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El triunfo de las ideas

Lo que debe hacer el Barcelona es obstinarse en tener éxito confiando en su ADN.

El gol de Hamraoui es la culminación de varios años de planificación. Que a nadie se le olvide que el Barcelona decidió venderle su alma a la Champions League hace tiempo porque considera que Europa ya debería conocer su nombre y respetarlo. Sin embargo, deja que nos acostumbremos a que la Liga Iberdrola sea un juego de niñas donde, últimamente, siempre gana la misma princesa rebelde. El Barcelona pelea la Liga por costumbre, no por ambición, precisamente lo contrario de lo que hace el Atleti en la competición nacional. En cambio, en Champions, el Barça va haciendo nuevas marcas en la pared para admirar su crecimiento cada vez que sale a pasear por el viejo continente y vuelve a casa con una nueva satisfacción debajo del brazo. De Múnich, no solo se ha traído un resultado a favor que podría ser decisivo para jugar su primera final de Champions, sino la sensación de estar ganando la apuesta.


Al Barça le queda un paso muy corto para estar a la altura de sus ilusiones y uno muy largo todavía para mantener el ritmo ante los mejores equipos de Europa. Pero solo hay que seguir las migas de pan que ya se han ido tirando por el camino. Hay que reconocer que el equipo azulgrana ha tenido una travesía placentera por esta Champions, que no es lo mismo que quitarle mérito a su obra. No solo hay que creer, hay que tener los recursos —y el azar de cara— como para llegar a un fin tan deseado como acariciar la gloria. El Barcelona no tuvo suerte ante el Bayern, tuvo las ideas claras. No vi a un equipo presionado, sino decidido. No vi dudas, sino filosofía. No vi ninguna debilidad, sino hambre. El Barça interpretó el partido como si estuviese acostumbrado a jugar semifinales de Champions, y ese es el primer paso hacia la grandeza, perder el miedo.

El manuel de instrucciones no cambia nunca, la cabeza marca el estilo; las piernas, el ritmo. La pelota va y viene y el Barcelona la domina mientras sus rivales se agotan en busca de una oportunidad para redimirse por haber corrido demasiado. La Masia no es una escuela, es una forma de ver el mundo. Y el femenino  también ha decidido vivir el fútbol a su manera. Con la técnica por bandera, reducir la diferencia física ha sido la obsesión de la directiva y los fichajes de Stefanie Van der Gragt, la propia Hamraoui u Oshoala han sido el mejor ejemplo. El salto ya está dado. Lo ha comprobado el Bayern, un equipo que mira de frente en la Bundesliga al todopoderoso Wolfsburgo, campeón de Europa en 2013 y 2014 y subcampeón, en 2016 y 2018El domingo, en el Miniestadi, las azulgrana buscarán reírse de la historia para que un equipo español juegue la final de la Champions femenina por primera vez. El Barcelona no va renunciar a seguir viendo la vida como marca su tabula rasa. Y no hay nada más valiente y decisivo que apostar por la fidelidad a uno mismo.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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