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De Boskov a Cruyff… y el viejazo de Suárez

Es el «viejazo», en fin, ese intento de detener o atrasar el tiempo y de no vivirlo acorde a la nueva realidad.

La primera explicación recurrente para explicar este increíble 0-0 del Barça en Lyon es tirar de la archiconocida cita del genio serbio de Novi Sad, Don Vujadin. Porque a nivel de juego, los hombres de Don Honesto activaron, esta vez sí, el “modo Champions”: once de gala donde solo faltaba el lesionado Artur, y unos imperiales Piqué y Lenglet acompañados de los hoy renacidos Rakitic y Busquets marcando el ritmo de juego. Todos realizaron el mejor partido en lo que va de 2019, creando más de 20 ocasiones de gol (al menos la mitad claras), jugando fuera de casa frente a un equipo dotado técnicamente y superdotado físicamente, comandados por esa reencarnación de Touré Yayá llamada Ndombelé. Al buen espectáculo de la noche ayudó la predisposición de un Olympique de Lyon que se atrevió a plantear un toma y daca desde el principio: forzó las manos salvadoras del “Der Heiliger MATS” y, pese al dominio y las numerosas ocasiones blaugranas, nunca le perdió la cara al partido.

La segunda explicación para que el Barça no cerrase su pase a cuartos en este partido de ida podemos encontrarla en una expresión de uso común en Argentina. Y en Uruguay. Ya se puede confirmar que le ha dado “el viejazo” a Luis Suárez. “Dar el viejazo», usada a ambos lados del río de La Plata, hace referencia a una suerte de «síndrome existencial» que aqueja a algunas personas quienes, al ver que su DNI acumula años, sienten un conglomerado de cosas que luego se traducen en conductas, en muchos casos, dislocadas. En otras palabras: uno se siente como si ya no fuera él mismo. El primer problema es reconocer que ha aparecido: si uno recibe el balón dentro del área y se gira por fascículos, el grito no debería ser de frustración sino para pedir el cambio. Por supuesto, la sustitución no llegó porque eso es lo que destaca al «viejazo»: una falta de aceptación de la edad que se tiene, traducido en una sorda rebeldía frente a la realidad. Una repentina “crisis de pareja” donde se perdió el idilio con ese gol que tanto te quería; acaso una rebeldía contra el sistema porque de repente uno parece encontrarse incómodo en cualquier esquema táctico; por no hablar de algunas preocupaciones estéticas, si no capilares, sí de exceso de peso.

Es el «viejazo», en fin, ese intento de detener o atrasar el tiempo y de no vivirlo acorde a la nueva realidad. Son ya 16 partidos seguidos (más de 3 años) sin marcar fuera de casa en la Champions y la línea de crédito “con-lo-que-nos-ha-dado” parece haberse agotado. Si se decía que el uruguayo llegó cuatro años tarde al Barcelona, ahora, algunas voces, reclaman si no va marcharse también cuatro años tarde.

Tras este 0-0 y bajo un prisma mourinhista, podríamos afirmar que el Barcelona se lleva un mal resultado porque en la vuelta solo le valdrá la victoria. Pero como buenos culés, el prisma a utilizar debe ser el cruyffista. Hago mías, pues, unas palabras del Profeta: “El partido solo tuvo una cosa mala: el resultado. En lo colectivo, y el fútbol es un juego de equipo, el Barça ejecutó su estilo de forma brillante. Yo no sé el partido que vieron ustedes. El que yo vi hacía mucho tiempo que no se daba. Faltó gol, cierto. Hubo alguna actuación en lo individual que estuvo mal o incluso peor, cierto. Pero a nivel colectivo, el Barça estuvo a la altura. Numéricamente, verdades absolutas. Futbolísticamente, la lectura debe ser otra. (…) Bien en la presión y buenas cifras en la balanza de balones perdidos/recuperados. ¿Mejorable? Seguro, pero yo no albergo dudas. Los goles, los resultados en definitiva, siempre llegan si juegas bien. (…) El que quiera agarrarse a los números para amargarse, allá él.“ Así analizaba Cruyff un 0-0 hace poco más de 10 años. O, como buen profeta, quizá también analizaba el de hoy, incluido el partido de Luis Suarez.

Una vida de extremo a extremo: de los secarrales de Castilla a la húmeda yunga tucumana. De Perico Alonso a Messi. De la ingeniería al cine. De la A de Argentina a la Z de Zambia.

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