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La Brigada Niblick, antes de alistarse para ir a la I Guerra Mundial, en Trafalgar Square. Fuente: antiquegolfscotland.com

Golf

La brigada Niblick, del campo de golf al de batalla

26 golfistas profesionales conformaron la Brigada Niblick, que peleó en la I Guerra Mundial, de la que se cumple, en este 2018, cien años de su finalización

Albert Tingey es su primer gran protagonista. A este inglés, uno de los fundadores de la Asociación de Golfistas Profesionales en Reino Unido (British PGA), el comienzo de la guerra le pilló en Fontainebleau, a unos 50 km de París. Esta ciudad también tuvo importantes episodios históricos, uno en concreto que toca a España. Y es que allí se firmó, en 1807, el tratado que permitía pasar a las tropas napoleónicas por nuestro país para atacar Portugal, lo que se tradujo en una invasión y en el posterior comienzo de la Guerra de la Independencia. Con muchos problemas, Tingey consiguió llegar a Inglaterra y empezó a organizar “la resistencia” del mundo del golf frente a las potencias centrales, encabezadas por Alemania y el imperio austro-húngaro. A esta labor le ayudaron su compatriota Charles Mayo, vencedor del Abierto de Bélgica en 1911, y el escocés George Duncan, que ganaría el British Open en 1920.

En septiembre de 1914, poco más de un mes después del estallido del conflicto, tuvo lugar la reunión clave. Londres fue el lugar de creación de la Brigada Niblick, en concreto un restaurante italiano —Italia en ese momento era parte de las potencias centrales, la llamada Triple Alianza, si bien luego se cambiaría al bando en el que estaba Inglaterra—. La elección del nombre tenía su razón de ser. Y es que ésa era la denominación antigua de un palo que correspondería a un hierro 9 actual, usado para distancias cortas (entre 120 y 140 metros para profesionales).

Así, de aquella comida salieron 26 golfistas solteros —era una condición indispensable, como también que no tuviesen hijos— que fueron a fotografiarse a Trafalgar Square junto a la Columna de Nelson (otra vez historia y otra vez España) antes de ir a apuntarse a una oficina de reclutamiento. Entre ellos estaba James, el mayor de los Bradbeer, con otros tres hermanos golfistas y el fabricante de palos Harry Foulford, inventor del hierro Sammy. Esa misma tarde, cuenta la famosa The British Legion, los miembros de la brigada Niblick fueron enviados a Winchester y encuadrados en el decimotercer batallón de la Rifle Brigade. Aquí coincidieron con más deportistas, en concreto con un grupo de futbolistas semiprofesionales y con Arnold Jackson, oro olímpico en 1.500 metros solo dos años antes.

La Brigada Niblick comenzó haciendo la guerra en Armentiéres, al norte de Francia, durante el verano de 1915. Tingey iba contando sus andanzas y las de sus compañeros en unas crónicas que eran publicadas por la prensa de la época. Tirando de ironía y de humor negro, como un método de supervivencia quizá, el inglés menciona como el incidente “más serio” la no llegada una vez de la ración de ron que les correspondía. En el tiempo libre los golfistas que en ese momento estaban más lejos del frente echaban concursos de lanzamientos más largos, a los que asistían los oficiales esperando recibir el consejo de los profesionales. El último episodio amable a reseñar —pensando en que estábamos en tiempos de guerra— es que las revistas especializadas pidieron a sus lectores que enviasen al frente pelotas de golf, ya que éstas escaseaban y su precio se había triplicado con respecto al inicio de la I Guerra Mundial.

La batalla de Somme, sin embargo, incrementó el nivel de crueldad y el contacto de la Brigada Niblick con la barbarie.

 


Los horrores de la Guerra que también vivieron los golfistas


Los Niblicks tuvieron su primer gran susto a principio de 1916, cuando Herbert Line sufrió un disparo en la cara, pero sobrevivió. En julio, la brigada se unió a la 34º división en la población de Contalmaison, también en el norte de Francia. En esta lucha, el decimotercer batallón de la Rifle Brigade contabilizó cuatrocientas bajas. Ninguna de ellas, sin embargo, fue de golfistas profesionales, aunque sí resultaron heridos los sargento-deportistas Jimmy Scarth y Fred Jolly.

Las malas noticias continuaron después. Harry Towlson, Alfred Seward y Claud Matey, en diferentes sitios, pero siempre en Somme, también fueron heridos, dejando la cifra de golfistas de élite que tuvieron que abandonar la guerra en cinco. Corrió peor suerte el profesor de golf William Eastland, que murió en la última ofensiva de la Triple Entente en esta batalla. Ésta fue la más sangrienta de la Gran Guerra, con más de un millón de muertos entre los dos bandos (británicos y franceses contra alemanes) y es, junto a la de Verdún, el enfrentamiento más paradigmático del conflicto que asoló Europa a principios del siglo XX. La guerra, como es sabido, fue ganada por los aliados y contó con la Brigada Niblick hasta el final. En el caso de Tingley, regresaría a Inglaterra, donde tuvo un hijo llamado como él y que también fue jugador del golf profesional.

 


Más allá de la Brigada Niblick: la investigación de la PGA y Tommy Armour


“A menudo nos preguntábamos cuantos golfistas de la PGA habían muerto durante la guerra, pero no teníamos ni idea”, decía aquí hace poco más de un mes Phil Weaver, antiguo presidente de la asociación y actual responsable de patrimonio. Si la Brigada Niblick está situada y hay documentación sobre ella, lo que la PGA trata de averiguar es quiénes, obligados o de manera voluntaria, fueron al frente por su cuenta y sin que quedase constancia de que era jugador, caddie, cuidador de campos de golf (greenkeeper) o fabricante/reparador de material (clubmaker). Las cifras que le salen por ahora son de 103 fallecidos, aunque “algunos clubes dicen ‘nunca hemos oído hablar de este tipo’ y luego, cuando les explicas la historia, se quedan asombrados”, continúa Weaver, por lo que la investigación, parece, está lejos de concluir.

Armour

El caso que sí está documentado es el de Tommy Armour, conocido como el “escocés de plata”. A consecuencia de una explosión de gas mostaza, Armour perdió la visión del ojo derecho —aunque luego la recuperaría— y le tuvieron que insertar dos prótesis en la cabeza y en el brazo izquierdo. Todo esto no le impidió ganar el US Open en 1927, el PGA Championship en 1930 y el Open Championship un año después.

Las cosas, por supuesto, han cambiado mucho en un siglo. No hay ninguna guerra, solo una competición deportiva y los bandos son diferentes: Europa, ahora, lucha unida. Si París valió una misa y Versalles un tratado de paz, el campo de Le Golf National merece una Ryder. Y el Viejo Continente, si nada se tuerce, va camino de hacer historia.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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