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Crónicas Matrioskas

El mito del buen salvaje

La inteligencia de Bélgica es el resultado de su dinámica evolutiva durante todos estos años y durante todo este Mundial. Una verdad incontestable para Brasil.

Paulinho se lamenta durante el partido ante Bélgica I CORDON PRESS

Rousseau tenía razón. Llegamos al mundo con una inevitable predisposición al comportamiento moralmente bueno, pero la sociedad nos corrompe hasta hacernos participar en su juego. En este mundo de falsas apariencias, ¿quién puede echarle la culpa a Neymar por rodar más de la cuenta?

Brasil empezó presionando, señal de que la cosa se ponía seria. No se les había visto tal despliegue hasta ahora, pero cuando se trata de acelerar, los brasileños tienen cinco ases debajo de la manga. Lástima que Bélgica tuviera seis. Es cierto que cuando le robas el balón a Neymar, a Willian o a Coutinho, tienes que superar después a Casemiro, a Fernandinho y a Paulinho. Si sales vivo de esa trampa, todavía te queda por delante jugarte los cuartos con Thiago Silva o Miranda. Yo me daría por muerta. Por suerte para Bélgica, no nos parecemos en nada. Se encontró con un gol de frente muy temprano, y tuvo que ser Fernandinho el que se marcase en propia puerta el segundo gol en contra de la Canarinha en lo que llevábamos de Mundial. No pueden ser tan avariciosos, ni Bélgica tan osada. Diría incluso, que por fin ha salido del cascarón.

Brasil no cambió el guión, aunque se escapó alguna arenga dadas las circunstancias (que nadie esperaba). La Canarinha se hizo con el balón desde el tanto belga y, con cada empujón, Bélgica retrocedía diez metros. El equipo dirigido por Roberto Martínez salía muy cómodo y con una velocidad endiablada cuando se le presentaba una buena contra y además, el pelo de Fellaini era un elemento clave de distracción para la defensa brasileña. Esta Bélgica tiene muchos recursos. Brasil comenzó a jugar sin red y Bélgica aprovechó los espacios para poner tierra de por medio gracias a una obra de arte parecida a la que ya les vimos construir contra Japón. Esta vez, la culminación de la escultura corrió a cargo de De Bruyne. Bélgica estaba desatada, como el perfecto buen salvaje que imaginó Rousseau.

Los belgas aguantaron el chaparrón cuando Brasil acudió al séptimo de caballería apostando por Firmino, Douglas Costa y Renato Augusto. La Canarinha no está acostumbrada a remar, más bien a ganar por inercia. Atacó de manera irracional y sin fundamento, mientras los belgas esperaban agazapados una oportunidad para matar el encuentro y las esperanzas de Brasil. El descuento de Renato Augusto fue un oasis en el desierto, un quiero y no puedo. Brasil, desesperada, volvió a ver los fantasmas que se le aparecieron hace cuatro años, y tendrá que esperar otros cuatro para intentar dejar de ser la eterna pentacampeona. 

La expresión al final del partido de Neymar, un alma en pena que termina otro Mundial como la figura que pudo ser y no fue, me recordó a Gregorio Samsa en aquellas líneas con las que comienza La metamorfosis de Franz Kafka:

– La mirada de Gregorio se dirigió después hacia la ventana, y el tiempo lluvioso —se oían caer gotas de lluvia sobre la chapa del alféizar de la ventana— lo ponía muy melancólico.

– ¿Qué pasaría —pensó— si durmiese un poco más y olvidase todas las chifladuras?

Volviendo a los principios formulados por Rousseau, el hombre es el animal más violento y cruel. Lo ha demostrado Bélgica con su ensañamiento contra la alegría de Brasil. Pero sin embargo, a raíz de esa maldad, el ser humano desarrolla una inteligencia superior. La de Bélgica es el resultado de su dinámica evolutiva durante todos estos años y durante todo este Mundial, una verdad incontestable para Brasil. Bélgica, que siempre ha vivido en segundo plano, ha visto las orejas al lobo en otras filosofías caducas y ha sabido adaptarse a los tiempos que corren. Bélgica ha apostado por la velocidad y por la muerte del pase horizontal para poder levantar su primera Copa del Mundo. Para nosotros es, quizá, la mayor ironía de la naturaleza; pero para Brasil ha sido un arma de destrucción masiva.

Periodista. Intento de guionista, así que escribo mucho, aunque no siempre bien. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. Deporte. Cultura. Viajes. Me bato en duelo con cualquiera por defender a Batman y 'La La Land'. Viví dos años en Buenos Aires y por eso tengo mucha paciencia. Subdirectora de A La Contra. Emperatriz de la batcueva.

3 Comments

3 Comments

  1. Lean

    06/07/2018 at 21:15

    Me encanta leerte. Eres la mejor.

  2. Pingback: Neymar, cuatro años después - Mundial Rusia 2018 - A la Contra

  3. Ignatius

    06/07/2018 at 22:31

    Hombre, o sea, mujer…Bélgica tiene un portero de élite, una especie de “expreso de media tarde” llamado Lukaku y a un tal Martínez de entrenador. Pena que se tenga que eliminar con Francia que es otro equipazo.
    Brasil no ha jugado mal, el fútbol tiene un componente de azar que unas veces te da y otras te quita. ¿Azar? …quería decir Hazard y esta vez ha quitado…el balón a los brasileños, una y otra vez.
    (Por cierto me ha gustado su crónica)

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