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Ernesto Valverde, durante un entrenamiento del Barcelona. / Cordon Press

Barcelona

En el Barça disparan hasta al apuntador

No se salva nadie del deseo furioso y casi generalizado de quemarlo todo sin tener en cuenta que el doblete todavía es posible.

El barcelonismo comienza a salir del estado de shock en el que se sumió el martes en cuanto el árbitro pitó el final del partido en el Olímpico de Roma y, ya se sabe, en las etapas del duelo la segunda etapa después de la negación es la ira. Vamos, que ahora mismo el fuego es a discreción y se dispara a todo lo que se menea, incluyendo a los periodistas que ya estábamos debatiendo sobre si era más conveniente un Madrid-Barça en semifinales o en la final.

De abajo a arriba no se salva nadie del deseo furioso y casi generalizado de cremar-ho tot (quemarlo todo) y sin tener en cuenta que se van descontando jornadas para una Liga que está en el bolsillo y días para la final de Copa frente al Sevilla. Todo parece un botín escaso después de la debacle ante la Roma y tras quedarse apeados de la Champions por tercera temporada consecutiva en cuartos de final. “Ha sido el golpe más duro desde que estoy en el Barça”, admitió Busquets, que lleva nada menos que diez temporadas en el primer equipo y es santo y seña de una manera de entender el fútbol y de un Barça del que no se vio ni rastro en la capital italiana. “Quizás nos sirva como punto de inflexión, hay que hacer cosas diferentes, hay que cambiar cosas para llegar más lejos en la Champions”, añadió. Entre esas cosas el mayor reproche, lo que más le duele al culé, es precisamente la manera en la que se perdió.

Ni los jugadores, ni Valverde, ni el presidente Bartomeu pusieron un solo pero a la derrota. La Roma fue superior y punto, pero los balonazos en largo como único método para salir de la primera línea de presión, la ausencia ya no de fluidez o circulación, sino no ser capaces de dar tres pases seguidos en la mayoría del partido, la intención de perder tiempo en la segunda parte como si el Barça fuera un equipo pequeño, los duelos individuales que caían siempre de lado giallorosi, la escasa aportación de jugadores fundamentales como Busquets e Iniesta y claves como Messi y Luis Suárez, y la calamidad defensiva con Semedo superado, Umtiti desconectado y Piqué desbordado ante el desastre —el Barça recibió en Roma los mismos goles, tres, que en el resto de la competición—, son las recriminaciones hacia una plantilla de estrellas. Tanta experiencia en sus botas (Semedo era el único cambio respecto a la final de Berlín del 2015) para terminar dando la sensación de acogotarse en cuanto Dzeko marcó en el minuto 6’ y no ser capaces de reaccionar en lo que quedaba de encuentro.

Hay futbolistas que quedan más señalados que otros. A Messi, por ejemplo, se le perdona todo y lo que le duele al culé es estar desaprovechando al mejor jugador del mundo pudiendo solamente disputar una final de las últimas siete. El argentino no estuvo bien y apenas apareció y cuando él no se activa el equipo está plano, pero es intocable. Umtiti, en cambio, ha elegido un pésimo momento para bajar su nivel: justo cuando había abierto la boca para pedir que le subieran el sueldo y tener estatus de estrella. Le va a costar al francés volver a ganarse el cariño de la afición y, desde luego, sus pretensiones económicas deberán bajar.

Ernesto Valverde es, sin duda, uno de los grandes afectados por la derrota. “Soy el máximo responsable”, afirmó él en la sala de Prensa del Olímpico. Su histórica racha en la Liga se cimentó en saber resguardarse antes que apostar por un fútbol brillante, chisposo o estético. Con la fuga de Neymar con la temporada ya empezada y la lesión a las primeras de cambio de Dembélé, el técnico optó por guardar la ropa, jugar con cuatro centrocampistas y los números, las estadísticas, los marcadores, son incontestables, pero su deseo de “certezas y no experimentos”, como dijo tras empatar ante el Chelsea en Stamford Bridge —donde el Barça jugó un mal partido— le han condenado en Europa.

En la ida ante la Roma en el Camp Nou ya apostó por Semedo y Sergi Roberto y no funcionó, pero el engañoso y abultado 4-1 le llevó a repetir la alineación. Fue un fiasco, pero lo peor es que con 2-0 en el marcador en el Olímpico se vio claramente que no sabía qué hacer. Primero iba a salir Dembélé —el segundo fichaje más caro de la historia del Barça después de Coutinho que no puede disputar la Champions y verá a su ex, el Liverpool, en semifinales por la tele—, después llamó a Denis Suárez y el cambio terminó siendo André Gómes por Iniesta ya en el 80’ y cuando el equipo hacía aguas.

El cambio de Iniesta tiene difícil explicación. Si de lo que se trataba era de mantener la pelota en los minutos que quedaban nadie mejor que el manchego aunque tampoco estuviera siendo su noche. La cara del futbolista en el banquillo tras el gol de Manolas en el 83’ era un poema, igual que sus ojos vidriosos cuando admitió más tarde en TV3 que posiblemente había disputado su último encuentro de Champions con la camiseta del Barça.

El debate sobre el estilo, las esencias, había quedado tapado por los resultados, pero ha resurgido con la fuerza de un ciclón y los mismos que alababan la solidez defensiva del Barça se han bajado del barco en cuanto ha desaparecido y apuntan con el dedo acusador a Valverde. Él ya lo sabía en cuanto terminó el partido y se presentó como “máximo responsable” de lo sucedido. Igual que levantó al Barça tras el sopapo de la Supercopa frente al Madrid deberá ahora insuflar ánimos para conseguir un doblete que es posible y que, desde luego, no es poca cosa.

 


Bartomeu y su errática política deportiva


“Neymar se quedará al 200%”, aseguró Jordi Mestre, el vicepresidente deportivo del Barça en la presentación de Pep Segura a mediados de julio como nuevo jefe del organigrama técnico del club. Dos semanas después se hizo oficial el fichaje del brasileño por el PSG y la respuesta de la entidad fue fichar a Dembélé por 105 millones de euros y a Coutinho por 160 en el mercado de invierno.

Ni el degradado Robert Fernández ni Pep Segura han logrado armar una plantilla capaz de responder a los imprevistos de la temporada, como que Busquets se fracture un dedo del pie y tenga que jugar infiltrado en los dos partidos frente a la Roma, por ejemplo. Y a ambos les ha contratado Bartomeu, que con su perfil bajo y conciliador nunca ha puesto de acuerdo a nadie porque para unos se pasa y para otros no llega y se ha puesto en manos de los jugadores, los resultados y los ejecutivos para cuadrar unas cuentas que no salen porque la masa salarial está por las nubes.

Bartomeu pidió perdón a la afición en Roma, pero le hará falta algo más, nada menos que una idea, para cumplir su mandato hasta el 2021.

Periodista. Feminista. No me toques las palmas que me conozco. Optimista por obligación, sigo pensando que me tocará el Euromillón. 25 años de profesión. Empecé en Marca cubriendo el Madrid con Mendoza y me vine a Barcelona con el Barça de Laporta. He vivido más Copas de Europa que Gento. Y qué bien me lo paso aunque no haya visto nadar a Phelps o correr a Bolt en vivo y en directo. Canto fatal, pero no me rindo. Porque el que canta, su mal espanta.

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