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Luis Suárez celebra su gol de chilena contra el Sevilla. EFE

Liga Santander

Ocho minutos de furia

Empezó mejor el Sevilla, pero el Barça se lo llevó por delante con tres goles en ocho minutos. Messi puso la guinda con un gol de falta.

Corría el minuto 25 de la primera parte y Julen Lopetegui se llevaba con incredulidad las dos manos a la cabeza: una mano admiraba la chilena con la que Luis Suarez abría el marcador y la otra maldecía la injusticia que en ocasiones tiene este deporte. Hasta ese momento, el único fútbol lo había puesto el Sevilla. Don Honesto había decidido aplicar su propia versión del modelo del simeonico del “partido a partido” haciendo un quita y pon de 120 millones de jugador francés y su fetiche sustituyendo a Busquets. Dicho de otra manera: los que me funcionaron la última vez, titulares.

Por supuesto, la nueva improvisación valverdiana no funcionó. Un Sevilla con varios treintañeros (Banega, Nolito, Navas) dejaba a los locales 25 minutos sin tirar a puerta y contradecía a quienes achacan la falta de futbol blaugrana a la edad de algunos de sus jugadores. Pero cuando no es Messi, es Ter Stegen quien salva al Barça. No importa cuando lean esto. El alemán contó además con la grave falta de gol que tiene este Sevilla: si alguno tiene la tentación de acusar a Monchi de haberse traído al De Jong “malo”, hay que recordar que es que ni el holandés, ni Munir, ni Chicharito, ni ninguno de sus delanteros se ha estrenado en la Liga.

Aún groggy por el golpe del uruguayo, el Sevilla no acertó a ver el pase filtrado de Arthur para su tocayo chileno. Y menos aún el fulgurante amago y definición de Dembelé que hacía el tercero. Tres remates a portería y tres goles. Castigo excesivo para un Sevilla que, pese a todo y acaso inspirado por el Granada de ayer en el Bernabeu, salió en la segunda parte con las mismas ganas e intensidad, sabedor de que un simple gol y la continua endeblez defensiva del Barcelona, lo volvería a meter en el partido. Sin embargo, el remate al palo de De Jong confirmaba que no era el día para puntuar en el Camp Nou con la maldición que persigue a sus arietes.

Mientras, en el otro bando sucedía todo lo contrario: en lo que va de liga ya habían marcado todos los delanteros de la plantilla barcelonista excepto Messi. Regulándose desde el minuto 1, el argentino decidió que ya había llegado la hora de poner el universo en orden. Su eslalom quitándose rivales de encima fue el preludio de su primer gol de la temporada y el 37º que le marca al Sevilla: libre directo para superar la barrera junto a un vacilante Vaclik y confirmar que D10S ha vuelto.

Con 4 a 0, un partido tan resuelto sirvió para recordarnos lo volátil que es la memoria humana: la tarjeta forzada por Sergio Ramos contra el Ajax para poder jugar los cuartos de final de la Champions fue imitada por Piqué para garantizarse un lugar en el Clásico sin pasar por Eibar, donde los 3 puntos valdrán igual. No contaba Gerard con que en 5 minutos, el inestable Mateu Lahoz sería capaz de convertir una dudosa falta en una expulsión del joven central Araujo y en una roja para el aún más inestable Dembelé: tan capaz de hacer un golazo como de mandar el balón al quinto anfiteatro con la portería a 2 metros o acercase a increpar a un árbitro en el último minuto de un partido absolutamente finiquitado. La perfecta metáfora de su equipo: golazos que tapan una gran falta de equilibrio.

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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