeone juegue con cuatro mediocentros, cosa que es verdad, usted sienta una gran empatía conmigo. Se lo agradezco, pero habría que poner algunas cosas en perspectiva. Simeone, como entrenador, lo ha ganado todo. Yo no. Es decir, debe saber lo que hace. La primera parte fue un ejercicio de músculo e intensidad que quedó en tablas. Es difícil saber si se hubiese desarrollado de otra forma con otros jugadores sobre el campo. Sinceramente, lo dudo. El partido estaba abocado a eso. Fíjense que Javier Calleja también cambió su tradicional 4-4-2 para colocar un 4-2-3-1 y así reforzar el centro del campo.

Apenas hubo ocasiones en esa disputada primera parte en la que el dominio fue alterno. Lo que sí que hubo fue una mano dentro del área que pareció evidente en directo y también en diferido. Otra cosa es la interpretación, claro. Algo que para mí es como el arte abstracto. A veces me fascina y otras me parece una broma.

La segunda parte fue diferente. Empezando porque Simeone realizó dos cambios en el descanso, lo que es tremendamente raro. Dos cambios que reducían el cuatrivote a doble pivote. Dos cambios que hubiesen firmado los amantes del fútbol «alegre» (y yo), si no fuese porque Rodrigo fue uno de los damnificados. Injusto. La sensación que me queda es que los galones legítimos de Saúl y Koke no deberían computar en ocasiones así.

La idea con los cambios era la de hacer el equipo más dinámico, más ofensivo y poder tener mejor control del balón. El problema es que no lo vimos porque el Atleti se adelantó rápidamente en el marcador (¡con Filipe Luis marcando de cabeza!), y ya sabemos que el Atleti es siempre otro equipo cuando se pone por delante.

Quejarse de que el equipo de Simeone se hace compacto cuando marca antes que su rival es como quejarse de que en Boston hace frío en invierno. Es tan real y tan lícito como inútil. Es así. Nos guste o no. Mi sensación, llámenme optimista, es que la intención primigenia no es la de encerrarse sino la de jugar más juntos. Reducir los riesgos para jugar en el centro del campo, salir con espacios y sobre todo no pasar apuros. El problema es que la realidad suele llevarnos hacía un panorama bien distinto en el que el equipo acaba defendiendo en la frontal del área y es incapaz de salir con el balón.

Con todo, creo que hasta el gol del empate el partido (que no el balón) estaba controlado. Desgraciadamente esa jugada, motivada por un despiste completamente inusual de Saúl, no sólo puso el 1-1 en el marcador sino que agrandó al equipo levantino y anuló al rojiblanco. Desde ese momento, no antes, el Villarreal pasó por encima de los de Simeone. Mientras unos se iban a por el partido a base de pases y triangulaciones, los otros, aturdidos, achicaban agua.

En un partido jugado con humanos, los locales se hubiesen llevado la victoria. Desgraciadamente para ellos en la portería visitante jugaba una especie de extraterrestre esloveno que está muy por encima de sus colegas de profesión.

Vivimos en unos tiempos en los que todo lo que no sea ganar parece una tragedia pero personalmente me niego a navegar en ese barco. Viendo el partido y olvidándonos de cualquier otro contexto, creo que el resultado es razonable. Decía Simeone al final del partido que estamos en una Liga en la que nadie regala un punto. Creo que tiene razón. Bendita Liga si consigue continuar así hasta el final.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

1 Comment

1 Comment

  1. Eduardo

    23/10/2018 at 10:53

    Un cariñoso reproche al párrafo inicial, después del gol que certificó el descenso a segunda del Villarreal, el Atleti tuvo una victoria en el Madrigal con aquel maravilloso gol a la contra de Fernando Torres en la temporada 2014-15.
    Saludos

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