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Neymar
Neymar ante Costa Rica I CORDON PRESS

Crónicas Matrioskas

¡Bienvenido, Mister Neymar!

Neymar lo arregló a tiempo. Ese tupé rubio que lució en el primer partido no era merecedor de ninguna Copa del Mundo.

Que nadie subestime el poder de un buen corte de pelo. Ni tampoco, que un mal trasquilón es prácticamente tan doloroso como golpearse el dedo pequeño del pie con la pata de la cama. ¿Quién no ha sufrido alguna vez el ataque de un peluquero zalamero que nos ha jurado y perjurado que esas mechas naranjas nos combinan con el color de nuestros ojos? Neymar lo arregló a tiempo. Ese tupé rubio que lució en el primer partido no era merecedor de ninguna Copa del Mundo. Recuerden que a Eric Cantona tampoco le gustó, y si a Eric Cantona no le gusta algo es mejor arreglarlo cuanto antes. Por salud.

Neymar tiene una relación complicada con su cabeza, eso también es verdad, pero la buena noticia es que, de momento, esa testa rebelde ya ha llegado a Rusia. Bienvenida sea. Brasil no quiso copiar el nerviosismo de su vecino ante Costa Rica, aunque siempre tenga un ojo en Argentina, compartan algunos paralelismos y una histórica rivalidad. Empezó a su ritmo, de menos a más, y fue ocupando espacios para mecer a Costa Rica en una telaraña construida a base de tenencia del balón, disparos de media distancia, e intentonas de Neymar de animarse un poco así mismo después de un debut ni mucho menos esperanzador. Costa Rica se palmeó el pecho con orgullo, hizo un homenaje al pueblo madrileño, preparó una trinchera y colgó un cartel en el que podía leerse: «No pasarán». Su despliegue físico fue admirable, pero a partir del ecuador del primer tiempo, lo suyo fue más mirífico que eficaz.

Mientras empezaba la segunda parte, me dio por pensar. Brasil tiene un ritmo de vida que me inquieta, porque no sé si son demasiado felices (cosa que me da una envidia terrible) o si verdaderamente piensan ganar andando un Mundial. Podría ser, pero sus partidos no son una demostración de superioridad sobre el césped. Más bien, son una muestra fehaciente de saber que cuentan con cinco coronas en su haber y que la historia seguirá su curso sola sin necesidad de darle un empujoncito que determine su destino. Mereció ganar la segunda parte, pero el partido lo ganó por accidente.

Costa Rica tuvo la mala suerte de que Brasil engrasó la máquina nada más arrancar la segunda parte. Un cabezazo de Gabriel Jesús y un disparo de Coutinho, que no entró de milagro, le enseñaron a Brasil por donde debían ir los tiros. Durante unos momentos, el partido pareció un partido de tenis. Al borde del esguince cervical estuve de ver el intercambio de golpes al que se sometieron ambos equipos cuando se quitaron la camisa de fuerza. Qué importante es la espontaneidad.

Brasil, o mas bien Neymar, empezó a inclinar el campo hacia el área de Keylor Navas. Mandó un balón a besar el palo y empezó a dibujarse en su cara una sonrisa que fue una sentencia de muerte para Costa Rica. En el penalti que provocó cayó al suelo con los brazos en cruz, como un mártir, como un salvador; pero el VAR determinó que mentía como un bellaco. Y acertó. Para enmendar el error ya estaba Coutinho.

Neymar llegó al estadio cantando (quiero creer que sabía que sería el mejor del partido y que marcaría), pero me gusta más cuando le entra la prisa y se pone serio, que cuando se lo toma todo a risa. Entiendo que Brasil solo ve el lado buenos de las cosas; quizá deberíamos aprender algo de ellos.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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