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Barcelona

Una pesadilla recurrente

Esta vez, lo peor no fue el juego desplegado por el equipo o la nula respuesta cuando el viento sopla en contra. Lo peor fue la desidia.

No solo en Halloween reviven los muertos. También las peores pesadillas. El Barça volvió a vivir una situación similar a lo vivido el curso pasado en Anfield, cuando en apenas siete minutos vio como el Levante le remontaba el partido. Y en esta ocasión lo peor no fue el juego desplegado por el equipo o la nula respuesta cuando el viento sopla en contra. Lo peor fue la desidia de unos jugadores que parecen haber dejado la Liga en segundo plano a la espera de retos mayores. Mientras tanto, las certezas de este inicio de temporada, básicamente dos: De Jong y Ansu Fati, se van diluyendo y las incertidumbres crecen alrededor de Ernesto Valverde, eterno señalado por todos. Al menos en el Ciutat de Valencia se empezó perdiendo desde el césped y se acabó claudicando desde el banquillo. Allí estaba el Txingurri impasible, manos en los bolsillos, mientras Luis Suárez se dolía del sóleo.


Un mar de dudas en el centro del campo


Dijo Ernesto Valverde nada más terminar el encuentro que «fuera de casa nos juegan fuerte y ahí sufrimos». La tónica se viene repitiendo desde hace tiempo y el síntoma habla también de un equipo sin personalidad, que se tambalea cuando el rival lo agita, lo tutea, le pierde el respeto. Hace tiempo que el Barça dejó de gobernar los partidos desde el centro del campo, por más que siga teniendo piezas para ello. En el Ciutat de Valencia la respuesta para sufrir menos fue Vidal, un jugador contra cultural en el Barça que aporta cualidades (intensidad, derroche físico, juego aéreo) al equipo pero pocas soluciones. Nunca o casi nunca se sufre menos con Vidal, si acaso suma en el desgobierno que propicia el equipo rival. El chileno sirve para nivelar un intercambio de golpes, pero nunca para tomar ventaja en las partidas de ajedrez. No, ni siquiera los días que abre el marcador.

Ahí la única certeza sigue siendo Frenkie de Jong, al que no le están facilitando la aclimatación con tanto cambio de posición. El neerlandés se muestra más suelto como interior, con menos obligaciones defensivas y sobre todo posicionales, que como mediocentro puro, tal y como actuó ayer en Valencia. La etiqueta (colgada por parte de la directiva) de ser el sustituto de Busquets está confundiendo a más de uno, incluido Valverde. Porque si alguien ha demostrado rigor posicional y lectura de juego para suplir a Busquets, ese ha sido Rakitic. El croata ni siquiera saltó a calentar ayer cuando el partido se ponía cuesta arriba.

Mientras tanto a Arthur le pesa su intermitencia y su escasa resistencia física. De los 7 partidos de Liga que ha disputado solo en dos completó los 90 minutos. Y eso que nadie esconde mejor la pelota en la plantilla culé que el brasileño. En el Ciutat de Valencia jugó 66 minutos y su recambio fue Ansu Fati. Valverde quemaba así sus naves, en busca de una remontada que nunca llegó. La respuesta ante la deriva que tomaba el partido no fue más control de balón. Valverde optó por más delanteros obligando a que fuera Messi quien retrasara su posición para surtir de balones a esos delanteros. Con todas esas trabas casi consiguió el argentino fabricarse un gol él solito. Lástima que Griezmann partiera en fuera de juego en el inicio de la jugada. Metáfora perfecta de su, hasta ahora, estancia en Barcelona.


Los No laterales del Barça


Resulta desolador comprobar que en los laterales, varios millones de inversión después todo se reduce a Sergi Roberto, que no es lateral, y a las incontables oportunidades a Semedo. Si el portugués puede cumplir en los días más lúcidos como un buen defensor escorado en la banda derecha, suena a cabezonería insistir con él como alternativa a las lesiones/descansos de Jordi Alba. Porque la profundidad y los desmarques de ruptura para abrir la defensa rival brillan por su ausencia. Poco o nada debió escuchar Valverde a su homólogo en el Barrio de Orriols. Paco López había dicho en la previa que el Barça conseguía sumar desde la tercera línea, gracias a la profundidad de los laterales. Eso lo consigue fundamentalmente Jordi Alba, ausente hoy. Junior Firpo ni se vistió. El trabajo de un entrenador también es potenciar a tus jugadores y con el Txingurri, el tantas veces reclamado sustituto de Jordi Alba mengua, en lugar de crecer.


A vueltas con el 9


Nunca sabremos cómo hubiera evolucionado el partido si Luis Suárez no se hubiera lesionado. Pero lo cierto es que sin el uruguayo sobre el campo el Barça perdió poder de intimidación. Su recambio, Carles Pérez se fue apagando a medida que avanzaba el partido y si en un principio dio profundidad y sentido a los ataques por la banda derecha, su participación terminó siendo intrascendente. Fue Messi quien ocupó los terrenos del (falso) nueve tras la marcha de su amigo, con Griezmann clavado en la izquierda. En la reanudación la defensa granota vivió sin sobresaltos hasta la fase final del encuentro. Messi no encontraba al francés y viceversa, por lo que el Barça cada vez se aculaba más. Nadie estiraba al equipo, ni por dentro ni por banda, lo que facilitaba la presión del Levante.

Cuando se fichó a Griezmann, el staff técnico estaba convencido de que el francés era el mejor recambio para Luis Suárez. No solo por su capacidad de sacrificio aprehendida en sus años como colchonero, sino también por su lectura del juego, sus apoyos para desatascar el juego y finalmente su olfato de gol. Esos cálculos no parecen muy atinados viendo el rendimiento del galo como azulgrana. Quizá lo más destacable hasta ahora (también en el partido frente al Levante) sea su compromiso defensivo, y el poco peso de sus acciones ofensivas.

Mucho más incisivo resultó Ansu Fati, quien zarandeó al Barça desde el costado con un par de jugadas y un disparo que se marchó lamiendo el palo. Su ilusión y ganas resultaron estimulantes ante la desidia y autosuficiencia demostrada por la mayoría de sus compañeros. De esa quema se volvió a salvar De Jong, otro de los nuevos (sin heridas recientes), y Messi, hoy menos participativo que de costumbre. Pocos brotes verdes para un equipo que agita el fantasma de Anfield en cada derrota. Lo único positivo para los de Valverde es que estos descalabros han llegado esta temporada en otoño, cuando los errores tienen solución. Más aún si los rivales directos siguen disparando al aire.

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