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Vuelta a España

Bennett y los tréboles

Cuando Sam Bennett levantó los brazos en Oviedo dejó ver los tréboles que adornan su maillot de campeón de Irlanda. Como ninguno de esos tréboles es de cuatro hojas no podemos hablar de ayudas externas; Bennett suma dos etapas en la Vuelta por obra y gracia de su instinto ganador. Aunque es posible que también San Patricio le esté echando una mano. De hecho, el trébol es símbolo nacional de Irlanda por su relación con el santo. Incapaz de hacer entender a los celtas la Santísima Trinidad, San Patricio les mostró un trébol y parece ser que por fin comprendieron: de un mismo tallo pueden salir tres hojas.

Los poderes del trébol de cuatro hojas no son celestiales, sino estadísticos: cada 10.000 mil tréboles normales aparece uno de cuatro hojas, por lo que encontrarlos se entiende como una señal de buena fortuna. A los ciclistas que se cayeron bajo la pancarta del último kilómetro no les hubiera venido mal llevar uno de esos talismanes en el bolsillo trasero del maillot. Valverde y Pogacar estuvieron entre los damnificados, aunque el peor parado fue el esloveno Luka Mezgec (Mitchelton), que fue evacuado en ambulancia con una más que probable fractura de clavícula. El desdichado Mezgec celebraba en la salida la atención que están recibiendo los eslovenos en esta Vuelta. “Me gustaría poner mi granito de arena a esta gran actuación eslovena”. Ahora él recibe atenciones médicas.

No hay etapas plácidas en el ciclismo y la razón es sencilla: un pelotón de 162 ciclistas es un desafío a las leyes de la física. Caerse no es lo extraordinario, sino lo natural. En este caso, la montonera estuvo provocada porque un ciclista hizo el afilador, es decir, porque tocó con su rueda delantera la trasera de otro corredor. En su caída se llevó por delante a un buen número de ciclistas sin trébol. Hay quien dice que la expresión “hacer el afilador” se aplicaba tiempo atrás a la sensación de pedalear en vacío en las cuestas abajo, al modo de los afiladores. Puede ser muy cierto. Tanto como que apenas quedan afiladores, aunque cada vez vuelan más cuchillos y están afiladísimos.

Los fugados de la jornada tampoco tuvieron suerte. El pelotón no les dejó nunca hacerse ilusiones: hay pocas oportunidades para los velocistas y sus respectivos equipos tienen instrucciones precisas. Algún día deberíamos hablar de la cara que se les queda a los equipos que trabajan a destajo para que otro sprinter se lleve la victoria y de cómo miran en la cena al compañero que falló.

El caso es que Bennett, favorecido por una ligera pendiente, por los tréboles y por San Patricio, sumó su segundo triunfo en la Vuelta, el 13º de la temporada. Dejaremos de verle durante unos días. A partir de mañana nos esperan generosas raciones de cuestas, quizá la última oportunidad para soñar con algo emocionante. Les recuerdo, por cierto, que el escudo de Eslovenia está formado por tres montañas sobre campo de azur con bordura de gules. Tal vez debamos atacar en el llano.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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