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People's Fighter's.

Boxeo

Boxeo, el último bastión cubano

La tremenda historia de superación y esfuerzo del boxeo en Cuba sirve de argumento al documental The People’s Fighters, que puede verse a través de Olympic Channel.

Es una clase de historia entre golpes. Algunos de ellos directos al mentón, otros al alma. El retrato de un país que es una isla y que ha forjado su historia reciente a través de la defensa de unas ideas que hoy están contra las cuerdas. En lo más alto del cuadrilátero la lucha sigue y allí el noble arte del boxeo continúa derrochando orgullo y pasión a cada croché, a cada nocaut. Como los de Teófilo Stevenson, púgil de otro tiempo, pionero y símbolo de la Cuba de Fidel Castro que, como tantos otros, encontró en el deporte, y más concretamente en el boxeo, un altavoz para propagar la Revolución. Aunque en esta ocasión no fue el único que se colgó la medalla.

La tremenda historia de superación y esfuerzo, también de renuncia de Teófilo Stevenson vehícula el documental The People’s Fighters, dirigida y narrada por Peter Berg y producida por la leyenda de Hollywood Frank Marshall (Jason Bourne, JurassicWorld, Indiana Jones). Durante 87 minutos descubrimos la historia amor y éxito de Cuba con el boxeo. Una relación que se extiende durante los últimos 50 años y que ha convertido a la isla caribeña en el mayor productor de campeones olímpicos en el noble arte. Desde 1968 sus púgiles se han colgado 73 medallas, 38 de las cuales han sido de oro. El hombre que dio una nueva dimensión al boxeo cubano fue Teófilo, un campeón al que nada más verle en batín, antes de saltar al ring, imponía. Sus tres medallas de oro olímpicas fueron el legado sobre el que edificar una tradición. Una tradición cultivada por entrenadores legendarios como Alcides Sagarra y continuada por campeones como Félix Savón.

“Como campeón que era, Teófilo era el más grande, un ejemplo para todos nosotros”, comentó Savón cuando Stevenson murió en 2012. “Cuando dejó de competir me enseñó sus trucos, y éstos fueron el secreto de mi éxito”. Porque en el cuadrilátero también se desarrolló la Guerra Fría. Los triunfos de los boxeadores cubanos eran los triunfos no solo de la Revolución castrista sino por extensión de un modelo de hacer y cultivar el deporte como muestra de orgullo y honor hacia su país. Una estrategia que por pura selección natural pulida por grandes entrenadores llevaba a los mejores al estrellato de las citas olímpicas pero que a su vez cercenaba sus opciones de saltar al circuito profesional. El boxeo en los Juegos Olímpicos es un deporte amateur y profesionalizarte suponía salir de Cuba y traicionar a tu país. Stevenson prefirió ser “rojo antes que rico”, como titularía Sports Illustrated.

Teófilo, no solo fue el mejor púgil cubano libra por libra, también resultó un convencido de la Revolución, un devoto del discurso de Fidel y un enamorado de su país. “No cambiaría mi pedazo de Cuba por todo el dinero que me puedan ofrecer, prefiero el cariño de ocho millones de cubanos”, espetó cuando las ofertas millonarias bombardeaban la isla para sacarlo de allí. El momento álgido llegó tras su segundo oro olímpico en Montreal 76. Todos fantaseaban entonces con la pelea del siglo, el combate entre el campeón del mundo de los pesos pesados, Muhammad Ali y el campeón olímpico. El dinero no sería problema, el mayor escollo nuevamente era político. Uno de los inconvenientes que resultó insalvable fue el sistema de combate. En el boxeo amateur son tres asaltos, en el profesional, en aquella época hubieran sido quince. Cualquier KO se hubiera leído en clave política y eso, en el momento de esplendor que vivía Teófilo, suponía todo un peligro para Occidente.

No sería la última vez que el gran púgil no se subiría al cuadrilátero por cuestiones extradeportivas. Su carrera se vio gravemente truncada por el boicot de Cuba a los JJOO de 1984 en Los Ángeles. Pocos días antes de los de Seúl 1988, Fidel Castro retiró a su equipo nacional como muestra de apoyo y amistad hacia Corea del Norte que, para seguir con la tradición ochentera, boicoteó a sus vecinos y por entonces enemigos irreconciliables del sur. Aquello terminó con las últimas esperanzas de un Teófilo al que, camino de los 40 años, el siguiente ciclo olímpico le pillaba demasiado lejos. El final de una era no supuso, ni mucho menos, un drama para Cuba. El talento se había esculpido durante décadas a la sombra de Stevenson y antes y después de él los boxeadores cubanos siguieron elevando el honor de su país a base de medallas. La saga prosiguió con Savón, el púgil al que le encantaban las uvas. Su mano era lo más parecido a un racimo, como pudimos comprobar en Barcelona 92 o Atlanta 96.

Federico de Mojana, jefe de programación del Olympic Channel; Manel Berdonce (el tigre de Tetuán) ex boxeador y ex seleccionador nacional; Jorge Lera, periodista de boxeo de eurosport; Manolo Pombo, ex seleccionador nacional de boxeo y Luis Fuentes, director de proyectos de Olympic Channel

Federico de Mojana, jefe de programación del Olympic Channel; Manel Berdonce (el tigre de Tetuán) exboxeador y exseleccionador nacional; Jorge Lera, periodista de boxeo de Eurosport; Manolo Pombo, ex seleccionador y Luis Fuentes, director de proyectos de Olympic Channel.

Precisamente en esa época, rindió visita un ya deteriorado Muhammad Ali a la Cuba de Fidel Castro. En la recepción con el presidente cubano no faltó Teófilo Stevenson, haciendo posible la foto que no se había producido dos décadas antes. Allí dos púgiles crepusculares intercambiaron amagos de golpes a cámara lenta como estampa final de lo que pudo ser y no fue. De aquel encuentro surgió también una amistad y el relato eterno plasmado por el maestro Talese. Esa relación se extendió hasta los últimos días de Stevenson. Tras su muerte, Muhammad mandó un comunicado de condolencia a su familia, recordando aquellas tardes en La Habana.

El epílogo de lo que pudo ser El combate del siglo también aparece en este filme que puede verse a través del canal oficial del COI (Olympic Channel). También se reflexiona sobre las deserciones en esa inagotable fuente que es el boxeo cubano. Son más los que buscan un futuro mejor lejos de la isla, son más las medidas de seguridad que rodean a los boxeadores para evitar tentaciones, es mayor también la gloria para los que se quedan junto a su pueblo. Porque si uno acude a Cuba no es raro encontrarse entre las callejuelas de la vieja Habana con un garaje entreabierto y con una atmósfera que recuerda a otros tiempos. Entre litros de sudor y cuerdas desdentadas un puñado de muchachos se labran su futuro a base de derechazos.

Como si bailaran sobre el cuadrilátero, al ritmo del son cubano, el futuro del noble arte parece asegurado en la isla. Y los cambios van llegando con cuentagotas, ahora que la mujeres empiezan a subirse al ring y las escuelas se multiplican por todo el país, en un camino que comienza a los cinco o seis años. Lo que es seguro es que no les faltarán referentes ni maestros. La motivación y el orgullo de defender a tu país lo encontrarán en cintas como esta, donde se alternan los elementos políticos y culturales, las grandes personalidades y las pequeñas historias. Todo ello aliñado con grandes logros deportivos y el aroma de una carga ideológica que parece diluirse como la bruma sobre el malecón. Pocos pueblos como el cubano saben lo que es subirse todos los días al cuadrilátero y sobrevivir, por eso el boxeo no tiene allí secretos.

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