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Pep Guardiola y Mauricio Pochettino, dos técnicos que han revolucionado la Premier. Cordon Press

Fútbol

El anti-Brexit de la Premier

Inglaterra también tuvo que recurrir al talento extranjero para elevar su fútbol. Los resultados han llegado en esta Champions, ahora que el Brexit está a punto de ejecutarse. ¿Será la Orejona el mejor salvoconducto?

Es un Brexit a la inversa. Ahora que los políticos buscan atajos para salirse de Europa, los equipos ingleses anhelan conquistarla. Con su fútbol y su dinero. Y con la evolución en el juego que aportan un puñado de entrenadores extranjeros. Han sido ellos los encargados de dar una pátina de modernidad y variantes a un fútbol que languidecía cada vez que cruzaba el Canal de la Mancha. El mejor producto y el mayor espectáculo no encontraba los resortes necesarios para extender su dominio al Viejo Continente. Demasiado preocupados con lo que pasaba dentro de las islas como para comprender lo que sucedía fuera terminaron perdiendo el tren de Europa. Una década después y tras varias inversiones multimillonarias la Premier League domina los cuartos de final de la Champions, también los de la Europa League. El Big-6 está de vuelta.

 


Emigrantes para los banquillos


No es casualidad lo que encontramos si reparamos en los banquillos. Un español, un argentino, un alemán y un noruego son los cuatro inquilinos de los representantes ingleses de la Champions. De ellos solo Solskjaer, el último en llegar, conocía de primera mano el fútbol inglés al haber desarrollado en él gran parte de su carrera. La ecuación se completa con los representantes en la Europa League donde encontramos otro español y un italiano. Hace tiempo que los técnicos británicos quedaron anquilosados, al menos en la élite europea y su libreto apenas ha tomado apuntes de las influencias y renovaciones tácticas que florecían en el Continente. Hay que retroceder hasta Sir Alex Ferguson, leyenda del banquillo de Old Trafford, para encontrar al último caballero del imperio que dominó Europa.

Después de inmensas cantidades de dinero gastadas en fichajes de todo tipo y de acumular fracasos en forma de eliminaciones europeas los propietarios de los clubes miraron al banquillo para poner sus proyectos en manos contrastadas. Los mejores técnicos empezaron a llegar a la Premier para aportar no solo el salto de calidad necesario en el juego, sino también un estilo y unas variantes particulares que enriquecieron la competencia y la competitividad de todos. A estas alturas ya se puede asegurar que la llegada de Pochettino, Guardiola o Klopp ensanchó la mentalidad del fútbol británico. Ese camino abierto por ellos ha resultado fundamental para la llegada de otros como Unai Emery, Maurizio Sarri, Nuno (Wolwerhampton) o Javi Gracia (Watford), por citar solo a los ocho primeros clasificados de la Premier.

 


Lo que cuesta una Champions


Porque ahora que cuatro equipos ingleses vuelven a aparecer con fuerza en los cuartos de final de la Champions League es buen momento para recordar que ese dominio no solo ha llegado desde su manifiesta superioridad económica, por más que la libra esterlina siga palideciendo ante el euro. Lo cierto es que la televisión lleva insuflando aire y dinero a chorros a los clubes desde hace tres lustros. En 2004 los derechos de televisión de la Premier se vendieron por 1.000 millones de libras. Desde entonces el precio se ha multiplicado por cinco, sin embargo, a las vitrinas británicas solo han llegado tres Copas de Europa (Liverpool 2005, Manchester 2008 y Chelsea 2012), mientras que el crecimiento económico no se ha detenido. De hecho, para el trienio (2016-2019) esos mismos derechos se vendieron por un valor de 5.800 millones de euros, convirtiéndose en la principal fuente de ingresos de los clubes. Para entender el contexto donde nos movemos, un apunte: La Liga vendió los derechos de retransmisión del trienio 2019-2022 por un valor de 3.421 millones de euros, un 15% más que lo recaudado por las tres temporadas anteriores.

Ese flujo de dinero ha provocado una carrera desenfrenada en la Premier por alicatar sus plantillas de talento y figuras con las que competir y hacer frente al duopolio Messi-Cristiano que han tiranizado la Champions en los últimos cinco años. Solo esta temporada los cuatro cuartofinalistas británicos se han gastado 342 millones de euros. A esa suma no ha aportado ni un solo céntimo el Tottenham de Pochettino, que enfrascado en la construcción de su nuevo estadio no invirtió nada en las dos últimas ventanas de fichajes. Las cifras son aún más escalofriantes si miramos cinco años atrás. En el último lustro el City de Guardiola ha invertido 904,69 millones de euros y el United que intentará derrocar al Barça de Leo Messi, 817,45 millones; el Liverpool de Klopp, 706,96 millones.

Más sangrantes aún resultan las cifras del Chelsea que se cuela segundo en esta clasificación con 831,60 millones de euros pese a estar jugando la Europa League, y lejos, muy lejos de la cabeza en la Premier (5º, a 17 puntos). Por otro lado, la austeridad de Daniel Levi, propietario de los Spurs viene de lejos. Su Tottenham es décimo en la clasificación del derroche con 324,57 millones de euros invertidos en el último lustro, mientras que sus vecinos del norte de Londres se cuelan en la quinta posición. El Arsenal de Emery ha gastado 492,83 millones en este tiempo.

 


Una década después


En total, algo más de 4.000 millones de euros le ha costado a la Premier volver a sacar a flote a su particular Armada Invencible. Convertidos en transatlánticos gracias al mercado global en el que venden su producto han vuelto a reverdecer viejos laureles. Una década después vuelven a ser el epicentro futbolístico del Viejo Continente. En 2008-2009 la Champions League también hablaba inglés. Entonces el conocido como Big Four copaba los cuartos de final del torneo más prestigioso del mundo. El Manchester United de Ferguson y Cristiano Ronaldo dominaba con puño de hierro la Premier League y acudía a las eliminatorias por la Orejona como vigente campeón. El Chelsea de Guus Hiddink venía de perder la final de Moscú ante el United con la Champions como única obsesión, mientras que el Liverpool de Benítez hacía buena la leyenda de las noches europeas de Anfield. Por su parte el Arsenal de Wenger perseguía un imposible, ya sin Henry, ser el primer club de Londres en ganar una Champions.

En aquella ocasión el duelo fraticida entre ingleses lo jugaron Chelsea y Liverpool, y la fortuna sonrió a los londinenses. En una vibrante eliminatoria cargada de goles y ocasiones marradas todo se decidió en los últimos minutos del partido de vuelta, cuando Lampard hacía el 4-4 definitivo en Stamford Brigde. La machada la habían realizado dos semanas antes cuando los blues se impusieron 2-3 al Liverpool.

Diez años después serán el City y el Tottenham los que revivan sus duelos domésticos bajo los focos europeos. El duelo será también un enfrentamiento entre dos modelos de club casi antagónicos. No solo en el estilo y la propuesta de juego de cada uno, sino también en la concepción y planificación de las plantillas. El más derrochador frente al más austero. No se descarta en ningún caso que pueda repetirse la catarata de goles de hace 10 años, pólvora, motivación y recursos no van a faltar ni en Manchester ni en Londres.

Con el Liverpool como claro favorito en su eliminatoria frente al Oporto y el United aceptando de buen grado el rol de tapado en su duelo ante el Barça, la Premier League y los aficionados británicos se frotan las manos. Siete años después del sorpasso del Chelsea, y tras mirarla de cerca en Kiev, empiezan a creer  que la Champions puede arribar a las islas. Ningún otro país cuenta con más y mejor representación que los ingleses a estas alturas. Tampoco mayor inversión. El buen momento de forma del City y el empuje del Liverpool de Klopp son los principales avales del fútbol británico, aunque precisamente el duelo encarnizado que mantienen ambos por la Premier puede terminar descabalgándolos de la carrera europea. Más rezagados aparecen Tottenham y United en las casas de apuestas para levantar la Orejona. Un título que de alguna manera reconciliaría a Inglaterra con el Viejo Continente. Y es que el fútbol, reflejo de la sociedad y de su tiempo, ha demostrado en infinidad de ocasiones que es más eficaz tirar una pared que jugártela en un uno contra todos.

 

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