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Casablanca, de Bill Gold.

Cine

Ya nadie colgará un póster en su habitación

Ha muerto Bill Gold: durante casi 70 años fue el autor de la mayoría de los carteles de las grandes producciones de Hollywood.

Harry el sucio, La Naranja Mecánica o El Exorcista. Tres películas tan diferentes como triunfadoras. ¿Que qué tienen en común? Pues su calidad, su repercusión… y compartir la autoría del creador de sus carteles, el legendario Bill Gold.

Y es que durante casi 70 años la mayoría de los carteles de las grandes producciones de Hollywood estuvieron firmados por Bill Gold, un neoyorkino nacido en Brooklyn que amaba el cine sobre todas las cosas y que convirtió el diseño de la cartelería de cine en un verdadero arte.

Harry El Sucio.

Harry El Sucio.

Bill, desde sus comienzos, demostró estar tocado por una varita mágica, tener un especial touch of class. Así, con solo un par de años de profesional fue contratado para diseñar el cartel de una película que, debido a su rodaje caótico e improvisado, nadie daba un dólar por ella. Era Everybody Comes to Rick’s, la película que más tarde sería conocida como Casablanca, que ganaría tres Oscars y que se convertiría en uno de los grandes iconos del cine americano.

No era un mal comienzo, y junto con el mito Casablanca, había nacido el mito Bill Gold, el hombre que resumía las películas con unos pocos trazos. Porque cuando se piensa en películas como La Naranja Mecánica es imposible no recordar el retrato frio e irónico de Alex empuñando un estilete, así como la silueta de tres hombres reflejándose en el agua de la magnífica Mystic River, su último trabajo.

La Naranja Mecánica.

La Naranja Mecánica.

Durante las siete décadas que Bill estuvo trabajando en Hollywood firmó los carteles de algunas de las mejores y más aclamadas obras americanas, trabajando para directores de la categoría de Hitchcok, Truffaut o Kubrick, pero sin duda hay un nombre al cual estuvo especialmente unido, Clint Eastwood, con el que trabajo en multitud de ocasiones y al que el director americano adoraba. Harry el Sucio, Sin perdón o Los puentes de Madison se nutrieron de la creatividad de Gold, haciendo (si cabe) más inolvidable la filmografía de Clint.

Bill Gold no fue un artista rompedor o dotado de una personalidad fuera de lo común. Su éxito fue saber mostrar el arte de la película a través de su creación, no hacer una obra de arte personal con el pretexto de la película. Supo adaptarse a las modas de los diseños y colores, y a través de sus creaciones se puede ver la evolución de la sociedad. Desde la psicodelia sesentera de La Leyenda del Indomable, pasando por la tipología de los 70’s en Barry Lyndon hasta la seriedad y postureo de los finales de los 80’s en Uno de los nuestros, se podría decir que fue un creador camaleónico, que supo adaptar su personalidad al objetivo de hacer de cada poster de película un recuerdo inolvidable.

Ya se sabe que todas las pérdidas en el mundo del cine suelen traer la etiqueta de “irremplazable”, pero en el caso de Bill Gold puede que hasta sea verdad. Porque en palabras del propio Bill, “los carteles actuales se limitan a mostrar a los actores, como si todas fuese la misma película”.

Y es que ya nadie colgará posters de cine en su habitación. Ha muerto Bill Gold.

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