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Di Stéfano. Cordon Press.

Libertadores

Los ex de Boca y River con pasado en el Bernabéu

Con motivo de la Copa Libertadores en Madrid, repasamos los futbolistas que hicieron el viaje hacia el Real Madrid desde River Plate o Boca Juniors

El Superclásico de este domingo será histórico porque nunca antes River y Boca se habían visto las caras en una final de la Copa Libertadores. También lo será en su marco. El encuentro de vuelta que decidirá el título más importante de Sudamérica no se disputará ni en el Monumental ni en la Bombonera. Tampoco en ningún otro punto del país… ni del continente. Será en el Santiago Bernabéu. Ver a jugadores de River y Boca jugar en el estadio del Real Madrid será novedoso. Sin embargo, ver a ex jugadores de estos dos equipos con la camiseta blanca nunca lo ha sido. Son esos futbolistas que durante su estancia en la Castellana fueron tratados de madridistas… y no de bosteros o gallinas.

El hombre que cambió la historia del Real Madrid es argentino y uno de los ex más ilustres de River y Boca. De los dos como entrenador, del primero sólo como jugador. Y ninguna de las hinchadas se atrevió a discutirle. Algo que sería extraordinario de no tratarse de Alfredo Di Stéfano, que es venerado por igual en el Monumental y la Bombonera. No en vano, la Saeta Rubia es el único entrenador del mundo que ha ganado títulos dirigiendo a River y Boca. Di Stéfano debutó con la camiseta de la franja en 1945. Era la época de la llamada “Máquina de River”, un equipo de leyenda que se caracterizaba por acumular hasta cinco delanteros en el campo. En 1947, regresó a la entidad platense después de una cesión de un año en el Huracán. Ese año, se proclamó campeón de Liga y marcó 27 goles en 30 partidos. La temporada siguiente, finalizó subcampeón en la Copa Sudamericana de Campeones (la actual Libertadores).

Di Stéfano fichó por el Millonarios de Bogotá en 1949, después de 66 encuentros y 49 tantos con la camiseta de River. El Real Madrid no siempre fue un equipo ganador. De hecho, hasta la llegada del delantero argentino en 1953, (se fijaron en él después de la exhibición que protagonizó en un partido al que el Millonarios fue invitado para celebrar las bodas de oro del club blanco) el Barça de las cinco Copas de Kubala era el equipo dominador. El Real Madrid llevaba sin ganar una Liga desde 1933 y tan sólo contaba con dos Ligas y nueve Copas de España en sus vitrinas. La Saeta Rubia fue merengue durante once temporadas en las que anotó 308 goles en 396 partidos y levantó ocho Ligas y las cinco primeras Copas de Europa en la historia del club. Fue la imagen futbolística de la década de los 50 y el responsable, junto al presidente Santiago Bernabéu, de que el Real Madrid infundiera pánico en el fútbol europeo.

Una vez colgó las botas en el Espanyol, Di Stefano cambió el chándal por el traje de forma casi consecutiva. Después de una breve etapa en el banquillo del Elche, el ídolo e hincha de River aceptó un puesto en el banquillo del eterno rival. Dirigió a Boca Juniors en dos etapas distintas (primero en 1969 y después entre 1985 y 1986). 136 encuentros en total. En ese tiempo, ganó un Campeonato Nacional y una Copa Argentina. Para el recuerdo de todos los bosteros quedó el Campeonato Nacional del año 1969, cuando Boca celebró el título dando una vuelta olímpica al estadio Monumental. Esa humillación que sufrieron los hinchas de River ante un equipo dirigido por el que había sido uno de sus grandes emblemas no impidió que, entre 1981 y 1982, Di Stefano dirigiera al equipo platense, logrando otro Campeonato Nacional. ¿Quién podía decirle que no a la Saeta Rubia? Cuatro años después, volvió a firmar por Boca Juniors. Di Stefano fue el único de los mortales que trascendió de la eterna rivalidad entre bosteros y gallinas.

Por su parte, Carlos Guerini tuvo un paso fugaz por Boca Juniors, club por el que firmó en 1973 después de haber militado varios conjuntos argentinos. Esa misma temporada de su fichaje por el xeneize, Guerini hizo las maletas a España para jugar en el Málaga. En la Costa del Sol estuvo dos años. El tiempo suficiente para que el Real Madrid se fijara en él y lo incorporará a su plantilla en 1975. En el Santiago Bernabéu pasó cuatro temporadas en las que levantó tres Ligas y cuajó una estrecha amistad con Vicente del Bosque. Como curiosidad, Guerini fue el encargado de marcar uno de los goles que clasificó a la selección argentina para el Mundial del 74 de Alemania. A pesar de eso, no fue convocado.

Uno de los compañeros de Guerini en el Real Madrid fue Enrique Wolff. El defensor nacido en Buenos Aires fichó por el conjunto blanco en 1977. Allí permaneció dos temporadas. Curiosamente, se marchó de la capital española al mismo tiempo que Guerini. Fueron dos años en los que Wolff se afianzó en el once titular y ganó dos Ligas. El Real Madrid se fijó en sus cualidades después de las tres buenas temporadas que cuajó en la UD Las Palmas. El equipo que le dio la oportunidad de dar el salto al fútbol europeo fue River Plate, al que defendió brevemente durante el Torneo Metropolitano de 1973.

Si Di Stéfano fue entrenador de Boca Juniors y River Plate, pero sólo jugo en este último, Oscar Ruggeri fue un paso todavía más lejos y fichó por la entidad platense en 1985, después de cuatro temporadas y 147 partidos con la camiseta xeneize. En ese tiempo, Ruggeri compartió la Bombonera con Diego Armando Maradona y fue convocado por la selección albiceleste de Carlos Bilardo. Ya consolidado en el fútbol argentino, el defensor central rosarino firmó por River consumando un cambio de acera drástico, de un año para otro, sin ningún equipo de por medio. En el Monumental, Ruggeri jugó 112 encuentros y ganó varios trofeos entre los que destacan un Campeonato Nacional, una Copa Libertadores y una Copa Intercontinental. En 1986, además, se coronó campeón del mundo con Argentina en el Mundial de México. En 1989, fichó por el Real Madrid después de un año en el Logroñés. Vestido de blanco, el futbolista rosarino ganó una Liga y disputó 34 partidos. La temporada siguiente, regresó al fútbol de su país.

Conocido en España por su papel en el Real Zaragoza campeón de la Recopa de Europa de 1995, Juan Eduardo Esnaider se convirtió en ídolo de la afición maña gracias, en gran parte, a la falta de oportunidades que dispuso en el Real Madrid. El futbolista argentino fichó por el club blanco siendo una joven promesa pero nunca llegó a adaptarse, alternando el primer equipo con el filial hasta que fue cedido y finalmente comprado por el Real Zaragoza. Una vez se terminó su tiempo en la Romareda, la trayectoria de Esnaider fue de brinco en brinco, destacando una segunda etapa en el Real Madrid, un fichaje posterior por el Atlético, una experiencia en la Juventus y un regreso a la capital aragonesa. En 2002, el argentino firmó por River. Su paso por el Monumental duró tan sólo catorce partidos y, aunque no triunfará con la camiseta de la franja, Esnaider puede presumir de pertenecer al club de esos ilustres ex de River o Boca que un día jugaron para el Real Madrid.

En 1996, siendo parte de la cantera de Argentinos Juniors, los ojeadores del Real Madrid se fijaron en Esteban Cambiasso, además de en su hermano Nicolás. Sus padres les concedieron la patria potestad y los dos hermanos se marcharon a la capital española para ingresar en las filas de la cantera blanca. Dos años después, Esteban fue cedido a Independiente de Avellaneda y, en 2001, firmó por River Plate. Los hinchas del estadio Monumental vieron una versión de Cambiasso mucho más ofensiva de la que luego exhibió en Europa, donde fue utilizado en posiciones más defensivas. Formó parte con 12 tantos del River campeón del Clausura del 2002 y, ese mismo año, consumó su regreso al Real Madrid. En el Santiago Bernabéu, Cambiasso ganó cuatro títulos en dos años: una Liga, una Supercopa de España, una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental. En 2004, fichó por el Inter de Milán, donde hizo carrera durante una década de éxitos que le consagraron como una de las grandes leyendas de la escuadra neroazzurri.

También argentino y ex del Real Madrid es otra de las grandes leyendas del Inter de Milán, con la diferencia de que Walter Samuel vistió la camiseta de Boca Juniors y no la de River Plate, como su compañero de batallas durante tantos años en el Meazza. Samuel firmó por el conjunto blanco, curiosamente, el año en el que Cambiasso se marchó al Inter. Central y centrocampista tardarían tan sólo una temporada en jugar juntos, el tiempo que pasó el defensor cordobés en el Santiago Bernabéu. Samuel disputó 38 encuentros como merengue, pero regresó al Calcio porque su rendimiento nunca se correspondió con el que mostró durante su estancia de cuatro años en la Roma. Su fichaje por el conjunto de la loba vino propiciado por sus tres temporadas de altísimo nivel en Boca Juniors. Samuel, canterano de Newell’s Old Boys, jugó 103 partidos como xeneize y levantó el Apertura de 1998 y el Clausura de 1999.

Hablar del Superclásico del Santiago Bernabéu es también hacerlo de Santiago Solari. El actual entrenador del Real Madrid fichó por River Plate a los 20 años. En el vestuario del Monumental coincidió con varias estrellas entre las que destacaba Enzo Francescoli. Poco a poco, fue ganándose un hueco entre los favoritos de la hinchada de River. Solari defendió la camiseta de la franja en 100 ocasiones y levantó tres Clausuras y una Supercopa Sudamericana. El centrocampista rosarino dio el salto al fútbol español en el mercado de invierno de 1999. Fichó por el Atlético de Madrid y un año y medio después, tras el descenso de los colchoneros a Segunda, cambió el Calderón por el Bernabéu. En el Real Madrid de los galácticos, Solari pasó cinco temporadas en las que jugó 208 encuentros y ganó dos Ligas, dos Supercopas de España, una Supercopa de Europa, una Copa Intercontinental y, especialmente, la novena Copa de Europa en la historia del conjunto blanco, participando directamente en la jugada que ocasionó el gol de volea de Zidane. En 2013, se incorporó a los cadetes del Real Madrid como entrenador. Cinco años después es el entrenador del primer equipo. Su ascensión ha sido meteórica.

Fernando Gago es el único jugador actual de las dos plantillas con pasado en el Real Madrid. El primer capitán de Boca Juniors comenzó de forma muy prometedora su carrera en la entidad xeneize. El Real Madrid, presidido entonces por Ramón Calderón, lo firmó por más de 20 millones de euros en el mercado de invierno de 2006. Fue uno de los traspasos más caros de la historia del fútbol argentino. El presidente de Boca que negoció aquella operación fue Mauricio Macri, actual presidente del gobierno de Argentina. Junto al de Gago, la directiva de Calderón cerró el fichaje de otro argentino joven y prometedor. Sólo que este no venía de Boca, sino de River.

Y es que ese mismo invierno Gonzalo Higuaín aterrizó en la capital española junto a su compatriota bostero.
El Real Madrid se llevó el gato al agua y pagó a la entidad platense doce millones de euros por el que era uno de los delanteros más cotizados del mercado europeo. Muchas veces, probablemente demasiadas, criticado por sus errores clamorosos en citas importantes, el paso de Higuaín por la Castellana fue más exitoso que el de su compañero Gago. Este último jugó 122 partidos, claramente de más a menos, y ganó dos Ligas, una Supercopa de España y una Copa del Rey. Su compañero el Pipita ganó una Liga y una Supercopa de España más, pero dispuso de 264 participaciones, en las que marcó 121 tantos, con la camiseta del Real Madrid. Gago regresó a La Bombonera en 2013. Ese mismo verano, Higuaín abandonó el Real Madrid y fichó por el Nápoles. Siempre reconoció que “la puerta de regreso a River está abierta”.

Medio año después de los fichajes de Higuaín y Gago por el Real Madrid, el conjunto blanco anunció la contratación de Javier Saviola. El Conejo había asombrado a Argentina después de convertirse en el futbolista más joven de la historia en debutar con la camiseta de River. En 1999, se proclamó campeón del Apertura, siendo también el jugador más joven de la historia en levantar el trofeo. Tenía 18 años y un día. Saviola se marchó al fútbol europeo con 58 goles y 120 encuentros a sus espaldas con River. Su nuevo equipo era el Fútbol Club Barcelona. En Can Barça, exhibió un muy buen nivel en sus tres primeras temporadas, pero, tras dos cesiones a Mónaco y Sevilla, su participación con Frank Rijkaard se redujo notablemente. El delantero argentino era libre para marcharse al equipo que quisiese y su decisión de firmar por el Real Madrid sorprendió a propios y extraños. De blanco tuvo más minutos, pero al cabo de dos temporadas abandonó el Bernabéu para emprender una travesía que le llevó a jugar en países como Portugal, Grecia o Italia. En 2015 se confirmó su regreso a River. A las ordenes de Marcelo Gallardo, Saviola apenas jugó 13 partidos, en los que no marcó ningún gol, pero culminó su carrera en el club que lo vio crecer y cumplió su sueño de alzar una Copa Libertadores.

Veremos si el joven centrocampista Exequiel Palacios, por el que River Plate pide 20 millones de euros, es el siguiente jugador en incorporarse a esta exclusiva lista de ex de River o Boca que un día se vistieron de blanco en el Santiago Bernabéu. Nadie discute que el Superclásico de este domingo en el estadio del Real Madrid será un partido extraño de ver. Muchos lo seguirán como una novedad sin precedentes, otros igual sufren de jaqueca al ver como se entremezclan recuerdos de camisetas y estadios que en sus cabezas estaban separados, parafraseando al entrenador del Real Madrid, “por un océano de distancia”. 

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