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Sergio Ramos, en modo torero, después de ganar la 13ª.

Barcelona

Los tres monos: así se vivió la 13ª desde Barcelona

En Tv3 hubo un 21,6% de share, mientras que Antena 3 obtuvo un 30,4%. Ojos que no ven, corazón que no siente…

Ponerse en lo peor es un mecanismo de autodefensa. Así, cuando lo peor sucede, ya lo tienes digerido y no sufres. Esa era la idea, el ánimo, con la que la mayoría de los culés se enfrentaban en la previa a la final de Champions donde el Real Madrid podía ganar su tercera consecutiva, pero a la hora de la verdad de nada sirvieron los ejercicios mentales. Ha escocido, como no podía ser de otra manera, y la opción de «los tres monos»: no ver, no oír, no hablar, es la clara triunfadora.

En el Eixample barcelonés, al lado del Mercat de Sant Antoni no hubo ni un ruido en el primer gol de Benzema, pero se escuchó un bramido, una reacción espontánea y general, cuando Mané logró el empate. En las terrazas de la Gran Vía los guiris cenaban al fresco ajenos a la final, el tráfico era menor al habitual a un sábado por la noche y Ratan, el encargado de Bangladesh de la tienda de comestibles que abre siete días a la semana de 9 de la mañana a 11 de la noche miraba ensimismado el partido en el ordenador. Ratan habla todavía un pobre castellano, pero hemos desarrollado un lenguaje particular gracias al fútbol. Se pone la camiseta del Barça en cada partido. “Barça muy bien” o “Real Madrid ufff”, mientras agita la mano, ha sido básicamente la conversación durante la temporada. El sábado, con empate a uno en el marcador, ni me vio pasar por delante de su escaparate.

Con la chilena de Bale suenan un par de petardos, poca cosa, por la Gran Vía. Con el tercero del galés veo cómo abandonan los bares en masa los que parecen locales mientras los que tienen pinta de turistas miran embobados y algunos se echan las manos a la cabeza con la pifia de Karius. Mientras, en Sant Cugat, la familia Ferrerons cenaba junto a una pareja de amigos con la tele apagada y los teléfonos móviles encerrados en el cuarto de baño para no enterarse de lo que estaba sucediendo… hasta que suena un petardo y el anfitrión, socio del Barça desde que nació hace 50 años, no puede soportar más la incertidumbre y rescata su teléfono. El Real Madrid ha ganado.

 


Más desconectados


Las audiencias de la final demuestran que fueron muchos los culés en Catalunya que cumplieron, como la familia Ferrerons, con lo que tenían previsto: no ver el partido. Los números cantan. En Tv3 hubo un 21,6% de share, mientras que Antena 3 obtuvo un 30,4%. El año pasado, en la Duodécima contra la Juve la autonómica tuvo un 25, 4 y Antena 3 un 32,8%. Es decir, que hubo menos audiencia esta vez porque ojos que no ven, corazón que no siente. Comparándolo además con la última Champions que logró el Barça en el 2015 en Berlín se observa claramente la diferencia. Entonces el 52,1% de la audiencia vio el partido por Tv3 y el 25% por TVE; un total de 72% frente al 51% de este año.

 


El dardo de Puyol


El ex capitán del Barça Carles Puyol estaba entre los que vieron la final de Kiev y fue el primero en reaccionar poco después de terminar el encuentro. Eligió su cuenta personal de twitter para hacerlo con el siguiente mensaje: “Enhorabuena madridistas. 4 Champions en 5 años con uno de los mejores Barça de la historia… tenemos que reflexionar en las prioridades”, que inmediatamente se hizo viral por el dardo hacia la directiva.

La cuenta oficial del FC Barcelona publicó un mensaje casi a medianoche: “Enhorabona al @realmadrid pel títol de la Champions League 2017/18”. No hay más que leer las respuestas para comprobar que en la jungla de las redes sociales muchos se dejaron llevar y no les pareció precisamente un gesto deportivo loable, sino la oportunidad perfecta para dar rienda suelta a su frustración.

 


El día después


“Son imbatibles, no hay más explicación. Hasta que se lesionó Salah, que vaya meneo le pegó Sergio Ramos, había partido. Y lo del portero ya es de traca. Aguanté hasta el final del partido y me acordé de Roma unas cuantas veces. Una mierda, vamos”, escucho en la cola para comprar el pollo asado a un treintañero. Su amiga le responde: “Yo en cuanto marcó Bale apagué la tele y no vi más. Son insoportables”.

En mi quiosco habitual a las tres de la tarde quedan todavía ejemplares del AS y del Marca: “Es que hoy han traído más de lo que acostumbran, pero hemos vendido en general menos de todo. Este barrio es muy culé y cuando gana el Barça se nota, pero al contrario la gente prefiere hacer como que no ha pasado”.

Antes de subir a casa me asomo a la tienda de Ratan: “Real Madrid, bien, muy bien. Suerte también ¿eh? Mucha” Y se ríe. No se lo ha tomado mal. Al fin y al cabo hace un mes que volvió de Bangladesh para traerse consigo a su mujer y su hija de dos años, que repite: “Hola, hola” y me tira un beso con una mano mientras con la otra sujeta una piruleta subida a un carrito metálico de la compra.

Con los amigos culés no he hablado ni por whatsapp. La opción de «los tres monos» es un seguro para no pisar ningún charco.

Periodista. Feminista. No me toques las palmas que me conozco. Optimista por obligación, sigo pensando que me tocará el Euromillón. 25 años de profesión. Empecé en Marca cubriendo el Madrid con Mendoza y me vine a Barcelona con el Barça de Laporta. He vivido más Copas de Europa que Gento. Y qué bien me lo paso aunque no haya visto nadar a Phelps o correr a Bolt en vivo y en directo. Canto fatal, pero no me rindo. Porque el que canta, su mal espanta.

1 Comment

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  1. Jcd

    28/05/2018 at 22:06

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