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Brasil
Paulinho, Neymar y Willian celebran el gol del centrocampista del Barcelona I CORDON PRESS

Crónicas Matrioskas

La vida es un carnaval

Neymar retrocedió cuatro años, sintió un pinchazo en su espina dorsal y le vi dispuesto a desatarse. Eso sí, sin prisas. En Brasil siempre es una hora menos hasta que decidan lo contrario. Y les sobra para estar en octavos.

Contaros cosas sobre Brasil que no sepáis tiene su miga. Más allá de la chica que recorre la arena de Ipanema, he descubierto que también son dueños del arcoíris. Sí, del arcoíris. Y que la culpable fue otra mujer, una tal Iasá, cuya belleza parece que compite con la de la manceba que imaginaba Vinícius de Moraes en sus mejores sueños. Se me hace complicado poder competir contra eso, no conozco a ningún otro equipo que tenga de su lado algo parecido. Otros cuentan con deidades (háblenle a Argentina de religión); y nosotros, con Manolo «el del Bombo». Por cierto, espero que el mismísimo Felipe VI intervenga para que ese hombre pueda introducir su instrumento al campo. No se me ocurre otra forma de poder contrarrestar el poder de Putin el domingo.

Los brasileños salieron al campo espoleados por la eliminación de Alemania, un enemigo íntimo. Neymar retrocedió cuatro años, sintió un pinchazo en su espina dorsal y le vi dispuesto a desatarse. Eso sí, sin prisas. En Brasil siempre es una hora menos hasta que decidan lo contrario. Y les sobra para estar en octavos. Sin embargo, Brasil padeció el mismo síndrome que en los dos partidos anteriores, sufre mucho sin balón y la presión brilla por su ausencia. La primera parte fue un ejemplo de que los brasileños no tenían la lección bien aprendida, aunque hayan disfrutado del sufrimiento de Argentina y de la tragedia alemana. La cuota de accidentes por partido en este Mundial es abrumadora, y para cumplir con la tradición, Marcelo abandonaba desolado el campo a los diez minutos. Si queremos ver el vaso medio lleno, Filipe Luis fue su sustituto. Brasil tiene esta clase de suplentes y al fútbol también le hacen bien los tipos corrientes.

Lo mejor que tiene la Canarinha es su pareja protagonista. Neymar es a Coutinho (y viceversa), lo que el carnaval a Río. Se conocen desde tiempos inmemoriales; con que coincidan una vez al año a Brasil le sobra para mantener su buen humor, y cuando se juntan, se desata una bacanal importante. Punto y aparte merece Paulinho. Si le buscas durante ochenta y nueve minutos es probable que no le encuentres, su trabajo es invisible, pero de repente, aparece en el área, marca un gol para calmar la ansiedad de todo un país y vuelve a su trinchera como por arte de magia. Hace tiempo que se nos atragantaron las risas por los cuarenta millones que pagó el Barcelona por él.

La segunda parte fue una mala copia de la primera. Ya lo hemos visto antes, con el marcador a favor, Brasil maniata el partido. Le pone un pañuelo empapado con cloroformo en la boca. No es que lo duerma, es que mira que es complicado que, jugando Brasil, el partido se vuelva aburrido, pero esa es la realidad de la Canarinha hoy en día. Con lo que no cuentan los brasileños es con el poco respeto que ya le tiene cualquier rival, se llame Alemania o se llame Serbia. Con lo que no cuentan los rivales, es con el peso de cinco estrellas en el pecho. Pesan. Y mucho. 

La moneda no estuvo de parte de Alemania, pero a Brasil le cayó cara. A pesar de pecar a veces de ser rácana (precisamente lo que ha castigado a los alemanes en esta Copa del Mundo), el segundo gol sirvió para que Thiago y Neymar (que parecen padre e hijo) hiciesen las paces ante los ojos del mundo. Este equipo se vuelve peligroso según pasan los días, y la sensación es que Neymar seguirá creciendo según madure el torneo y lleguen las horas decisivas. El peligro es inminente. Con la tranquilidad de la misión cumplida, Brasil se dedicó a pasear por la playa y a mirar al cielo en busca de su arcoíris. Lo que ocurriese en el césped les importaba poco. Hay pocos países que sepan divertirse tanto bajo cualquier circunstancia. Qué envidia. Su vida es un carnaval.

 

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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