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Real Madrid

Real Madrid, triste final

En el final de Keylor quedan representados muchos finales de los últimos años, forzados antes de tiempo por la enfermiza impaciencia del club.

Y ahora a quién le echamos la culpa? ¿A Bale? ¿A Isco? ¿A Marcelo? Porque entiendo que el entrenador está libre de responsabilidad, o lo estaba cuando fue nombrado once partidos atrás. Entonces, alguien dijo en la televisión oficial que el regreso de Zidane tenía el valor de un título, tanta era la emoción y la embriaguez. Lo que se resolvió ese día se ha convertido ahora en un problema quizá más grande. La revolución será comandada por un técnico que sale herido de este final de temporada, mientras Klopp y Pochettino coincidirán en la final de Champions, dos entrenadores por los que se suspirará pronto si es que no se suspira ya.

En términos generales, la despedida del Real Madrid (0-2) fue tan triste y lánguida como ha sido el curso entero. No hubo alegato final, ni revancha contra el mal año, ni ataque de orgullo. No hubo nada, únicamente una absoluta sensación de decaimiento. Solo Keylor dijo adiós como corresponde, con un par de buenas paradas, y su previsible traspaso será difícil de explicar si alguien pregunta. Durante sus cinco temporadas como madridista no ha hecho nada mal, ni siquiera remotamente. El portero de las últimas tres Champions no merecía salir así por la sencilla razón de que no merecía salir. Sin embargo, nunca gustó en el club (recuerden el episodio fax-De Gea). Ignoro si ha sido por su doble origen modesto (Levante y Costa Rica) o porque nada ni nadie satisface en la portería desde que se aprendió a odiar a Casillas.

Del resto de titulares con el precio en la camiseta no hubo noticias. Marcos Llorente hace tiempo que perdió la esperanza y la ilusión. Sigo creyendo que es un futbolista de primer nivel y quien lo contrate (Atlético, Arsenal) lo va a disfrutar durante mucho tiempo. De Marcelo diremos que no jugó su peor partido y suyo fue el primer tiro a puerta del Real Madrid en el minuto 22. La frase, como pueden apreciar, es escasamente optimista.

Bale, Isco y Reguilón comenzaron en el banquillo, y la verdad es que se entiende mal. Todo hacía suponer que serían titulares, aunque solo fuera por los servicios prestados o por una argumentación más sencilla: no los había mejores para intentar ganar el último partido porque no los hay mejores en la plantilla. Isco fue el único que tuvo ocasión de pisar el césped, pero fue invisible, víctima en última instancia de un viejo refrán: “Entre todos lo mataron y él solo se murió”. Sospecho que todavía tendrá una buena carrera en alguna parte y estoy convencido de que lo mismo sucederá con Bale. Nunca fue lo que se esperaba, pero la responsabilidad no solo es suya. Hubo paciencia con él hasta este año, justo cuando más debimos tenerla porque nada le hacía sombra. Siento que cuando le tocaba cantar le retiramos el micrófono.

El Betis también estaba de despedida, al menos de su entrenador. Quique Setién se marchará de Sevilla con los planos de un fútbol que no sabemos si existe más allá de Guardiola. Lo Celso fue la estrella de un partido fantástico del Betis, hasta el punto de que Carvalho corrió y pareció despierto, lo único que le falta para ser un centrocampista de referencia en el fútbol europeo. Junior Firpo demostró que tiene cuajo y talento para correr cualquier banda. Por cierto, el Betis cierra la temporada con victorias en el Camp Nou y Chamartín, una de esas medallas que no se pueden colgar en ningún sitio.

Al terminar el partido, los únicos aplausos fueron para Keylor Navas, que se arrodilló en mitad del campo señalado al cielo. En su final quedan representados muchos finales de los últimos años, forzados antes de tiempo por la enfermiza impaciencia del club. Y esa ansiedad que lo devora todo marca tanto el carácter de la institución y alrededores que ahora nos da por pensar que Vinicius es la esperanza cuando todavía está lejos de serlo. La paz que le falta al jugador es la misma que necesitaría el club para apostar por un proyecto y darle tiempo de maduración, aunque vaya tonterías estoy diciendo, ustedes disculpen.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

3 Comments

3 Comments

  1. Diego

    19/05/2019 at 15:21

    Es, nada más y nada menos, que el final que cabía esperar. Esperpentica temporada, 11 partidos perdidos en los que se debió poner unas bases de ilusión o cualquier cosa que nos alimente durante el verano.

  2. Pingback: Zidane: impotencia táctica y técnica | L. E. Lucas | R. Madrid | A la Contra

  3. IGWT

    20/05/2019 at 10:48

    Con todo, lo peor de la temporada (y ya van unas cuantas) es la sensación de haberla tirado a la basura con las mismas dudas existenciales de siempre, sin saber dónde estamos ni hacia dónde vamos. No sabemos a qué queremos jugar ni, de los que se quedaron, qué jugadores van a ser aprovechables para el futuro. Parece todo hecho fruto de la improvisación y la impaciencia.

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