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Hazard se estrenó como madridista en Liga. EFE

Real Madrid

Alegría y sufrimiento

Tras una primera parte excelente, el Real Madrid se fue al descanso 3-0. En cuanto Casemiro fue sustituido comenzaron los problemas. Debutó Hazard.

El partido es un cazadora reversible, o un helado de dos sabores. Cada cual puede elegir la parte que prefiera. Unos se quedarán con la primera mitad del Real Madrid, excelente, y otros incidirán en la parada de Courtois en el minuto 91 que evitó el empate del Levante. Todo es verdad, aunque juraría que tiene diferente peso. El Madrid fue mejor en términos globales y solo se descompuso en ausencia de Casemiro. Pero incluso en ese tramo pareció que ganaría el intercambio de golpes. Lo ganó, finalmente, y consiguió algo todavía más importante: espantar el mal fario de los últimos meses.

Es posible que nos hayamos obsesionado con la necesidad de un cambio en el Real Madrid cuando lo que necesita el equipo es un regreso. El objetivo más sensato es volver a ser, no convertirse en otro. Desde ese punto de vista tiene sentido el plan de Zidane. En lugar de elegir una nueva personalidad, la idea es recuperar la que sirvió para ganar cuatro Champions en cinco años o para hacer un doblete en 2017, no queda tan lejos la fecha.

Contra el Levante, la primer parte nos proyectó a los mejores tiempos de los últimos años, cuando el Madrid se hacía inabordable por actitud y por talento. Si los buenos corren tanto como los malos, no hay discusión posible, la goleada es inevitable. No sucedía a menudo, tampoco conviene engañarse, pero cuando ocurría quedaba la sensación de que no había nada imposible para el equipo.

Esa misma impresión dejó el Real Madrid durante 45 minutos y en el cuarto partido de Liga, muy pronto para desatar optimismos pero también para firmar condenas. El origen de la inspiración siempre es incierto; el horario de matiné y la lluvia de otoño no suelen motivar en exceso, al menos al público. Sin embargo, los futbolistas de blanco se lo estaban pasando bien, cuestión evidente transcurrido el minuto 15. Y cuando hablamos de musas no hay nadie tan arrebatado como Karim Benzema. El francés es un jugador al que se le nota enseguida si hay nubes por su cabeza o luce un sol radiante. Es verdad que ha ganado en regularidad, pero el gol sigue marcando la diferencia entre la inspiración relativa y la absoluta. Sus dos goles en seis minutos demuestran que Benzema se pasó la mañana poseído por las musas.

No obstante, la palanca que activó al Real Madrid no fue un delantero, aunque siempre ayudan, sino James Rodríguez. Desde el mediocampo, y flanqueado por Kroos y Casemiro, el colombiano dirigió el juego con exquisitez y precisión, también con el dinamismo necesario. Fue su música la que hizo que sus compañeros se pusieran a bailar, y esa actividad desarboló a la defensa del Levante, habitualmente sobria y competente. James sí es un futbolista que ha nacido para jugar en el Real Madrid, por lo ético y por lo estético, por el juego y por la forma, por la elegancia en la ejecución de todo lo que hace o intenta. Eso sí, alguien como Casemiro debe cubrirle la espalda. A él y a cualquiera. Si encima aporta goles, el protagonismo del brasileño se agiganta.

Cuando faltó Casemiro, sustituido por Hazard en el minuto 59, el Real Madrid perdió la manta que le abrigaba. Zidane se equivocó si pensaba que el partido estaba decidido. Mayoral había reducido distancias (3-1) y el Levante ya no tenía nada que perder, y eso libera. Melero marcó el segundo del Levante (74’) y el partido se situó encima de una cornisa. La goleada seguía siendo la opción más razonable, pero el empate era una posibilidad muy poco despreciable y bastante amenazadora.

Antes de que Melero apretara el marcador, el árbitro anuló un gol a Vinicius y profundizó en su trauma. En esa misma jugada, el chico había tenido un balón clarísimo para marcar y se lo sacó el portero. En acciones anteriores se había manejado con el atropello que acostumbra, ansioso por corresponder a las expectativas. Si no marca pronto ya le pueden ir comprando un diván.

Hazard dejó detalles de su genialidad, pero cuando salió al campo el encuentro ya estaba para pocas alegrías y muchas precauciones. El Levante debió olfatear el miedo porque adelantó líneas y terminó en campo contrario.  La novedad es que la última flecha no alcanzó al Madrid. Quién sabe. Es probable que la suerte sea lo único que hay que cambiar.  

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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