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John Bercow, speaker y presidente de la Cámara de los Comunes. CORDON PRESS

Política

John Bercow: speaker del Parlamento y loco por el tenis

Su rostro se ha hecho popular en los debates sobre el Brexit. Iba para tenista y se convirtió en entrenador. Ha escrito el libro Tennis Maestros, donde revela su podio histórico: Federer, Nadal y Laver.

Les sonará su cara. Es un habitual en los telediarios cuando hay que dar noticia del Brexit y de los problemas de Theresa May con el Parlamento británico. Su nombre es John Bercow y su responsabilidad es la de speaker y presidente de la Cámara de los Comunes. Él es quien debe poner orden en unas deliberaciones completamente desordenadas. Lo hace con un estilo tan histriónico como fascinante. Tanto es así, que su figura ha emergido sobre la caótica negociación y el New York Times le ha dedicado la doble consideración de “estrella sorpresa” y “villano”. En Francia, una emisora le ha llegado a declarar “Europeo de la Semana”. Sus teatrales llamamientos al orden (“¡order, order!”) se han convertido en virales.

Adentrarse en el personaje provoca un asombro continuo. John Bercow es hijo de un taxista de origen rumano y religión judía que se cambió su apellido original, Berkowitz, por el actual, de resonancias más británicas. Se interesó pronto por la política y se ubicó en el ala más derechista del partido conservador. Ingresó en el Monday Club, un grupo de presión racista que defendía el apartheid sudafricano y la repatriación de todos los inmigrantes que no fueran de raza blanca. A pesar de sus raíces judías, Bercow fue acusado de racismo por la Sociedad Judía de la Universidad de Essex.

La reconversión ideológica de Bercow fue gradual. Sus enemigos dicen que su problema es que descubrió el laborismo y el sexo al mismo tiempo. A los 39 años se casó con Sally Illman y el político ultraconservador fue virando poco a poco hacia la izquierda. Se convirtió en defensor de los derechos de los homosexuales y consideró “absurdo” sancionar a los consumidores de cannabis. Aunque el voto es secreto, existen pocas dudas de que ganó su puesto actual gracias al apoyo de los laboristas. Y por ellos se mantiene. El partido conservador reniega de él y la propia Theresa May le ha amenazado con revocar su ingreso en la Cámara de los Lores, un favor que se otorga a todos los que han sido presidentes de la Cámara de los Comunes.

Se le acusa de no respetar la tradición y de ser escasamente imparcial, cuestiones que no pierde demasiado tiempo en desmentir. Para mayor irritación de los conservadores, se opuso a que Trump pudiera intervenir en el Parlamento durante una visita al Reino Unido, un honor del que disfrutó Barack Obama (2011). “Hablar en el Parlamento es un derecho que hay que ganarse. Y Trump no se lo ha ganado”.

Su discrepancia con el Brexit también es notoria, tanto es así que uno de sus coches luce una pegatina en la que puede leerse “Bollocks to Brexit” (A la mierda con el Brexit). Cuando fue cuestionado al respecto, respondió que era el coche de su mujer.

Es precisamente su esposa, Sally (1’80), la que más ha sublevado a los sectores conservadores. No satisfecha con participar en el Gran Hermano Celebrities, se fotografió cubierta con una sábana y con el Parlamento de fondo. El mensaje que quería transmitir es que el puesto de su marido (1’68) es altamente afrodisíaco. Entretanto, Bercow obligó a sus asistentes a quitarse las tradicionales pelucas; él mismo simplificó el pomposo vestuario del speaker hasta dejarlo en una toga sobre un traje clásico, eso sí, con corbata extravagante (muy british).

Sin embargo, aun antes que la política, la pasión de John Bercow fue el tenis. Llegó a ser campeón sub-12 de Middlesex y una mononucleosis le alejó de las pistas. “La verdad es que comencé a practicar y ver tenis a los ocho años, en 1971, y desde entonces he sido un apasionado de este deporte. Jugué como junior en el norte de Londres y aunque estaba lejos de ser suficientemente bueno como plantearme una carrera como tenista, me divertí mucho y me hice entrenador en los ochenta. Hoy en día juego por diversión y adoro este juego más que nunca. Más particularmente, disfruto viendo las finales de Wimbledon, tanto femeninas como masculinas, generalmente por la BBC y en ciertas ocasiones en directo, algo que hago de manera ininterrumpida desde 1972, cuando Stan Smith y Billie Jean King se proclamaron campeones”.

Bercow, durante un partido benéfico.

John Bercow y la tenista Johanna Konta en un partido benéfico junto al Parlamento. CORDON PRESS

Así lo relata Bercow en su libro Tennis Maestros (2014), un repaso por los que han sido, a su juicio, los veinte mejores tenistas de la historia. Aquí los cito en el orden de méritos establecido por el autor: 1. Federer; 2. Nadal; 3. Laver ; 4. Budge; 5. Sampras; 6. Borg; 7. Tilden; 8. Agassi; 9. Pancho González; 10. Rosewall; 11. Jimmy Connors; 12. Lendl; 13. McEnroe; 14. Kramer; 15. Fred Perry; 16. Djokovic; 17. Edberg; 18. Becker; 19. Hoad; 20. Emerson.

“De los veinte campeones de los que hablo en este libro, he tenido el privilegio de ver a once en vivo, desde Jimmy Connors hacia delante, jugando todos en sus mejores momentos. De los otros nueve he visto grabaciones, de Bill Tilden a Rod Laver”.

Su preferencia por Federer es bien conocida hasta por los miembros del Parlamento. En cierta ocasión, mientras en una sesión se analizaban las relaciones comerciales con Suiza, Bercow intervino: “No quiero añadir ligereza en estos importantes procedimientos, pero igualmente no se debe perder el sentido del humor. Y ese volumen de comercio con Suiza es muy importante, pero siempre digo que lo mejor de ese país no son los relojes ni los servicios financieros, ni el chocolate. Lo mejor de Suiza es Roger Federer”. En otra oportunidad le quitó importancia a los gritos que se daban en el Parlamento en comparación con los que daba él durante los partidos de la Copa Davis de Gran Bretaña.

No obstante, en su análisis como entrenador, Bercow ve debilidades en el juego de Roger Federer. “Los críticos argumentan que el revés de Federer es más propenso a quebrarse en situaciones de presión extrema. Es cierto, pero solo los mejores jugadores son capaces de someterlo alguna vez a esa presión. El rival que lo ha conseguido más veces a lo largo de los años es Nadal, con sus golpes liftados. Parte de la grandeza de Federer es su habilidad y determinación para imponerse a sus oponentes y plantear el negocio del partido en sus propios términos. Le resulta mucho más difícil hacerlo con Nadal, especialmente en las superficies lentas, donde el español dispara artillería pesada contra su revés, frecuentemente tomando el control de los puntos”.

En el capítulo dedicado específicamente a Nadal, Bercow escribe: “No hay jugador en el tenis moderno con mejor concentración y una más fina capacidad para jugar bien los grandes puntos. Incluso en los puntos ordinarios, Nadal no da tregua, siempre con una atención despiadada. Cuando llegan los puntos decisivos, su comportamiento y su actitud nos sugieren que no admite la posibilidad de la derrota. Más simple: él es implacable. Su resiliencia es la que destruye a sus competidores. Sus únicos puntos débiles son un servicio menos brillante y su vulnerabilidad ante las lesiones… Se dice que es uno de los mejores de la historia en tierra batida, pero Nadal debe ser considerado como uno de los mejores de la historia de este juego”.

John Bercow forma parte del equipo de tenis del Parlamento e hizo pareja de dobles con David Cameron, al que posteriormente no tuvo problema en reprender durante un pleno. «Cameron era un buen jugador con un servicio preciso y un juego poderoso. Se comportaba como McEnroe a la hora de criticarse a sí mismo, pero era mucho más tolerante con mis errores, algo que le agradezco».

Bercow, de 56 años, todavía juega al tenis un par de veces al mes. Lo hace en las pistas del Museo Imperial de Guerra. Su futuro como speaker es tan incierto como la negociación del Brexit. No hace mucho insinuó su próxima su dimisión, pero ahora se plantea seguir hasta 2022. Tiene buenos motivos. El caos exige orden y él lo grita mejor que nadie: «¡Order, order!».

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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