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Real Madrid

Bale: seis años de luces y sombras

Cuando se eche la vista atrás para recordar a uno de los mejores Madrid de todos los tiempos, será imposible pasar por alto la figura de Bale.

De ídolo del Santiago Bernabéu a cargar con un cártel de ‘Se Vende’ pegado en la frente. Gareth Bale iba a ser el sucesor de Cristiano Ronaldo y ha acabado escuchando en boca de su propio entrenador cosas como que “si su salida se produce mañana, mejor”. El extremo galés está viviendo sus horas más inciertas desde que es jugador del Real Madrid. Zidane ha dejado claro que no cuenta con él para su nuevo proyecto. Sin embargo, no se atisba en el mercado europeo un equipo que pueda hacer frente a una operación de semejante magnitud. Las puertas del fútbol chino, una opción muy comentada en las últimas semanas, se han cerrado definitivamente. Van pasando los días y Bale parece resistirse a escribir el punto final de una historia que de momento lleva seis años… de luces y sombras.

Las dificultades que encontró Florentino Pérez para firmar al galés fueron más o menos similares a las que ahora está teniendo para darle salida. Las oficinas de Concha Espina echaron humo en el verano del 2013. La entonces estrella del Tottenham, nombrado mejor futbolista de la Premier League, era el objetivo marcado en rojo y la ilusión de todo el madridismo. Su contratación no se hizo oficial hasta el 1 de septiembre. Sacarlo de los Spurs costó 90 millones de euros… y dos meses de negociaciones con el presidente del club, Daniel Levy, uno de los huesos más duros de roer del mercado futbolístico. Alrededor de 20.000 aficionados acudieron a la presentación de Bale en el Bernabéu. Las expectativas estaban disparadas.

El primer tanto del galés con la camiseta blanca coincidió también con el día de su debut. Fue en un encuentro liguero ante el Villarreal en El Madrigal. Su primer título fue espectacular. El Madrid había alcanzado la final de la Copa del Rey y el rival era el Barcelona. Con empate a uno en el marcador y a falta de cinco minutos para el final, Bale protagonizó una galopada impresionante desde su propio campo para dejar por los suelos a Bartra y batir por bajo a Pinto. Aquella carrera será una de las primeras imágenes que se le vengan a la cabeza a los aficionados merengues cuando recuerden el legado del delantero británico. Probablemente más incluso que el gol que marcó para poner en ventaja al Madrid en la final de la Champions de Lisboa ante el Atlético. Eclipsado por el testarazo de Sergio Ramos en el tiempo de añadido, el tanto de cabeza de Bale fue fundamental para terminar de derribar la muralla colchonera y añadir la décima Orejona a las vitrinas del Bernabéu.

El segundo año del galés en el club blanco arrancó en casa. El Madrid inauguró la temporada en Cardiff con la Supercopa de Europa en juego. No marcó gol ante el Sevilla, pero salió de inicio y gracias a un doblete de Cristiano Ronaldo pudo celebrar un título continental en la capital de su país y la ciudad en la que nació. Sí vio puerta en la siguiente final que disputó, la del Mundial de Clubes de 2014. Bale anotó el segundo y definitivo tanto del encuentro ante San Lorenzo de Almagro. En honor a la verdad, el portero argentino contribuyó con un error clamoroso a que aquel inocente disparo raso acabara colándose dentro de la red. Para un jugador tan castigado por las lesiones, su segunda temporada en el Madrid fue la más benevolente de todas en el apartado físico. Apenas se perdió ocho encuentros, por los diez en los que causó baja el año anterior. El no ganar ninguno de los tres títulos importantes provocó la destitución de su primer entrenador en España, Carlo Ancelotti.

La llegada de Rafa Benítez al banquillo blanco se interpretó como un voto de confianza a Bale. El técnico español planeaba desplazarlo de la banda a la mediapunta del ataque y darle más protagonismo en el juego. Se esperaba que fuese el año de su estallido definitivo. Sin embargo, el de Cardiff terminó perdiéndose 18 partidos por culpa de las lesiones, los mismos que en sus dos temporadas anteriores. A principios de enero de 2016, el Madrid anunció el despido de Benítez y la contratación de Zinedine Zidane como entrenador del primer equipo. El francés no escondió su gusto por el galés. De hecho, llegó a afirmar que si los tres miembros de la BBC estaban bien, “jugarían siempre”. Como ha pasado el tiempo… A pesar de los problemas musculares, Bale supo recuperarse bien y llegar a la recta final de la temporada en optima forma. Hasta el punto de que terminó jugando los 120 minutos que duró la final de Champions de Milán. De hecho, marcó el tercer penalti de la tanda en la que el Atlético cayó derrotado por segunda ocasión en tres años ante los vecinos de la capital.

El mejor año de Bale en lo colectivo fue también el más negativo en lo individual. El Madrid ganó un doblete espectacular de Liga y Champions, aunque el británico pasó más tiempo en la grada que en el campo. Tuvo participación en 27 partidos, mientras que estuvo de baja en 29, la mayoría debidos a una lesión en el tobillo derecho que sufrió en el mes de noviembre de 2016, además de otra en el soleo izquierdo en abril de 2017. Por primera vez desde que aterrizó en la capital española fue suplente en una final de la Champions. Un encuentro especial, más allá de por el titulo que estaba en juego, porque se disputaba en Cardiff. La progresión de Bale en el Madrid, lejos de ir en aumento, se cortó de raíz. Todo lo contrario de Isco, que subió como la espuma. Zidane sentó al delantero británico para colocar al mediapunta malagueño y así reforzar el centro del campo. El resultado de 4-1 y el juego que practicó el equipo reforzaron la decisión del francés. Bale entró al campo a falta de diez minutos para el final… cuando todo estaba vendido.

La suplencia del galés fue la confirmación definitiva de que ya no era imprescindible en el ataque blanco. Por aquel entonces ya se había asumido que el Madrid jugaba mejor al fútbol con cuatro centrocampistas. Había que sacrificar a uno de los tres miembros de la BBC… y Bale siempre salía como el principal señalado de las encuestas. Las molestias en el soleo persistían y la confianza de Zidane cayó en picado y la importancia de Bale se redujo drásticamente. Su ciclo en el Madrid se puede resumir en las cuatro finales de Champions que ha disputado hasta la fecha. Las ha ganado todas. Sin embargo, en las dos primeras fue titular y en las dos siguientes suplente.

Eso sí, en la última ante el Liverpool, en Kiev, aunque no jugó de inicio, fue el hombre de la noche. Un par de minutos después de saltar al campo, pasada la hora de juego, se elevó por encima del resto de jugadores reds para firmar un gol de chilena antológico. Probablemente el mejor de su carrera y, junto a la galopada ante Bartra, la jugada que más se recordará de sus años en el Madrid. Su segundo tanto fue menos estético… por no decir que fue fruto del regalo de un Karius que vivió su noche más amarga en el fútbol. Nada más acabar el partido, Bale compareció ante los medios de comunicación para poner en duda su futuro en el club si no gozaba de más protagonismo. Eso sí, su reivindicación egoísta en un momento de felicidad para el madridismo pasó desapercibida porque otro protagonista estaba eclipsando todos los focos. Sólo podía ser Cristiano Ronaldo. El crack portugués anticipó su marcha del equipo el mismo día en el que el Madrid ganó su cuarta Champions en cinco años…

La salida de Cristiano coincidió también con la de Zidane, quien lo anunció contra todo pronóstico unos días después. La directiva merengue firmó a Julen Lopetegui como sustituto del francés. Sin embargo, se olvidó de cubrir la vacante que dejó libre el goleador luso. Un lustro después de su llegada, había llegado la hora de Bale. Cristiano ya no estaba y el galés contaba con la confianza plena de Lopetegui. Se llegó a decir incluso que iba a ser el nuevo líder del Madrid. De eso hace apenas un año… La última temporada del conjunto blanco fue una de las más mediocres en su historia reciente. De Lopetegui a Zidane pasando por Solari. Tres entrenadores y fuera de la lucha por los tres títulos importantes a las primeras de marzo. A Bale se le presentó con caché de galáctico. Estaba llamado a hacer de Cristiano cuando el portugués faltase. Sin embargo, en la temporada en la que debía dar la cara no estuvo a la altura. Muchos aficionados centraron su ira en el británico. Se convirtió en el blanco fácil. Su salida del Madrid este verano parecía cantada. Era uno de los nombres en la lista de bajas de Zidane.

Bale ha ganado 14 títulos en sus seis años como merengue. Si bien sus números son realmente buenos, con 102 goles y 65 asistencias en 231 partidos, la sensación más allá de la estadística es que el jugador nunca terminó de rendir a su máximo nivel. Una relación aciaga con las lesiones le privó de sacar a relucir todo su fútbol. A la espera de una oferta que satisfaga sus elevadas pretensiones económicas, su marcha del club ya no se presenta tan clara. Por las palabras de su representante, el siempre controvertido Jonathan Barnett, se entiende que el galés no tiene ninguna prisa por hacer las maletas. Hasta parece decidido a luchar por una última oportunidad. La despedida, si finalmente se produce, tendrá un sabor amargo por cómo se está fraguando. No obstante, cuando se eche la vista atrás para recordar a uno de los mejores Real Madrid de todos los tiempos, será imposible pasar por alto la figura del Expreso de Cardiff.

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