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Avengers Endgame

Cine

‘Avengers: Endgame’ y los finales felices

‘Avengers: Endgame’ no va de nada, para el tiempo para recrearse en su propia mitología interna.

Me gusta el cine usado como terapia. Buena o mala. A veces, de choque. Hay películas que nos dan aquello que necesitamos en el momento preciso, algunas que nos destruyen y otras, simplemente, nos dan lo que hemos venido a buscar, un momento de placer, de evasión, de disfrute pasajero. Avengers: Endgame se salta las normas, no tiene un plan, solo una misión emocional, poner el punto y final al MCU por todo lo alto y arrancarnos un par de lágrimas para la satisfacción personal de sus creadores y de un Stan Lee que hace una mueca divertida desde el cielo. Avengers: Endgame se consume acompañada de tres mil toneladas de palomitas, no de un manual de estilo complejo. Joe y Anthony Russo, junto a los guionistas  Christopher Markus y Stephen McFeely (viejos conocidos del universo Marvel), nos sirven un desenlace made in Hollywood, épico, íntimo y lacrimógeno. Por esa última media hora, este viaje espacial que ha durado tantos años ha merecido la pena.

Avengers: Endgame no va de nada, para el tiempo para recrearse en su propia mitología interna. Infinity War ya hizo todo el trabajo con ese final devastador en el que Thanos parecía haber ganado en el tiempo de descuento al apoderarse de las seis Gemas del Infinito y haber asesinado a la mitad del planeta.  Infinity War  nos hizo reflexionar sobre lo que es la pérdida irreparable e irreversible, o al menos, eso creíamos hasta que ha llegado a nosotros Endgame para decirnos que no, que ninguna ausencia es eterna, que algo queda, que la huella de aquellos a los queremos y hemos perdido vive en cada uno de nosotros y que la esperanza puede ser un arma mucho más poderosa que seis piedras preciosas en manos equivocadas. Aceptamos la derrota porque sabíamos que, al final, ganaríamos de una forma u otra.

El desastre, el caos o los fuegos artificiales mutan en silencio durante buena parte de Avengers: Endgame, porque insisto, ya no nos interesan lo más mínimo los enfrentamientos puntuales. La película va rellenando todos los huecos vacíos de su memoria. Bruce Banner (Mark Ruffalo) ha encontrado una manera de coexistir como un pseudo intelectual humano tranquilote con la apariencia de Hulk. Thor (una vez que recibe el alta de alcohólicos anónimos) se reconcilia con la memoria de su madre, Frigga. Tony Stark hace lo propio con su padre, Howard (John Slattery). En Endgame no hay impacto narrativo, es una película hecha para el disfrute y para la diversión, para el espectáculo más puro. Y su fórmula entre lo cómico y lo serio, lo terrenal y lo extraordinario, es irresistible. Sin sus guiños cómicos, el drama perdería fuerza. Pero también, sin ese toque serio en lo que concierne al bien y al mal, con personajes rebosantes de valores e ideales, la comedia sería ridícula y los arcos narrativos de tantos y tantos personajes, triviales. Es en ese equilibrio perfecto entre las sonrisas y las lágrimas donde Avengers: Endgame encuentra su hueco en la historia y nos enseña que los finales (casi) felices también son realmente felices si sabemos buscar los matices. El final ha llegado, pero Los Vengadores ya son eternos. ¡Excelsior!

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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