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Thomas, vigente campeón, observa con admiración (y miedo) a Egan Bernal. CORDON PRESS

Tour de Francia

Tour 2019, arranca la era Bernal

No hay diferentes Tours de Francia, el Tour siempre es el mismo y después de 106 años continúan en cabeza Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain, tan aplicados en los relevos que hace tiempo que despegaron de la tierra. Sin entender esa continuidad histórica es más fácil desengancharse y defender que el ciclismo ya no es lo que era o que la credibilidad no se sostiene, razonamientos irrefutables pero que extraen el sentimiento del argumentario. Y esta relación, quiero recordarlo, es meramente sentimental y tan irracional como los amores que no esperan ser correspondidos. Nos gusta el ciclismo, o el fútbol, o los helados de vainilla, no tanto por lo que nos dan, sino por lo que nos han dado. Lo que nos convoca es la evocación de tiempos mejores (más jóvenes) y la leve esperanza de que todavía pueda ocurrir algo extraordinario. En última instancia, sigue existiendo algo incontrolable incluso para los GPS, los medidores de vatios y los directores cobardes. Nada es tan fuerte como el sol, el viento, la lluvia, el infortunio o el agotamiento. De momento.

Si trazamos el primer círculo, el Tour que empieza en Bruselas conecta con el de cien años atrás, el primero tras la Primera Gran Guerra. Comenzó un día después de la firma del Tratado de Versalles, siete meses después del fin de la contienda. La sangre todavía estaba fresca. Entre los 17 millones de muertos había ganadores del Tour como Petit-Breton, Faber y Lapize. En la superficie de Francia costaba encontrar una carretera sin mutilar, pero volver a la vida significa vivir.

El ganador de aquella edición fue Firmin Lambot, aunque estuvo lejos de ser el protagonista principal. Eugene Christophe se enfundó el primer maillot amarillo de la historia después de la undécima etapa, un viejo anhelo del patrón Henri Desgrange, que ya en 1913 le propuso a Philippe Thys vestir con un color que lo distinguiera del resto. El campeón belga no lo vio claro. Sentía que correr con ese maillot sería como hacerlo con una diana dibujada en la espalda. No le faltaba razón.

En la penúltima etapa, cuando ya se daba por ganador a Christophe, el líder, al que apodaban el canario por el amarillo de su jersey, rompió las dos horquillas de su bicicleta y se enfrentó al despiadado reglamento del Tour: debía ser él quien arreglara la avería. Y allá fue, en mitad de los Pirineos, en busca de una fragua que acabó encontrando en Saint Marie de Campan. Perdió dos horas y media en la reparación y descendió hasta el tercer puesto de la general (acabaron diez ciclistas). La conmoción popular fue tan grande que L’Equipe organizó una donación para que el desdichado Christophe recibiera el mismo premio del ganador, 13.100 francos.

Cien años después, la suerte sigue siendo un factor determinante. Froome no buscará su quinto Tour por culpa de una caída en la Dauphiné que podría comprometer incluso su futuro profesional, demasiadas fracturas a los 34 años. Juraría que nadie desea que sume el quinto triunfo, excepción hecha de familiares, amigos (cercanos) y patrocinador. Tal vez nos falte perspectiva, pero desde el boscoso presente no parece un ciclista de época.

El siguiente círculo abarca los últimos 54 años. En 1965, un joven ciclista de 22 primaveras llamado Felice Gimondi ganó el Tour y se presentó al mundo. El año anterior se había impuesto en el Tour del Porvenir, pero todavía no se conocía el efecto premonitorio de esa carrera.

Desde entonces, solo Laurent Fignon ha ganado un Tour (1983) a los 22 años, hazaña que podría lograr en esta edición el colombiano Egan Bernal, primer candidato para ganar la carrera si nos atenemos a las sensaciones y a los resultados. Vencedor de la París-Niza (el campeón más joven desde René Vietto en 1935), Bernal volvió a competir 76 días después de fracturarse una clavícula y venció en la Vuelta a Suiza. A su talento natural hay que añadir el dominio de su equipo (Sky/Ineos) en los últimos años: seis victorias en las últimas siete ediciones del Tour. Por cierto, Bernal ganó el Tour del Porvenir en 2017.

Por si algo fallara, junto a él estará Geraint Thomas, vigente campeón contra todo pronóstico. Hasta su victoria del pasado año, el mejor resultado del corredor galés en una gran vuelta era el 15º puesto en el Tour 2013. ¿Raro? Pues sí, pero también lo es que los aviones vuelen.

Para cerrar el círculo, una aclaración. Aunque la precocidad de Bernal es un presagio de grandeza, no debemos olvidar que Gimondi solo ganó un Tour (Fignon dos) y Nairo (segundo en 2013 a los 22) todavía no ha ganado ninguno. Así es la influencia del destino. Y de la suerte. Desde que Sky dio paso en los maillots a la energética Ineos, no paran de sucederse las desgracias en el equipo más poderoso del mundo. Después de los accidentes de Bernal y Froome, llegó el de Thomas, que sufrió abrasiones y un durísimo golpe en la cabeza el pasado 18 de junio, durante la Vuelta a Suiza.

Tom Dumoulin también sabe lo que es la suerte, concretamente la mala. Él tampoco estará en la salida por una lesión en la rodilla izquierda y poco a poco se le pasa el arroz para ser el multicampeón que imaginamos (cumplirá 29 años en noviembre).

El tiempo también amenaza a Nairo Quintana y Mikel Landa, enemigos y residentes en el Movistar. Ambos han pasado de promesas por cumplir a promesas incumplidas, y esa rabia, macerada con su enemistad manifiesta, resulta muy atractiva porque el odio es un estimulante formidable y legal. Entre ellos andará Valverde (39) en busca de victorias de etapa o de algún maillot amarillo. Nadie sabe lo que se le puede pasar a Valverde por las piernas, pero el hecho es que acaba de ganar el Campeonato de España y está más fino que nunca.

Pinot, Adam Yates y Fuglsang deberían estar en la pelea por los primeros puestos de la general, junto a Bardet y Nibali. Categoría aparte merece Enric Mas, un clon de Contador que fue segundo en la pasada Vuelta y que debuta en el Tour a los 24 años.

Prosigue el Tour, capítulo 106. Corren los mismos arquetipos de ciclistas con nombres diferentes y maillots más coloridos. Por mejores carreteras, eso sí. Nada cambia en esencia, tampoco nosotros. Al primer susto, agarraremos el cuchillo del postre y le rebanaremos el cuello a la siesta.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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