¡Síguenos!
Elite, de Netflix

Series

Blitzkrieg

¿Habéis visto “Élite”? —Pregunté a mis amigos.

Volví a preguntar: ¿habéis visto Élite durante más de una semana? Seguramente no. No es porque no pudieran continuar, sino porque tan sólo en el primer día ya la habían terminado. Las maratones son así. Tienen un código de hierro que cuando se presentan tan fácilmente tienes que cumplir con tu obligación como seriéfilo. Rasca los últimos segundos muertos de tu día libre para ver qué droga se les ocurre meterse ésta vez a esos encantadores chavales.

La pequeña pantalla trajo muchas cosas buenas, nos mostró otros mundos, acercó a los pueblos… pero también estuvo a punto de llevar al cine al colapso. Los modelos de consumo evolucionan y las plataformas actuales aprendieron de su pasado ofertándose en cualquier clase de dispositivo pero, ¿cuál es el precio de pasarnos a la (aún más) pequeña pantalla?

En teatro, la relación entre actor y espectador es evidentemente distinta a la del cine o la televisión. No sólo porque tengamos a los intérpretes muy de cerca, en vivo y en directo, sino también porque el espacio adquiere una relevancia enorme que nos afecta, nos altera nuestra opinión de lo que estamos viendo. A menudo pensamos que al ver las cosas desde la distancia y constreñidas en una pantalla, no nos afecta, pero lo hace. No es lo mismo ver una serie desde el metro, que desde la calle, que desde tu casa, que desde casa ajena. Afecta a nuestro ánimo y a nuestra atención, pero usar el móvil para ver cine es una tendencia imparable.

Las plataformas lo saben y por eso crean contenidos cuyos guionistas tienen éstas ideas desde las primeras fases de creación. Productos pensados para un consumo rápido e ininterrumpido. Como un Blitzkrieg de entretenimiento televisivo. Con estructuras nunca vistas de ocho capítulos frente a los tradicionales doce o veinticuatro que hacen que se parezcan más a películas largas que a series. Esto, en conjunto, supone un problema porque no deja al espectador respirar las cosas, lo que les ocurre a los personajes, el arco de las tramas y, por tanto, tiene una visión parcial y distinta de quién la ha visto de forma pausada.

Conclusión, mis amigos son idiotas. No seas como mis amigos. Mira las cosas despacito. Como en casa en ningún sitio. Abraza el noble arte de despatarrarte en el sofá, con palomitas de microondas y calefacción en un día lluvioso. Y si es posible ve al cine o al teatro de vez en cuando, que se ven las cosas muy bien.

Un desastre curioso que trata de expresar lo que el arte le hace a su cabeza, a veces sobre los escenarios, a veces sobre el papel.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Series

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies