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Opinión

Barça: ¿Es suficiente?

La temporada del Barça va camino de ser más que buena, pero aterra la posibilidad de que el equipo al que has ganado merecidamente la Liga se lleve por tercera vez la orejona.

Valverde, en el ojo del huracán. CORDON PRESS

Si a finales de agosto de 2017 se le hubiera permitido a un seguidor culé cualquiera mirar por un agujero al futuro, a abril del año siguiente, no le hubiera sorprendido nada caer en cuartos de Champions League. Sería la confirmación de una costumbre de los últimos años, un pésimo aprovechamiento en altas instancias europeas, que no en la Liga, de la presencia del mejor jugador de la historia en la plantilla. Además, supondría la guinda a una temporada desastrosa, iniciada con un Veranus Horribilis de fichajes deseados y no conseguidos, la fuga del heredero al trono y una cruel tunda del Real Madrid en la Supercopa. Lo que no sabía nuestro hincha es que la realidad iba a ser mucho peor: la temporada del Barça, hasta ayer, estaba siendo extraordinaria. Esto hace más cruel y más grave la eliminación de los culés en Champions.

Más allá de la posibilidad cierta y cercana de ganar dos títulos importantes, uno de ellos casi en el bolsillo, la Liga, y el otro, la Copa, a la espera de cruzar armas con el Sevilla, más allá del desplazamiento del foco de importancia de la Liga a la Champions en los últimos años (la poderosa Brunete mediática florentiniana haciendo su trabajo, sospecha el hincha culé), la eliminación es engorrosa porque el Barça celebró en la intimidad el resultado del sorteo que lo emparejaba con la Roma, acudió puntual a la cita con la curiosa tradición del poderoso goleando en la ida cuando no lo merece (la Roma estuvo muy digna en el Camp Nou), adquiriendo una ventaja considerable y, sobre todo, porque en un partido ha tirado el crédito conseguido durante muchos meses de acertadas decisiones técnicas y esfuerzo colectivo para sobreponerse a las adversidades.

El equipo azulgrana se presentó en el Olímpico de Roma sobrado, con un flamante once en estado de revista, todos sanos menos Busquets, que anda renqueante, un fondo de armario que ha respondido, daba alternativas e iba a más y un entrenador que no se dejaría sorprender. Bien: todo salió al revés.

En primer lugar, la actitud del equipo fue nefasta, da la impresión de que dieron por bueno el resultado y salieron a contemporizar. La famosa solvencia defensiva que ha adquirido el Barça este año, la posesión como vehículo para templar partidos y ordenarse adecuadamente, cansando al contrario, la calidad técnica en la salida de balón cuando el adversario proponía presión alta… todo eso saltó por los aires. Nadie excepto Piqué se mostraba cómodo con el balón, no había valentía para ofrecerse, no se solucionaban con talento táctico colectivo las situaciones de ahogo que producía la Roma. Las decisiones técnicas, y desde aquí hemos alabado a Valverde todo el año, puesto que ha acertado en casi todo, fueron más que discutibles. Un extraño conservadurismo apresó al entrenador extremeño, que no consiguió cambiar una dinámica que se apreciaba inexorable y que iba a llevar al equipo a la eliminación.

El Barcelona sufre mucho contra equipos vigorosos que no se encierran atrás, que hacen presión a todo campo diseñando duelos individuales en todas las parcelas, uno para uno permanente, y cierran atrás con defensa alta. Estos últimos años lo ha mostrado sobre todo el Celta de Berizzo, la Juve en Champions, el Sevilla en su campo y la Roma en el partido de ayer. El equipo se asfixia y no encuentra soluciones, no se sabe si porque cree demasiado en lo que hace o porque no sabe adaptarse. La incorporación de un elemento que pidiera el balón al espacio podría haber dotado de salidas por banda que desahogaran: Alcácer lo hace bien, Dembelé hubiera sido muy aprovechable por su desborde, hasta Paulinho y su desmarque vertical desde segunda línea. Algo que hubiera echado atrás a la Roma, que la hubiera hecho sentirse amenazada, cosa que solo sucedió en los primeros minutos.

Hablando del equipo romanista: merecieron pasar de cabo a rabo. No fueron inferiores en el Camp Nou y fueron arrolladores en el Olímpico. Su esfuerzo fue conmovedor, su fe en el plan trazado por el interesantísimo entrenador que es Di Francesco fue recompensada (enhorabuena por la enésima elección acertada, Monchi), suplieron su inferioridad técnica con todas las demás cosas que hacen del fútbol el deporte de equipo más imprevisible. Todas las cosas que el Barça no supo proponer.

Da la sensación de que el Barcelona ha ido perdiendo muy lentamente desde el duro mes de enero lo que fue ganando en el otoño. Se le van cayendo las virtudes poco a poco. Ahora es un equipo menos fresco, más largo en el campo, poco sólido y compacto. Hay rendimientos individuales decrecientes (Umtiti, Busi, Iniesta), cansancio acumulado y no siempre puede acudir Messi al rescate.

La temporada va camino de ser más que buena, nunca es mala si se gana la Liga, pero esta caída inopinada y humillante por las formas, y sobre todo la aterradora posibilidad de que el equipo al que has ganado merecidamente la Liga levante por tercera vez seguida la orejona aterra a nuestro hincha, que está harto de ver como el brillo puntual de cuatro partidos grandes que su equipo no sabe resolver (y otros sí) eclipsa temporadas de mucho trabajo y esfuerzo.

El Barça va a ganar la séptima Liga en diez años y da la sensación de que quizá no sea suficiente.

Escritor madrileño autor de los libros 'Cosas que he roto' y 'Cómo pudo nadie dejarte escapar' se incorpora a la familia de 'A la Contra' en calidad de barcelonista académico, como su hermano Marwan.

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