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Política

El Barça cambia el himno

«Mientras una parte de la sociedad catalana ha sobrepasado la línea roja de considerarse el único adalid del “poble”, aparece el Fútbol Club Barcelona repartiendo carnets de buen y mal barcelonista».

El himno del Barça fue compuesto en 1974 por los barceloneses Josep Maria Espinàs y Jaume Picas, a cuya letra puso música Manuel Valls (primo del padre de Manuel Valls, actual concejal de Barcelona). Una canción que habla (o hablaba) de la integración de toda la familia culé: la de Barcelona, la del resto de Cataluña, la del resto de España y la del resto del mundo. Una de sus estrofas más recordadas reza tal que así: “Tan se val d’on venim, si del sud o del nord ara estem d’acord, una bandera ens agermana”, recordándonos que daba igual de donde vinieses, si del sur o del norte, porque estábamos de acuerdo en que la bandera blaugrana hermanaba a millones de barcelonistas. Sí, millones. De diferentes lugares. De diferentes orígenes. Con diferentes inquietudes. Y, por supuesto, con diferentes pensamientos y opiniones. Sobre cualquier tema. Incluida la sentencia sobre el procés.

Pero tras el comunicado oficial del FC Barcelona respecto a dicha sentencia, quizá sí importa de dónde vengas. Y por supuesto, lo que opines. Cualquiera que haya trabajado en el departamento de comunicación de una gran empresa y/o institución (y el Barça cumple ambos requisitos), sabe que esos comunicados oficiales no se improvisan. Ni se escriben en cinco minutos. Más bien al contrario. Se estudian. Se cuida al detalle cada expresión, cada palabra, cada giro lingüístico. Y hasta se tiene en cuenta el timing: ¿realmente era necesaria esa rapidez en ser la primera institución catalana en pronunciarse sobre las condenas del Supremo? ¿Había que mostrar con tanta clarividencia y urgencia de qué lado o al servicio de quien se está?

En dicho comunicado el club, además de sugerir una amnistía y/o indulto para los condenados, expone que “la resolución del conflicto que vive Cataluña pasa, EXCLUSIVAMENTE, por el diálogo político. La cárcel no es la solución.” Exclusivamente. Así que la solución era tan sencilla como decirles a algunos políticos que no promulgasen leyes inconstitucionales. También estaba la posibilidad de proponerles, mediante el dialogo —eso siempre—, que no malversasen. Sugerirles, incluso, que tuviesen en cuenta que había un Estatut y una Constitución vigentes antes de actuar. Si les parecía bien, claro. Porque si hacían lo contrario, siempre se podía dialogar. Y porque si uno mira con los ojos cerrados, bien cerrados, durante aquellos meses de 2017 no pasó nada. Nada. Nunca pasó nada. Nadie hizo nada. Pero nada de nada. Por eso, la mejor solución siempre será el diálogo. Concretamente un diálogo puigdemontiano: o bien se hace lo que yo digo o bien se hace lo que a mí me da la gana (“o referéndum o referéndum”). Porque como en toda democracia que se precie, la opinión de dos millones de personas es más importante que la de 45. Diálogo. Sí. Para besugos. Como los que escribía el famoso periodista barcelonés Armando Matías Guiu.

Así que cuando una parte de la sociedad catalana ha sobrepasado la línea roja de considerarse el único adalid del “poble” (designados por ellos mismos), llegando al punto de no considerar catalán a quienes no opina como ellos, aparece el Fútbol Club Barcelona, repartiendo carnets de buen y mal barcelonista. Que haya decenas de miles de socios y millones de simpatizantes, entre los que me incluyo desde hace más de 35 años, que tienen su propia opinión sobre el tema no parece haber importado lo más mínimo. Se autoproclama el club como “una de las entidades de referencia de Cataluña” con un comunicado que lo convierte en la referencia de tan solo una parte de la misma. O de la que está más cercana al poder. Aboga por el diálogo, sembrando la división. Así que mientras el club redacta otro comunicado oficial ante cualquier próxima sentencia judicial sobre casos de corrupción, malversación, terrorismo o cohecho, que sirva de guía moral a los “barcelonistas de bien”, los herederos de Espinàs y Picas bien podrían comenzar a valorar si no sería mejor cambiar esa parte de la letra del himno que hablaba de hermanamiento por un más real y actual “una bandera ens separa».

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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