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Mundial Rusia 2018

Bélgica, por cabezonería

La selección belga, muerta y resucitada en el mismo partido, condenó a una honorable Japón con un gol en el tiempo añadido.

En ocasiones la lógica también puede ser cruel. Pero la lógica no había pisado Rusia en las últimas dos semanas. De hecho a su cita de hoy también llegó tarde, en el último suspiro, cuando los samuráis afilaban su katana para el penúltimo asalto. En un parpadeo, saltó el diablo de su trinchera, cabalgando desaforado, como el que huye del juicio final, como el que no cree en cielos más allá del minuto 90. Así asestó el golpe definitivo Bélgica, muerta y resucitada en el mismo partido. Cabezona y orgullosa para no quemarse en unos cuartos de final que se han llevado a demasiados favoritos por delante. A la vuelta de la esquina les espera Brasil, examen definitivo para ver si a los Red Devils además de tridente, les han crecido los colmillos.

Porque con el balón en los pies, los nietos de Tintín amalgaman calidad y malicia por partes iguales. La pelota se pasea por sus botas a un ritmo vertiginoso, endiablado, sobre todo cuando Kevin encuentra a Eden y salta la chispa. La chispa de la imaginación y la creatividad con la que Bélgica crece y nos recuerda a otras Rojas, de tiempos no tan lejanos. Es cierto que ellos además chutan desde la frontal y juegan con un pívot dominante. Como si de un anticipo de lo que nos espera en el Staples Center la próxima temporada se tratara, Lukaku sembraba el pánico en la pintura nipona, o lo que es lo mismo, dentro del área. Ese tridente facilitado por las arrancadas laterales de Menier y Carrasco acercaron a Bélgica al triple doble.

Y pese a la superioridad física y técnica (de los 10 jugadores más altos sobre el Rostov Arena, nueve eran belgas, Yoshida era el único nipón a la altura) Japón sobrevivió al bombardeo por tierra, mar y aire en la primera mitad. Su orgullo y su buen trato con la pelota dio más de un susto a Courtois. Al principio parecieron picaduras inofensivas, como si Chicho Terremoto quisiera meter un triple. Más tarde descubrirían los belgas que Inui, Kagawa y compañía estaban tomándoles las medidas, para el traje de su funeral concretamente.

Como si en el descanso hubieran visto un par de capítulos de Oliver y Benji, los nipones salieron al campo sintiéndose jugadores de dibujos animados. Si alguno es digno sucesor de Atom, Baker y compañía ese es el nuevo fichaje del Real Betis, Takashi Inui. La genialidad a estas alturas del Mundial tiene aroma a Triana y pescaíto frito, porque la secretaría técnica verdiblanca se ha asegurado un jugadorazo a coste cero. En menos de cinco minutos parecía haber destrozado las esperanzas belgas. Primero con un pase a la espalda de la zaga de los Red Devils que Haraguchi hizo bueno con un tiro ajustado al palo. El segundo fue el tiro del águila. Un zapatazo desde la frontal que hizo inútil la estirada de Courtois. El vuelo del guardameta lo hubiera firmado, eso sí, Benji Price.

Tuvo que ser otro Roberto, en este caso Martínez quien retomara el timón de un duelo que en esos seis primeros minutos de la segunda mitad iba a la deriva para sus intereses. Todo podía haber cambiado si Hazard no hubiera estrellado en el poste una magnífica coreografía de pases, un zarpazo de orgullo con el que los diablos parecían desperezarse justo después del primer gol. Pero el segundo les volvió a dejar grogui. Más cerca de las llamas que nunca tras una inmaculado Mundial. Pero ¿qué es el fuego para Belcebú? Pura gasolina. Así que del banquillo saltó uno con pelucón incluido para terminar de confundir a los nipones. En realidad fueron dos. Martínez alteró el guión dando entrada a Fellaini y Chadli. A partir de entonces la defensa sería de cuatro y la superioridad aérea belga aún mayor. Había que ganar a base de mates.

Aunque lo primero que llegó fue un alley-hoop casi sin querer. La consigna era clara, rasear menos y volar más. Aprovechando la debilidad aérea nipona el balón empezó a rondar las inmediaciones de la portería de Kawashima en una única dirección. Y ahora se multiplicaban las torres y los pívots. Ya no era solo cuestión de taponar, como hizo toda la noche un magnífico Yoshida, también había que cerrar el rebote. En uno de ellos acortó distancias Bélgica. Un cabezazo que pareció más un alley-hoop terminó colándose en la portería nipona. Vertonghen expíaba así las culpas del primer gol japonés.

Encontrada la rendija había que agrandar el boquete, redoblar la apuesta, matar moscas a cañonazos. La jugada que es un clásico de la Premier. Una década lleva marcando ese gol Fellaini por la campiña inglesa, pero a esas alturas ni la catapulta infernal hubiera parado su remate. Martínez resoplaba aliviado desde la banda. Tenían un partido nuevo por delante de 15 minutos y se habían salvado de la quema por cabezonería, a base de insistir e insistir en su idea. Para entonces Hazard y De Bruyne ya campaban a sus anchas por el campo en modo playmaker. Si algún mérito hay que subrayar en esta selección de autor, es que Roberto Martínez haya conseguido aplacar esos egos y los haya encaminado hacia el bien común. Servir a la comunidad siempre fue una característica fundamental de los samuráis.

Y no rendirse jamás es otra. Por eso Japón no se inmutó pese a perder la ventaja, ni tampoco cuando Kawashima volaba como un kamikaze evitando las balas. El portero nipón se convirtió en el tramo final en el héroe de los suyos, que aupados por sus paradas se lanzaron a por Courtois en busca de una gloria que escondía, en realidad, un drama. Los hombres de Nishino provocaron un córner tras una falta envenenada de Honda. El centro desde la esquina sería atrapado por el cancerbero belga que lanzó el balón a los pies de Kevin de Bruyne, el resto es una cabalgada imparable con la Cabalgata de las Valquirias sonando de fondo. La tragedia nipona se barruntaba a cada zancada del excelente centrocampista belga. La asistencia sería de Menier, pero la clave reside en el bloqueo de Lukaku. El encargado de culminar un contragolpe de libro, para enseñar a los niños cómo se marca un gol a la contra fue Chadli. Así se culminó una remontada histórica, así engañó Bélgica a todos, así cambió el rumbo Martínez para ganar una vida extra. Va a ser verdad aquello de que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

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