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Una imagen de la final de Liga entre el Sporting Cristal y el Alianza de Lima. / Foto: ZUMAPRESS.com/Cordon Press

Fútbol

De bielsismo, Libertadores y manuales de estilo

Hace más de cinco años, el Sporting Cristal de Perú optó por despedir a su entonces técnico, Roberto Mosquera, en nombre de un nuevo “manual de estilo”. Desde entonces, a pesar de los éxitos en el torneo local, el equipo limeño sigue deambulando por la Libertadores sin pena ni gloria

Han pasado ocho años desde que Carlos Benavides, hoy presidente de Sporting Cristal, desempeña labores importantes dentro de la dirigencia del equipo. Después una fugaz carrera como portero profesional, el “Chino” asumió la gerencia general en el 2011 y desde principios de año fue ascendido. Dos años después de que Benavides ocupara el puesto de Gerente General, el club despidió a su entonces director técnico, Roberto Mosquera, por no respetar el “manual de estilo” que había preparado el club para el presente y, sobre todo, el futuro.

¿En qué consiste ese documento? A pesar de que la dirigencia del club limeño se jacta de su transparencia y modernidad, ni los aficionados ni la prensa –que sepa este servidor, por lo menos- ha tenido acceso al manual. Benavides y algunos otros representantes del club han hablado de fútbol moderno, presión alta, circulación del balón, pases en primera. Han hablado, por supuesto, de Marcelo Bielsa, y no han ocultado nunca su predilección por la forma que tienen el argentino y todos sus aprendices/imitadores/correligionarios de ver el fútbol.

De ahí que el actual técnico del equipo sea Claudio Vivas, quien ha pasado la mayor parte de su vida en los banquillos como asistente del “Loco”, o que hayan ocupado ese lugar admiradores de Bielsa como Mariano Soso o Daniel Ahmed. Debo admitir que, en principio, las máximas futbolísticas sostenidas por los equipos de Bielsa son atractivas y, en cierta medida, efectivas, y que todo club está en su derecho de tomar el rumbo deportivo que más conveniente considere. Dicho esto, habría que ver qué tan “bielsistas” son los entrenadores que ha contratado la dirigencia, y qué tanto ese “bielsismo” ha servido al club para crecer, ganar y consolidarse.

Poco se le puede criticar al Sporting Cristal a nivel local: ha ganado cuatro títulos de los últimos siete disputados y es, por bastante, el equipo más ganador del país en la última década. Resulta, sin embargo, que imponerse en el muy venido a menos campeonato local, en el que una buena cantidad de clubes no tiene ni para pagarle a su plantilla completa, no es demasiado mérito si tenemos en cuenta que Cristal es una institución que se maneja bastante responsablemente en el plano económico y que ha tenido un par de aciertos en lo deportivo.

Uno de ellos fue contratar a Mario Salas como director técnico el año pasado. El chileno logró, quizás por primera vez en casi una década, hacer que el equipo juegue como el supuesto manual de estilo indica: con dinamismo, velocidad y efectividad. Buena parte del éxito del Sporting en el 2018 tuvo que ver con el liderazgo del entrenador chileno, la absurda cantidad de goles anotados por el delantero Emanuel Herrera (40) y la temporada extraordinaria del extremo uruguayo nacionalizado peruano Gabriel Costa. El equipo se impuso de manera aplastante en el ámbito local, pero el verano peruano llegaría con malas noticias, peores decisiones y vergonzosas maneras de comunicarlas.


2019, el año del retroceso


A finales del año pasado, mientras la afición celeste se ufanaba –con derecho- de haber humillado a Alianza Lima en la final con un resultado global de 7-1, en las oficinas de La Florida se cocinaban malas noticias. Mario Salas había recibido una oferta irrechazable de parte de Colo Colo y la aceptaría. Con él, además, se iría Gabriel Costa, una de las grandes figuras del equipo. También sería vendido Marcos López, la revelación de 19 años que había hecho una segunda mitad de temporada extraordinaria, al fútbol norteamericano. A cambio, además, de unos modestísimos 400 mil dólares.

El anuncio de la partida del entrenador y de los jugadores mencionados no hubiera sido tan trágico si lo que le siguió no hubiera sucedido. Pero sucedió. Carlos Benavides, flamante presidente de la institución, anunció –tarde, muy tarde-, en una conferencia de prensa, que Alexis Mendoza, técnico colombiano, sería el reemplazante de Salas. Su CV no era despreciable, y, según el presidente, su fichaje obedecía a que, a lo largo de su carrera, Mendoza había tenido predilección por apostar por jugadores de la cantera, algo que la dirigencia veía como una máxima en su modus operandi.

Tras la salida de Salas, y en la operación que incluía el traspaso de Costa a Colo Colo, llegaría al equipo Christopher Gonzáles, un joven peruano de buen futuro; el delantero uruguayo Christian Palacios –de buenos números en Peñarol en el 2017- y el volante mixto nacional Patricio Arce, posiblemente para completar la nómina. Pues bueno, si los reemplazos no eran ilusionantes, imaginen las caras de los aficionados limeños cuando se enteraron de que el entrenador colombiano, previo papelón en la presentación del Emelec de Ecuador (3-0 para los ecuatorianos), había renunciado a su cargo.

Pero no había nada de qué preocuparse: Benavides estaba a cargo. El nuevo presidente y responsable de manejar los hilos del club en los últimos años salió a explicar que Mendoza renunciaba porque uno de sus asistentes no había conseguido la visa de trabajo… Por supuesto que Benavides esperaba que le creyéramos, y por supuesto que nadie le creyó.

El rumor es que los líderes del equipo quedaron muy decepcionados con el estilo y la poca intensidad en los entrenamientos del colombiano, y le comunicaron al presidente que sería mejor tomar una decisión antes de que empezaran las competiciones oficiales. Con el torneo y, sobre todo, la Libertadores a la vuelta de la esquina, el equipo se encontraba sin sus mejores figuras –el internacional Josepmir Ballón fue vendido a precio de oferta al fútbol chileno- y sin entrenador, y el presidente Benavides se pasaba el tiempo twitteando GIFS, a modo de campaña de intriga, sobre la nueva camiseta del club.

Poco antes de que empezara el torneo local –en el que, como era de esperarse, el equipo tiene puntaje perfecto después de cuatro jornadas- Benavides anunció a Claudio Vivas, quien había estado unos meses en el equipo en el 2013, como reemplazante de Mendoza. Con él, además, llegaría Titi Ortiz, un atacante que fracasó estrepitosamente en el equipo hace algunos años y que no mostró casi crecimiento en el resto de su carrera. Benavides también rechazó fichar al portero Pedro Gallese –titular del Perú mundialista- porque “siento que es muy directo a la hora de jugar, no siempre intenta jugar desde atrás”. El portero titular del equipo, Patricio Álvarez, regaló dos goles de los ¡cinco! que recibió el Sporting en su visita al débil Universidad de Concepción, en la primera jornada de la Libertadores.

Con eso volvemos al manual de estilo. ¿Será más importante salir jugando desde atrás que cuidar el arco? ¿Será más importante contratar a un técnico en teoría ofensivo que mejorar el endémico problema defensivo de todo equipo peruano? Este Sporting Cristal versión 2019, el mismo que perdió 5-4 en Concepción y que empató a 1 en Lima frente a Godoy Cruz, no es un equipo ofensivo, ni dinámico, ni moderno, ni rápido, ni mucho menos bielsista. Si el pobre Bielsa viera a su discípulo a cargo de un equipo que no puede dar dos pases seguidos, cuyos laterales no tienen idea de cuándo proyectarse o cuyos volantes mixtos no pueden jugar a un toque, voltearía de un patadón la heladera sobre la que se suele sentar.

Han pasado ya seis años desde que conocemos la existencia de un manual de estilo, y han pasado también tres años desde que el Sporting Cristal no gana por Copa Libertadores. Desde el 2004 que el equipo peruano con más participaciones en este certamen no clasifica a la segunda ronda, y, por más que en el torneo local sea el más fuerte, la afición ya no tiene paciencia, por más que el señor Benavides se canse de pedirla.

Hay que decirlo claramente: si este es el manual de estilo, si estos son los resultados, habría que tirarlo a la basura y redactar otro, replantearse las cosas y empezar a mirar el fútbol en serio. De lo contrario, seguiremos siendo la burla de América. Por más “bielsistas” que nos creamos.

Periodista y defensa central que no le teme al choque, salvo el que le planteó la realidad. Entrenador top en Football Manager. Lejano y solitario aficionado de la Fiorentina gracias a un melenudo llamado Gabriel Omar. Vive el fútbol como su país le enseñó: con taquicardia y el ceño fruncido. Trabajó en AS durante un año y ahora está de vuelta en Lima, su ciudad, donde escribe para una revista local, y desde donde intentará contarnos qué pasa en esas latitudes (o cómo se ve desde allí el otro lado del mundo).

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